martes, 30 de diciembre de 2025

Mi testimonio (anti)navideño*

 A principio de diciembre en un grupo de apoyo en el que estoy para personas con diversidad neuronal se nos pidió que escribiéramos un testimonio sobre nuestra perspectiva de las épocas navideñas, ese testimonio se publicó en La Jornada de Oriente con atenuaciones desde una perspectiva neurocientífica por parte de Miriam Betzabe Tecamachaltzi Silvarán quien hizo un análisis muy bueno a mi perspectiva.

El siguiente texto fue el que escribí estando en el autobús después de casi diez horas de viaje poco antes de llegar a Reynosa, este es el testimonio más directo y sin edición, desde la perspectiva de viajera tamaulipeca, con advertencia de sobrecompartir, de emociones de violencia descarnada que se ha normalizado y en mi honestidad más cruda que casi nadie llega a leer y por algo lo pongo por acá:

*Hola, mi nombre es Laura y tengo cuarenta años, durante mi infancia la Navidad era algo que celebraba hasta que la chispa de una bengalita me cayó en el pie mientras tenía unas mallas de plástico, también ha sido el grito de la turbina de un avión. La vida me llevó a convertirme en escritora y maestra y aún así pasan los años y los tiempos se convierten en experiencias placenteras y dolorosas al mismo tiempo. Hace uno o dos años, después de Navidad y Año Nuevo, tuve mi primer brote psicótico por llevar seis días sin dormir, a pesar de que ya me habían diagnosticado con déficit de atención. Pareciera que la gente no escucha cuando estás desregulado, o qué inventas tus síntomas hasta que ya es demasiado tarde. He escrito unos dos o tres cuentos de terror navideño porque justamente en ese género he encontrado confort en estos últimos años. Entro en la categoría de persona que se comporta infantil que es demasiado amargada para estas épocas, y si bien me gusta la convivencia familiar y el ver a mis padres, a mis hermanos y a mi sobrinas, no me gusta que cambien los planes o que improvisen, si bien estoy en muchos grupos autistas y de apoyo a déficit de atención no logro encontrarme en ninguno precisamente porque en mi conviven dos lobos, el del enmascaramiento y la disociación que quita los eventos fuertes y el del involucramiento presente que está en todo, soy la que se enoja con los anuncios que piden proteger a los perros pero se olvida de las personas neurodivergentes, y eso que me encantan los perros. Me gusta la calma del invierno hizo frío, y adoro el olor a pino y conífera, encontraste también me gusta el olor a plástico de juguetes recién comprados o del papel estraza que se utiliza en ciertos regalos, encuentro placer en la niebla y las nubes que se condensan y en el frío que aparece en estas épocas, en la mansa calma de la espera, pero no me identifico en la hipocresía en la que se me pide llevarme bien. Gracias a mis padres he aprendido que en estas épocas hay que guardarse y mantener la distancia desde antes de que eso se exigiera en pandemia, el consumismo siempre va a estar, me dice que soy habladora pero realmente me gusta reciclar. En las reuniones soy la que se va a quedar callada o la que va a inventar palabras cuando realmente no siente lo que quiere decir, pero si realmente lo siente lo diré desde el corazón, o el alma que me quiera durante esas épocas. Cada día que pasa y cada momento que se va aprendiendo es algo que voy aplicando en mi manera de convivir y me voy adaptando, me gusta saber que en las épocas victorianas se contaban historias de terror, me gustan las leyendas nórdicas donde Grylla, como nuestra Llorona, también gritaba de dolor, recuerdo que de niña muchas de mis juguetes eran de repeticiones, ahora únicamente solo quiero un espacio para estar sola y ver mi serie si tal vez platicaré convivir un poquito, pero que también se comprenda mi momento en el que no quiero estallidos ni quiero sobreestimulación, o si la quiero que sea con tiempo. Uno de mis hermanos decía que la balacera que escuchó una de mis sobrinas hace muchos años pudo ser sobrellevada por la pirotecnia de la Navidad, soy de Reynosa, Tamaulipas, en el Noreste de México, entonces la supervivencia a la normalización de la violencia es distinta a las lógicas narrativas hegemónicas. Sigo buscando mi diagnóstico de autismo pese a que el autorreconocimiento ya me lo da la comunidad, y es todo lo que puedo decir.


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