04 marzo 2006

Suicidio IV

Fue en uno de mis primeros encuentros con el internet en casa de una tía.

Me metí a la sala de gótico, lleno de usuarios cuyos nombres eran variaciones de la raíz "oscuridad" escrito en inglés. También venían incluidos otros nombres más obvios como "Dark Tranquility", "Dez Fafara", "RENEEEFILTH", "Stölzes herz" y "Robert Smith", uno de esos usuarios que quizás se haya perdido de sala abrió otra e invitó a que varios fuesemos, la sala para personas con problemas psicológicos. Fui para ver que tan cierto era ese tema con el que habían abierto esa sala, la mayoría eran bromistas, yo les dije que tenía ganas de suicidarme con una navaja y cortarme las venas, les aclaré que no estaba bromeando, muchos "JAJAJAJAJAJA" llenaron la pantalla de la computadora. Insistí en que iba a hacerlo, los insulté porque yo pensaba que si era una seria dispuesta a ayudar. Me levanté del asiento y fui al baño, ahi estaba el cutter que mi tía tenía para hacer sus manualidades. Era tan sencillo, nada más había que enterrar la navaja en la piel y verla sangrar ¿no es así? La enterré, logré que me doliese ¿no era eso lo que deseaba de una vez? ¿acabar con el dolor? Pero no sangraba, el cutter no tenía filo suficiente para cortar mi piel reseca. Entonces subí al techo del segundo piso silenciosamente y vi a la calle, vacía por la ausencia de un atardecer laborable, un atardecer morado que me abrigaba. Vi un coche viejo de color rojo, un Pinto que le pertenecía a mi mamá y que ahora era chatarra del camino. Me visualicé en la capota del auto, envuelta en mi manto de acero pintado de rojo, descansando como la joven suicidada del Empire State en la foto de Robert C. Wiles, solo caer. Ahi me quedé alrededor de media hora esperando a que mi tía o alguien me detuviese, pero fui yo quien cobardemente lo hizo. Cuando bajé del techo y regresé a la computadora los usuarios estaban preguntando que había ocurrido conmigo, les dije que me quedé en el techo y solo vi el paisaje. A ellos no les interesaba si del otro lado estaba llorando en silencio.

1 comentario:

îąĐîą dijo...

El suicida ama la vida; lo único que pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece. Arthur Schopenhauer (Alemania, 1788-1860).