01 marzo 2006

Suicidio II

Fuente de primera mano.

"Cambié de ciudad, cambié de casa y cambié de calle, cambié de amigos. Eramos cinco niñas que molestabamos a los niños, mientras las demás andaban en bicicleta yo anduve patinando, cuando tenía los patines las demás andaban a pie. A dos de ellas, quienes eran hermanas, las encerraban en su casa con candado cuando sus padres salían fuera. Diariamente las veía y usabamos la cochera para ponernos a bailar o a jugar con tazas de plástico rotas y muñecas mutiladas por nuestros enérgicos juegos. Cuando nos tocaba encontrarlas encerradas no nos deteníamos, jugabamos a través de la reja para pasar el rato, pero tanta era nuestra desesperación que fui yo quien se atrevió a cruzar una barda de cinco metros de alto subiéndo a través del árbol que estaba junto a su casa, llegar a la reja y bajar por ella era sencillo. Entonces mis amigas me siguieron y cruzaron la reja para llegar con Enriqueta y Gabriela, las hermanas encerradas. Sus padres llegaban hasta tarde, así que era suficiente para nosotras quedarnos un tiempo y salir por donde habíamos llegado. Así pasaron los meses entre juegos, rompecabezas, bailes, canciones y dos perros chihuahua (fue con esas hermanas que por primera vez conocí a esta odiosa y mimada raza de perros, ya que, despues de nosotras, esos perros eran sus únicos amigos). Fue en una ocasión como cualquiera cuando habíamos subido las tres por la reja, una de ellas gritaba "Tén cuidado, está haciéndo mucho viento" yo le respondía que nada pasaba y todo estaba bien, la otra seguía insistiendo en que no fuese tan segura de mi misma, yo le dije que tenía el equilibrio y nada podría pasarme. Recuerdo haberme quedado de pie en la reja, el sol estaba en su cenit y el cielo era azul, las hojas del árbol se sacudían fuertemente, al vaivén del viento, su sonido me hipnotizó y cerré los ojos para escuchar como crujían rítmicamente, entonces quise descansar y escuchar al mundo. Cerré los ojos y me aventé de espaldas a la oscuridad del árbol, dejando que me tragase su espesura de verde tiniebla. Vi destellos y rayos de luz, las hojas me rozaban con suaves rasguños y las ramas hicieron lo posible por agarrarme, más la gravedad se los impedía. Fue cómo si hubiera salido disparada de una cueva oscura cuando salí de las sombras del árbol y azoté en el suelo, estaba acostada de espaldas, un techo verde me saludaba, entonces me di cuenta de que había regresado a la tierra y vino el dolor. Lloré como la niña que era, tenía un arañazo que recorría media espalda, me pusieron mertiolate para desinfectarme, fuera de esa herida no había otra evidencia de que me hubiera hecho daño. Mamá me regañó por ser tan descuidada y que nunca lo volviera a hacer. Otros meses más tarde volví a cambiar de casa, de calle y de amigos. Cada quién siguió su rumbo y nunca más las volví a ver. Ahora he olvidado el nombre de algunas de las amigas que fueron testigos de lo que me sucedió. Seguramente no recuerdan nada."

2 comentarios:

Anna M dijo...

Esya chido el relato. ¿De casualidad no has leido "The Virgin Suicides"? Es que el principio de tu relato, de alguna forma, me recordó al libro y también a la pelicula...que por cierto esta hermosa (maldita Sofia Coppola...como la odio por hacer ese tipo de peliculas tan bellas).

Si puedes lee el libro y si no, ve la peli ...y si ya hiciste alguna de estas dos cosas ¡CHIDO!

Saludos

:)

Ciudadana Herzeleid dijo...

Ya vi la pélicula de "Virgenes Suicidas" y está con ganas, no sabía que era adaptación de un libro. No creí llegarle a eso del libro, jeje =P.