13 mayo 2017

Identificarte con la posmodernidad

Y odiarla es una contradicción. Puedes haber leído todo Nietzsche, Platón, Pitágoras y Confucio (aunque sean contrastantes) y el decir que odias la posmodernidad porque no la entiendes es tan contrastante que inevitablemente te hace posmoderno ¿no te das cuenta que de eso se trata todo? Te quejas de que las voces plurales están teniendo expresiones y de que importan más los sentimientos que la razón, pero defiendes el sistema que creó todo eso al afirmar que ante una piel más blanca hay más orden, o ante un sistema positivista que pudo aplastar a otros es que se puede gobernar. Crees en reyes y monarquías y piensas que las revoluciones sólo se dieron porque sí. Tú que eres el que parece odiar las causas y consecuencias, pero no verificas que así ha sido a lo largo de la humanidad.

Tienes miedo de que todo lo anterior desaparezca, pero no te has puesto a buscar y cuidar el corazón de la historia, la empatía que permite unificar. Cuando no se escucha con señales tranquilas porque no comprendes que exista la inconformidad es que hay la guerra, pues es el último recurso, no se puede defender a quien crea en un sólo color o en un ideal, cuando el ser humano es mucho más. Tú que te sientes con la calma pero no se molesta en ver nada.

Ese que está presente en esta posmodernidad donde todo vale, de un Zizek enojado a un Chomsky calmado.

Pero ahí estás, siendo posmoderno en tu enojo alternativo derechista blanco.

Contigo no voy, no concuerdo, pero no lloraré por ti.

Sólo clamaré por la justicia.