14 diciembre 2008

Los vampiros en mi vida

Tengo que aceptar que el internet es otro mundo, me alejé mucho tiempo de él debido a lo que cuesta tenerlo (ni siquiera las redes abiertas son buenas, ya que debes ocultarte James Bond y evitar que te confundan con un ladrón). Me he metido al Lively, versión genérica del Second life, a reirme de algunos imbéciles y a juntarme con otros, todo como un juego, lo malo es que hay algunos idiotas que creen que pueden encimarse o tocarte los pechos por el hecho de ser internet, a esos si les respondo como en un videojuego, a patadones en los tanates... risible. Entonces en mi ocio pasé a leer Eyes of jewels que es el comic de unas vampiresas, basado en el juego de rol Vampire, the masquerade y recuerdo que cuando era más chamaca (como a los catorce años) me metí en este juego, pero gracias a unos frikis (y en ese tiempo ni siquiera existía la definición de friki). Dijeron que creara mi personaje, y no dudé en llamarlo Herzeleid, la niña fatal cuya vida la había perdido en el abrazo de Max, un vampiro generación 10 del clan Toreador, por supuesto que nunca me junté con el jugador en persona ni llegué a verlo más que por foto debido a que el tipo en cuestión vivía en Argentina, y llegué a ser la compañera de sangre de Osvaldo Loco, un vampiro del clan Brujah, y la historia no dio para más. Hoy en día no sé que demonios pasó con el Maxi Argentino y Osvaldo sigue siendo compañero de internet, ese juego se olvidó.

Vampiro, la mascarada fue el juego que me obligó a escribir y a hacerme de personaje inexistentes, pues aunque no lo jugué directamente, me hizo creerme muchas cosas, en la secundaria me decían que ya estaba dañada de por sí. Y era verdad, en una edad tan impresionable en donde puedo decir que mis circunstancias históricas no me hacían distinguir entre realidad y ficción (Matrix salió en ese entonces). Pero recuerdo que lo interesante de esto era el tipo de organización, había para todos los gustos, no querías que el Sabbat matara humanos, te ibas a la camarilla, querías hacer una revolución cubana durante la noche, te ibas al clan Brujah; estabas a favor de la naturaleza y querías formar parte de ella, ahí estaban los Gangrel; querías ser un vampiro psicótico encerrado en un manicomio, ahí tienes a los Malkavian. Y así nos vamos, la información de todos los clanes está en internet, y ahora parece que no es suficiente ya que el juego que se crearon nuevos clanes para personas todavía más piradas, como Las Hijas de la Cacofonia o los Caitiff, que me parecen una banda de vampiros adolescentes rebeldes, es por lo mismo que el juego se ha refinado aún más y necesitan variedad.

La vampirita Herzeleid pasó a la historia, ahora es solo una extensión mía, la personalidad de internet, pero eso no dejó de lado el hecho de contar historias basados en lejanos compañeros de sangre, como trabajadores de maquila que matan a mujeres en algún lugar que parece Reynosa o Juárez, o un par de tipos que entran en el campo de los sueños y se dan a entender con las flores de sangre. De igual forma una niña que desarrolla sus capacidades vampíricas y no comprende por qué. Estos seres se siguen adentrando en mis pensamientos, eso sin dejar de lado su independencia como personas que existen en otra realidad. Nunca he mencionado mi gusto por ello, lo siento un placer culposo, pero ciertamente, me siento atraída por los vampiros, incluso si se han convertido en un estereotipo jocoso como el conde Tundácula de "Los chicos del barrio" o incluso uno más viejo como el Conde Contar de "Plaza Sésamo". Recuerdo que los primeros libros que me bebí fueron los de Anne Rice, y no hubo quien me detuviera desde entonces. Lo único que me aleja son los fantoches que se creen demasíado el papel, aquellos que cortan su piel y lamen su sangre (aunque confieso que hubo un tiempo en que yo hacía esto).

Supongo que ahora solo me he alejado de las prácticas autoflagelantes y me voy más a la imaginación. Lo único que no soporto hoy en día es el fanatismo a Stephanie Meyer. Sus libros estan bien si eres un adolescente, y con ella si confieso que nunca he comprado un libro de ella, los he bajado de internet y con ello es más facil encontrar más problemas de redacción, de tiempo y de repetición en los dialogos. En este aspecto siento que Anne Rice tiene más calidad literaria, por lo menos consulta fuentes y hace que los lugares parezcan reales. Gracias a querer imitarla y también a querer ser original fue que comencé a escribir, aunque desde antes, como a los siete años tenía un diario donde contaba cosas como estas con el lenguaje que tenía de niña. Supongo que solo toca seguir adelante y mostrar todo esto que tenía oculto, espero tener la eternidad para hacerlo.

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