16 mayo 2008

Crónica de Impromuzak en el CEDART de Monterrey

Al asistir el martes trece de mayo al auditorio de su escuela los alumnos del CEDART no sé imaginaron un concierto de tal calidad. El escenario consistía de una tarima gris rodeada con cortinas negras que ocultan a los actores que se preparan a dar el espectáculo.

Impromuzak hacía entrada con Juan Castañón en la guitarra, Sadot Sosa en el contrabajo y Francisco Sosa en la batería. Sin introducción alguna la guitarra roja sacó las notas de “Four Winds”, composición original de Dave Holland. Con el hard bop que recuerda a las películas negras, el contrabajo comienza el soleo. La batería remata y hace eco por las butacas y las paredes debido a lo reducido del lugar. Entre adolescentes que solo vinieron por el compromiso de despedir a una maestra que está a punto de jubilarse y profesores de arte que salieron de la rutina, nadie entre ellos sabe que esperar, algunos hacen comentarios a voz baja y otros ponen su mano en el mentón y escuchan analíticos.

El grupo por su parte no pone atención a la audiencia como otros grupos suelen hacerlo, se adentran en la música improvisada, en cada una de las notas que les deje algo en ellos. Al contrario de ser una explosión que desgarra, se trata más de una implosión en la que todo se va juntando y parece baja, y cuando menos lo esperas se ha credo un impacto que empieza desde adentro de cada individuo.
Al terminar la canción Juan Castañón hace una breve presentación no sin antes volver a felicitar a la maestra que se jubiló pues es para ella quién se organiza todo el evento.

“T.V” es la siguiente pieza. Con un inicio monótono, notas pausadas en el contrabajo dan la sensación de la rutina, la ausencia de impacto en la batería y el jugueteo en la guitarra dan una reminiscencia de la Pantera Rosa o alguna película detectivesca. Nadie pestañea. La batería saca colores y diferentes ritmos, sus acompañantes procuran rasgar las cuerdas y acelerar, es como si la construcción de una carretera o un edificio que se erige en una superficie. No obstante pese a querer alejarse, la monotonía del principio es inevitable hasta llegar al silencio.

“Jarabe palito” entra jugando y es como el malabar de un payaso que anda en monociclo o un circo andante y colorido. Algunas alumnas cantan el jarabe y lo juegan como la naranja dulce y el limón partido. Se escuchan aplausos y loas de los asistentes cuando el jarabe termina, pero es solo un engaño hecho por la propia banda, el público sonríe apenado por el acontecimiento. A Impromuzak no le preocupa esto, vuelven al principio pero ahora es su reinterpretación que los lleva a una vorágine de notas inesperadas e incomprensibles. Algunos en el caos musical tienen la pregunta en la cara: “¿Qué es esto?”,” ¿De qué se trata?”, “No mames”. Entre el grupo caen a un ritmo de corrido, dos muchachos bailan en sus asientos, otros agitan la cabeza. La conexión fue hecha por la misma música, tanto entre los músicos como entre la muchachada que los miran. Tal parece como si no pudieran regresar a las notas originales y se perdiesen en la propia improvisación, la canción se sostiene y logra regresar a su punto original. La muchachas vuelven a jugar y hay más cantos del “jarabe…”.

Un aplauso atronador suena, entre los aplausos se escuchan exclamaciones “¡¡OTRA, OTRA, OTRA!!”. El contrabajo comienza, nadie recuerda bien el titulo, pero “Iqbal” es la canción pedida por todos, y es a las mismas alumnas a las que parece llegarle más. Al ritmo del contrabajo ellas hacen la mímica de estar peleando como en un videojuego, un punketo sacude la cabeza como si se tratase de una canción metalera. A diferencia de “Jarabe…” que tenía pistas falsas, en esta nos embarcamos gradualmente a la locura de los mismos músicos. Juan Castañón hace las veces en la guitarra del saxofón que suele ser interpretado por Bruno Angeloni, compositor de la canción, contiene mucho de lo que ha vivido, ha viajado y escuchado. Iqbal era un niño huelguista que se enfrentó hasta la muerte contra la Nike, pocos saben del dato, aunque no es algo relevante para la canción misma pues habla por su propia cuenta.
Mientras los demás observan y contienen las emociones de gritar o aplaudir por la emoción, la banda continúa hasta terminarla. Nuevamente otro aplauso atronador suena, pero ahora crea olas entre el público, como si se tratase de un partido de futbol.

Al ser música improvisada el escucha puede opinar lo que quiera y cualquier opinión es válida. Impromuzak es de ese tipo de grupo al que comprendes o rechazas, pero jamás te dejará indiferente.

En un apartado a lo anterior, seguramente usted, querido internauta se preguntará ¿Y quien diablos es Impromuzak? Aquí pueden checar uno de sus videos en el youtube y en google podrá encontrás más resultados respecto a la agrupación.