03 septiembre 2008

Me encantan las bibliotecas pero me cagan los bibliotecarios

Quiero asumir que al menos uno de nosotros ha pisado una biblioteca alguna vez en su vida. A aquellos que gustan de esta experiencia saben lo que hacen en estos templos del saber, sirven para leer, meditar, conocer, explicarse las cosas, y hasta para curarse la cruda como lo ha mencionado Bukowski.

Pero pese a esto tenemos al monstruo de la laguna, a la piedra en el zapato… a la molestia andante guardiana de este conocimiento: el bibliotecario o la bibliotecaria que con su mirada nos observa inquisidor, vigilante de no hacer ruido alguno. No he conocido a un solo bibliotecario que sea sociable o haga sociable el acto de la lectura.

Bien es cierto que la lectura es individual y cada quien va a hacer un viaje interior, ya sea al adentrarse en las mitocondrias de una célula, al enfrentar al krakken en una odisea o a vestirse con turbantes y capa de terciopelo y enfrentar ballenas del tamaño de islas, sin embargo es esta misma experiencia la que se puede platicar entre los amigos, podría empezar con una plática como “oye, güey, mira que me leí un libro bien chingón, acá con batallas bien gore en donde se mueren todos al final, toda una masacre” y la persona en cuestión bien podría hablar de una obra de Shakespeare o el guión de cine hecho libro de La masacre de Texas, de este tipo de libros se pueden encontrar, por este aspecto, la biblioteca es una compañera inolvidable.

Digamos que los dos amigos en cuestión van a la biblioteca y están leyendo al mismo tiempo el libro, saben que van a gritar y a decir alguna expresión entre signos de admiración que diga “¡No mames!¡Atravesado con una lanza y con las tripas de fuera!¡la sangre le chorreaba, jaaaaaa!” y es entonces cuando se acerca el imbécil de quien les hablé anteriormente, el bibliotecario al cual nunca escucharás hablar y solo se dedicará a decir “shhhhhh” cuando te expreses de tal forma.
Sé que tampoco voy a llevarme una grabadora y hacer baile y faramalla en la biblioteca, sino perderían su solemnidad y el lugar silencioso que son, pero el hecho es que cuando vamos y leemos algo por gusto a la biblioteca, el bibliotecario es el primero en desanimarnos, ya sea porque solo se limita a callarnos, o porque no soporta que varias personas que expresan animosamente la opinión de los libros que leen y por lo tanto siente que le están invadiendo su espacio privado.

Fuera de una excepción en Reynosa que siempre estaba dispuesta a ayudar y hasta recomendaba libros con una sonrisa, la mayoría de los bibliotecarios que me han tocado la primera vez que entro a una biblioteca me comen con la mirada. Siempre parece que amenazan por cada persona nueva y con esto creen que hay que comportarse de una forma grosera e indiferente.

Yo soy de las que se anima cuando veo que alguien lee algún libro que le recomendé por primera vez y de ahí se arranca para leer otro y así continua. De pequeña me ha dado esto y siempre he disfrutado cada libro que leo. Lo único que no disfruto son a los bibliotecarios que se acercan a callarme cada que me gana la risa cuando leo un libro que se preste para ello, o cada que hago una expresión por algo que me impresiona dentro del contenido matando así la parte humana del libro.

2 comentarios:

Starfire dijo...

Tienes razón, son tan molestos, yo no me puedo acercar a las bibliotecas por ellos

Starfire dijo...

Tienes razón, son tan molestos, yo no me puedo acercar a las bibliotecas por ellos