20 noviembre 2005

Don Chico que vuela -Eraclio Zepeda

Con eso de que fui a Letras del Mundo en Reynosa, pues tuve la oportunidad de conocer a este señor, que leyó este cuento. Y como comentario personalisimo diré que fuera de todos los escritores que he conocido, y que de algún modo me hacen a un lado por que no llego a sus "alturas" este señor se me hizo muy amable y accesible, fuera de todos los demás que leyeron. Aparte esto me ha servido para descubrir un poco más el cuento mexicano. Ya sin mas preambulos el cuento de hoy es:

DON CHICO QUE VUELA

Un cuento de Eraclio Zepeda


Te paras al borde del abismo y ves al pueblo vecino, enfrente, en el cerro que se empina ente tus ojos, subiendo entre nubes bajas y neblinas altas: adivinas los ires y venires de su gente, sus oficios, sus destinos. Sabes que en la línea recta está muy cerca. Si caminaras al aire, en un puente de hamaca, suspendido entre los cerros, podrías llegar como el pensamiento, en un instante.
Y sin embargo el camino real, el camino verdadero, te desploma hasta los pies del cerro, bajando por vericuetos difíciles, entre barrancas y cascadas, entre piedras y caídas, hasta llegar al fondo de la quebrada donde corre espumeando el gran caudal del río que debes cruzar a fuerza, para iniciar el asenso metro tras metro. Muchas horas después llegas cansado, lleno de sudor y lodo y volteas la cabeza para ver tu propio pueblo a distancia, como antes viste la plaza en la que estás ahora.
Ahí es donde le das la razón a don Pacífico Muñoz, don Chico, quien no soporta estas distancias que tú has caminado y dice que ir a pie es inútil y a caballo tontería, que para estas tierras volar es indispensable.
Hace años que le escuchaste los primeros proyectos de vuelo y contravuelo. Fue cuando sentado, como tú ahora, al borde del abismo viendo al otro pueblo, dijo dándose un manotazo en las rodillas.
- Si no es tanto lo encogido de estas tierras sino lo arrugado. Montañas y montañas acrecentando las distancias. Si a este estado lo plancharan le ganábamos a Chihuahua . . . ¡Y ya vuelto llano a caminar más rápido! Pero así como estamos, sólo vueltos pájaros para volar quisiéramos.
Y así fue como la locura del vuelo se le fue colocando entre oreja y oreja a don Chico, como un sombrero de ensueño.
Volar fue la única pasión que le impulsaba en el día, a otro día, a otro mes, para seguir viviendo un año y otro año más. Si no fuera por el ansia del vuelo habría muerto de tristeza desde hace mucho tiempo, como tú me comentaste el otro día.
Don Chico subía, tú lo viste muchas veces, al cerro más alto para contemplar las distantes montañas azules y perdidas entre el vaho que viene de la selva. Allí sentado en la piedra donde escribió su nombre, tú escuchaste muchas veces a don Chico:
- La tierra desde el aire está al alcance de la mano. Los caminos son más fáciles al vuelo. Qué cerca están los mercados y las plazas a ojo de pájaro. Los valles y los ríos y las cañadas y cañones, los campos sembrados, los ganados en potreros lejanos, las ciudades nuevas y las viejas construcciones perdidas en la selva y al fondo el mar.
Don Chico inventaba una prodigiosa geografía expuesta a los ojos en vuelo, ávidos ojos tratando de reconocer ranchos y rancherías, vados y ríos, caminos, pueblos, lagos y montañas vistas desde arriba, desde el sueño, desde el aire de un sueño.
Don Chico regresa al pueblo, con la boca seca, abrasada por la fiebre de la aventura que le espesa la lengua, le ves llegar a la plaza y tomar de la fuente agua con las manos, enjuagarse, refrescarse la cara y declarar muy serio:
- Señoras y señores, voy a volar . . .
Recordarás como todos subimos y bajamos la cabeza para decirle que sí, que como no, que claro don Chico que vuela, y por dentro sentiste la risa alborotando el pecho y la barriga y tú aguantándote.
Don Chico entró a su casa, cogió una gallina, la pesó minuciosamente, anotó la lectura de la báscula, midió la distancia que va de punta a punta de las alas, anotó eso también, acarició a la gallina y la regresó al corral.
Inventó un complicado cálculo para conocer la secreta relación existente entre el peso del animal y el tamaño de las alas que permite vencer la gravedad y levantar el vuelo.
Don Chico dudó un instante si era adecuado tomar una gallina para tal experimento. Una paloma de vuelo largo habría sido mejor. Pero en su corral no había palomas.
Habiendo encontrado al fórmula que explica la relación entre el peso de la gallina y el tamaño de sus alas, se pesó él mismo, anotó la lectura y, aplicando la fórmula descubierta, calculó el tamaño de las alas que habría de construirse para poder volar. Apuntó la cifra en su libreta, se frotó las manos y se fue al parque.
El problema era ahora el diseño de las alas. Pensó que el mejor material era el carrizo, ligero y fuerte. Se detuvo un momento para dibujar con un palito sobre la tierra el esquema de su estructura. Satisfecho lo borró con el pie izquierdo y grabado en la memoria lo llevó a su casa.
Para recubrir la estructura nada mejor que el tejido del petate, la dúctil alfombra de palma.
Una vez que hubo construido las alas, descubrió molesto que eran pesadas para sus fuerzas. Recordó la relación entre las alas y el peso de la gallina y no se atrevió a modificarla.
Se suscribió a una revista sueca donde aparecían lecciones de gimnasia y dedicó algunos años a esta dura disciplina. Satisfecho sintió cómo aumentaban sus bíceps, crecían sus tríceps, se endurecían sus músculos abdominales, se marcaban nítidamente los dorsales y una potencia sentía nacer don Chico desde el centro de su cuerpo.
En el año sexto de su experimento movía con destreza las alas. Con sus brazos aleteaba movimientos llenos de gracia, en un simulacro de vuelo, no de gallina torpe sino de agilísima paloma.
En el pueblo había un orgullo compartido. Don Chico prometió volar antes de las fiestas patrias y se le invitaba a los patios a simular el arte complejo del vuelo. Acudía siempre hasta que descubrió que tales convivios no eran nacidos de la admiración a su técnica sino tan sólo el interés de producir ventarrones en el patio que barrieran de hojas y basura todo el poso.
Unos días antes de las fiestas patrias alguien levantó la cabeza. No se sabe si fue Ramón o Martín o Jesús el primero que lo vio. Lo que sí se sabe que al instante todo el pueblo levantó la cabeza y vimos a don Chico Arriba del campanario con las alas puestas, iniciando cauteloso el aleteo que habría de conducirlo a la gloria. Detenía a veces el movimiento. Se mojaba con saliva el dedo y comprobaba la dirección del viento, abría de par en par las alas y descansaba la cabeza sobre el hombro, semejante a nuestro viejo escudo nacional. De pronto reinició el aleteo, arresortó la pierna derecha contra el muro del campanario para tomar impulso, apuntó el pie izquierdo hacia El porvenir, que tal era el nombre de la cantina que está enfrente de la iglesia y se dispuso a iniciar la epopeya. Alguien le preguntó tocándole la punta del ala izquierda:
- ¿Va usted a volar, don Chico?
- Seguro, respondió.
- ¿Y . . . llegará lejos, don Chico?
- Lejísimo.
- ¿Y de altura, don Chico?
- Altísimo.
- ¿Al cielo llegará, don Chico?
- Al cielo mismo.
La cara de aquel que preguntaba se iluminó:
- Por vida suya, don Chico, llévele al cielo éste queso a mi mamá que se murió con el antojo.
Don Chico aceptó con ligereza el queso, buscando deshacerse del impertinente sin considerar el error que habría cometido. No se sabe si fue Ramón o Martín o Jesús, el primero que hizo el encargo al otro mundo. Lo que sí se sabe es que al instante todo el pueblo subió al campanario y don Chico siguió aceptando quesos y chorizos, dulces y aguardiente, tostadas y jamones para llevar al cielo.
Cuando don Chico resorteó la pierna derecha, siguiendo la dirección al porvenir, abrió el espectáculo grandioso de sus alas. El pueblo escuchó el estruendo de carrizos rompiéndose y petates rasgándose en el aire y quesos rodando por la calle.
Cuando el silencio volvió, alguien dijo: - Lo mató el sobrepeso. Si no fuera por los encarguitos, don Chico vuela.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

oieme herzeleid que nombre tan RaRo0 k signifiik

Anónimo dijo...

m gusta muxo leer a don eraclio zepeda no se porque peo su intncion estetica y comunicativa estam bien alineadas

Ciudadana Herzeleid dijo...

Anónimo de las 5:24 Dolor de corazón, busca en google y entenderás =)

Anónimo de las 5:36 Eraclio Zepeda es una persona muy sencilla, y esa misma sencillez se demuestra en sus textos, yo no lo llamaría intuición estética, simplemente lo llamo un traductor del lenguaje cotidiano =)

Zuitok dijo...

"Si no fuera por los encarguitos." El anhelo de volar de Don Chico arrebatado por el anhelo de los demás pueblerinos.

ciudadanaherze dijo...

Sí, hombre, pero hay que considerar a Don Chico cómo una persona de buena fé. Ni modo con lo que le pasó =P

Nix_ariel dijo...

Oiiegan porfaas necesiito saver  sobre la leyenda de don chico ke buela la diferencia ke ai entre la leyenda del primer icaro kon la de don chico ke buela  explikar xke la leyenda de don chiko ke vuela es una version mexicana

Ciudadana Herzeleid dijo...

Usa los libros de tu biblioteca pública y local, pregunta por libros de leyendas griegas en donde venga el vuelo de Ícaro. Lo que hace Eraclio Zepeda es tomarlo como una referencia y hacerlo jocoso.

rodolfo ramirez dijo...

eraclio tiene una narrativa imprecionante , amo este cuento y felicidades a quienes si promueven la cultura por medio de la narración escrita y que mejor en estas redes de comunicaciion que de verdad facilitan la vida como nada ggg...

Ciudadana Herzeleid dijo...

Así es, por algo lo puse n_n

flopy dijo...

esta muuy bueno para la ficha qe tengo qe acer :)

Ciudadana Herzeleid dijo...

Adelante, para eso está :)

magali dijo...

Estees el que tengo en la escuela jajaja de: Magali

magali y emanuel dijo...

este es el mejor cuente ensima es el cuento que yo tengo en la escuela♥♥♥♥♥

Enrique Roman Lara dijo...

Eraclio zepeda ni me cuenta cuentos ni me recita poemas me los platica es tan rico y agradable leerlo pero lo es mas escucharlo