sábado, 6 de junio de 2020

Pude haber escrito de las cuarentenas más tristes

De haber convivido con los muebles, de besar mi ansiedad y el hacerme una sola con la locura, pude hablar de quienes están en el encierro y haber tomado las luchas y peleas que no son mías, y hacerme de las luchas de otros, pintar mi cuerpo para humillar por medio de la ignoracia y hacerme de un nombre por ello, pude ser la virgen despreciada o la bruja quemada, pero soy mala en cuanto a lo que se trata vivir, pude responder del respiro inacabado o la culpa desgraciada de la inexistencia, pude haber abierto mi craneo para sacar mi sesos en un balazo mental desdichado. Pude encerrarme en el exceso de oxígeno y en heridas abiertas, o en mares de cicatrización mental, o en el canto de los pájaros solitarios sin corona, y en el vuelo de las aves azules que se alimentan de los charcos, me pude meter en las letras azules y en los dibujos del quedarme en casa y el cumpleaños enjaulado.

Pude haber hablado de todo ello, pero aquí estoy, lidiando con mi propio infierno, mi falta de infinitos y mi incomodidad hacia los finales con remate, y pude haber dejado que las cosas quedaran flotando en hojas secas o plumas desmudadas.

Pero veme aquí, atrapada en una nostalgia dosmilera, excavando recuerdos por otros. Reviviendo una entrada nada certera, en la incertidumbre de la nada.

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