martes, 14 de junio de 2011

Mamadencias conoce a Fuckencio y Trollencia

Y que me dice mi yo, noooo, que le digo yo, que me dice aquel y que le digo "ps pinche Ciudadana tienes un chingo de tiempo libre para dedicarlo a tu blegh, pero no se te ocurre nada" entonces que me dice "ps dale, escribe pendejadas, a veces entre pendejadas sabemos hacer algo chido" y ps dije "va" y aquí estoy sin nada que hacer.

Que ps neta, que mal es este de tener tiempo libre y no saber a qué dedicarlo, pero ps de aquí a que perder el tiempo arriesgándome a salir afuera, ps mejor me quedo en mi casita ¿pa' que salir?¿a ver como cuelgan a gente como si se tratara de frutas de arbolito para que luego los quemen? Nanai, naranjas agrias, aquí no hay nada que ver, y aquí dentro en la chompu tengo mucho mundo, así es, chingos de libros que no se han leído ¿que leer da hueva? Ps ni modo, por eso no progresamos, nomas porque no pensamos y estamos en un mundo chiquito chiquito ¿y luego qué? Tratas de decirles a otros que hay mucho mundo, pero ah, no, los pendejos quieren seguir diciendo que no hay salida, que esto está del nabo, que aquello, quéjese y quéjese, pero ps uno que trata de hacer una mínima pendejadita pa' que estos cabrones reaccionen, y ni maíz, paloma. Se quejan de los pinchis carros groseros, pero ni respetan al peatón; se quejan del pinche calor, y prenden el "air condishon" para hacer más calor. Se quejan de que no hay seguridad, pero bien que andan corriendo a gente de los parques, y luego preguntándose que por qué la jumentú ni convive ni hace nada. Luego dicen "admitir que usamos drogas es derrotarnos desde antenantes" cuando en otros países desde cuando dejó de culparse al consumidor ¿ps que se gana con una dizque guerrita quesque pa' que la droguin no llegue a los hijos? Juar juar juar, de verás que a los fronterizos nos vieron la cara de pendejos con ese cuento, ah, pero cómo se la creyeron hace seis años, me cae.

En fin, ps que mi 'tro yo me dice que le baje de huevos, que me calme ¿ps no que querías escribir pendejadas?¿por qué es tan difícil ser simple? Pero pinches amigos que tengo, todos piensan y quesque se ponen a criticar para quesque hacer un cambio, y ps a cómo está la situación en donde un poeta la arma de pedo por la muerte de un hijo, ps ya no sabe uno que esperar. ¿Y que tal si me voy con ingeniebrios pa' no pensar? No mames, soy hija de uno que si piensa y no es panista ¡puts!¿en donde me equivoqué al nacer?¿o en que se equivocó mi jefe? Chingao, y ahí vas de nuevo, a la lona, pensando en que diablos escribir, pero que el otro yo que me dice que le digo "ora te pones las pilas y si quieres tu dinero pues ven por el y..." ¿la mujer es cómo una cerveza? Bueno, me gustan mucho las cervezas y eso no me hace lesbiana ¿por que la cerveza no puede ser un hombre al que gusta chupar al igual que una tutsi pop? Tsss, digo igo, a nosotras también se nos antojan como carnes al asador ¿o qué?¿ya ni podemos tener orgasmos o qué chingaos? Ah, pero que bien chingas, realidad, con tus balas y tus quemados en puentes ¿por qué carajos quemas si puedes hablar? Digo, educación, chingada madre, educación ¿en qué momento se perdió la noción de que la educación salva, chingada madre? Pero ah, que pinche maldicienta soy, dicen que maldecir ayuda en terapias a que el dolor sea menos.

Y quesque hubo una caravana de la paz en donde vino ese pueta cuyo hijo fue muerto morido matado bien asesinado por los lacras ¿y que chingados estaba haciendo yo? Pues no mames, mi tarea ¿o qué?¿'ora me van a culpar por ser parte del problema al no ir por quedarme a hacer mi tarea? Chingá, si soy una luchadora de todo el sistema deficiente que tenemos en el país, merezco un premio... es más ¡denme dinero! ¡Sí, sí, chucha y mis calzonzotes rotos! Tsss, al menos lo intenté.

En cosas serias que he hecho, pero que se me hacen chidas:
1.-Salí publicada en la revista "Puño y letra" con el cuento "Interior de metal"
2.-Terminé con promedio de 9 mi semestre, I'm a fucking nerd!!!
3.-Tengo mucho por leer, y eso es bueno

Ora se chingan y los chingo chingonamente, sin nece(sí)dades del laberinto de la paz o de la soledad o esas ondas, y así, y así.

Eeeeen fin, tengo vacaciones, no tengo nada que hacer, depender del dinero de mis padres o otros medios para ver que chingacarajaputasmadres hago. Por mientras les dejo este remix tan conmovedor, no sé en que momento Soraya Montenegro se hizo el meme favorito de Argentina y de Latinoamérica, pero es chistoso verlo =)

sábado, 4 de junio de 2011

Cachetadas de realidad

No puedo revelar todo lo que me pasó hace tres semanas porque ahora que he dejado pasar el tiempo no quiero concentrarme en esos momentos tan malos que pasé pero sólo diré unas cuantas cosas que se reafirmaron en esos momentos de madriza que me dieron el día 5 de mayo, pero aquí el recuento de los hechos

Fui a la Marcha Zombie, llegué a lo que antes era mi casa como a las 9 o 10 de la noche, y mi vecina Viridiana Sanchez me invita a su carne asada. Platiqué con varias de sus amigas, de las cuales sólo conseguí el nombre de una de ellas llamada Cristal Saldaña, sólo porque tuve la oportunidad de tener su facebook. Para no hacer el cuento largo, yo ya me estaba retirando de ahí cuando una de las otras amigas de cuyo nombre no me acuerdo (aunque mis vecinos le dijeron a mis hermanos que se llama Linda) tocó a la puerta, yo abrí y se metió a mi casa sin mi permiso, cuando en buena forma le dije que no quería que ella estuviera ahí me forcejeó con los brazos, y en pocas palabras empezó una pelea que dio como resultado daños a mi persona. Sólo pondré una serie de fotos que muestra cómo estuve


Y ustedes preguntarán "¿no denunciaste?" lo hice desde el momento en que pasó, llamé a una patrulla, dijeron que ya habían hablado y que Virydiana Sanchez les dijo que no había pasado nada. Es lamentable que ella teniendo a su hija Ashley le de un ejemplo como mala madre.

Traté de ir a la SEDECO y con todo y mi ojo hinchado y morado más los moretones en los brazos y los chichones en la cabeza y toda sacudida por lo que apenas acababa de pasar, sin embargo no me pudieron atender por las siguientes cosas: No traía identificación oficial, y la secretaria pendeja en turno decía que no podían atenderme debido a que estaban cambiando de turno, lo cual reitera lo que todo el mundo ya sabe: la justicia mexicana vale madres.

Es también malo que Cristal Saldaña me halla bloqueado de su facebook porque no me quería pasar el nombre de quien me había golpeado, y es todavía más malo que Perla Arellano Torres (su hermana) la secunde para encubrir un crimen y digan algo tan típico en México: "no pasó nada, aquí nada ha pasado".

Lo poco que sé de la persona que me golpeó por lo poco que platiqué con ella es que trabaja para conseguir votos del PAN, y vive en el centro, cerca de la calle Pino Suarez, además de su primer nombre como Linda. Sus "amigas" dijeron que ella suele hacer eso.
Quizá no puedo hacer gran cosa con este post más que informarles a grandes rasgos que fue lo que pasó. Por mi cuenta me encuentro en otro lado, rehaciendo mi vida. Este post es una pequeña demanda, un desahogo y una muestra de qué tan putrefacta está la sociedad que permite que esto le ocurra a una estudiante universitaria. Aunque al día siguiente pasó lo de la Marcha por la paz, a la cual no pude asistir por lo que me pasó, por lo menos esto quedará como una muestra más de evidencia de cómo la sociedad se sigue pudriendo.

Mientras seguiré con mi vida rockera, andando en bicicleta e informando sobre los males de esta sociedad, promoviendo las mejoras partiendo desde mi cuenta y sin sembrar mierda como lo hacen las personas anteriores. Mientras tanto prometo que mi próximo post será más ameno, permiso

Actualización agregada el 4 de marzo del 2013. A más de dos años de que esto ocurriera. Nunca supe ni como ni en donde terminó, pero a quien lea esto nada más aviso, tengan cuidado con estas persona, la que provocó los golpes es la de cabello negro. La rubia teñida es Viridiana, quien fuera mi vecina en la colonia Constituyentes de Queretaro, sexto Sector, en San Nicolás de los Garza. Cuidado con ambas personas si las llegas a ver o las tienes como vecinas.


domingo, 1 de mayo de 2011

Confesiones de una sujeta a las cuerdas y al twitter

Sé que nadie leerá esto en twitter, teniendo más de 500 seguidores nadie lo leerá.

Últimamente me siento muy pendeja como para seguir existiendo.

Quisiera desvanecerme como humo y no saber de nadie.

He pensado escribir mi testamento porque no aguanto el trauma de esta era.

Ser gorrona de libros daría estatus en cualquier otro lugar, menos en México.

Libros obtenidos, más de veinte. Libros leídos, uno y medio. Fail.

Un colon irritable es esa variación entre mierda seca y mierda liquida por la que tanto hemos pasado muchos y no sabemos explicarlo ¿quien diría que el cuerpo también se enoja?

Últimamente la masturbación me es insípida

Tengo más de veinte cucarachas muertas en casa

No sabía como revivir un blog y hasta ahora pensé en esto.

No hay una conclusión exacta, no hay finales ni principios, solo continuidades.

Como detesto lo que hago ahora mismo, tengo que aprender a amarlo, o de jodido tolerarlo

Si alguien lee esto sin que de notificaciones y después se entera que morí, culpen al crimen organizado.

lunes, 28 de marzo de 2011

Edward Jesby - Algas

Este cuento lo leí como a los 12 años, fue cuando dije "si alguien escribe tan bien yo puedo hacerlo" y sigo tratando, pero aún así este cuento me sigue gustando como la primera vez que lo leí. Hacía tiempo que no subía cuentos, disfrútenlo y agarren las gotas para los ojos porque está larguito pero chido

Edward Jesby - Algas

Hace años que Cousteau predijo la aparición del hombre-pez, dotado de branquias y adaptado para vivir en las profundidades oceánicas.
Este relato, cuya mayor fascinación reside en el aire de extrañeza e inaprehensible lejanía que lo envuelve, describe el futuro enfrenamiento en­tre estos hipotéticos hombres-pez y la mórbida, decadente y clasista civilización terrestre, en un escenario en el que coexisten la tecnología avan­zada y las más ancestrales supersticiones.
Ante el siniestro ritual entre la hechicera y el hombre-pez, el lector iniciado no podrá evitar de­dicar un obscuro pensamiento a los profundos de Lovecraft. Aunque esta vez, por fortuna, el tema ha sido tratado con un enfoque totalmente distin­to, por no decir opuesto.


Greta Hijukawa-Rosen, sentada en la arena, obser­vaba cómo su compañero maniobraba el aircraft sobre las aguas del Mediterráneo. Estaba de pie sobre la redu­cida plataforma circular, tan sólo a unos centímetros de las crestas de las olas levantadas por el viento, man­teniendo el equilibrio con suaves movimientos de piernas. La embarcación, normalmente, era teledirigida des­de la antena situada en lo alto de la mansión, pero en aquel momento la pilotaba el hombre.
«Viterrible», pensó Greta estirándose para que sus pequeños senos recibieran el calor del Sol. Rió entre dientes, preguntándose qué pensarían sus hermanas de haberla oído usar una palabra comercial; se encogió de hombros y observó su bronceada piel, comparándola con la de su compañero, tan obscura. La piel de Abuwolowo era color humus.
–Tan obscura como el color de las hojas enmohecidas –dijo en voz alta, mientras se incorporaba para ver cómo Abuwolowo elevaba la nave hasta el máximo de seis o siete metros que ésta permitía.
La silueta de la embarcación fue empequeñeciendo con rapidez a medida que se alzaba dando pequeños bandazos, parecidos a los que dan las gaviotas que sobrevuelan el Mediterráneo. Greta pensaba que última­mente no era emocionante, pues no existía peligro. Te­nía un sistema de control a distancia ajustado a su cinturón salvavidas y, caso de caer al agua, la nave acudiría en su ayuda y la rescataría.
Ahora estaba muy lejos y lo único visible, por enci­ma del oleaje, era su negra y oscilante cabeza.
–Supongo que debería experimentar alguna sensa­ción de pérdida.
Había desdén en su voz, desdén nacido de la lectura de unos voluminosos libros publicados a raíz de un se­minario sobre este sentimiento, y que fue difundido por televisión. Aquello era todo lo que sabía de esta faceta humana. De súbito, contuvo la respiración al ver la cabeza casi en la orilla del agua.
Buscando desesperadamente sus lentes, gritó, inte­rrogante:
–¿Abuwolowo?
Pero la cabeza era blanca, y no por el mero hecho de no estar tostada por el Sol. Tenía un tinte blanco artificial, como el de las estatuas de mármol del jar­dín de la residencia de verano. Para su horror, el resto de la aparición surgió de las poco profundas aguas. Recortándose sobre el fondo azul del mar, se erguía una silueta negra, que hacía resaltar aún más su cabeza tan extraordinariamente blanca. Se tamba­leaba en sus intentos por sacar las piernas del agua. Cuando lo consiguió, Greta vio que llevaba calzados los pies de pato y corrió a ayudarle.
Apoyando una mano en uno de sus grandes brazos, le preguntó:
–¿Está usted bien?
El hombre asintió con un movimiento de cabeza, apoyándose ligeramente en la joven. Ella suspiró ali­viada, ya que no habría podido aguantar el peso de aquel cuerpo que era unos treinta centímetros más alto que ella, que medía un metro ochenta y ocho centíme­tros, y cuyos hombros eran aún más anchos que los de Abuwolowo.
Con los pies firmemente asentados en la arena, el hombre hizo un movimiento brusco y se libró de la funda de caucho que protegía parte de su cabeza. Alzó los ojos al cielo, unos ojos negros que ocupaban unas grandes órbitas, y observó:
–Brillante.
Luego bajó los ojos, y, después de respirar entre­cortadamente durante breves momentos, agradeció a la joven la ayuda que le había prestado. Hizo una pausa, después de la cual, señalando la axila, explicó:
–Me ha mordido un tiburón.
Recobrada la respiración, resultaba mucho más fácil entenderle. El líquido murmullo de sus primeras pala­bras había desaparecido. La miró.
–Es usted bonita, y merece una explicación. Un tibu­rón me arrastró al fondo. Algo debió de asustarle en la superficie y se sumergió.
–¿Un tiburón? –preguntó ella, queriendo escuchar de nuevo aquella extraña y suave cadencia de la voz que emergía de la redonda cabeza con grandes ojos.
–Sí, un gran tiburón –aclaró–. Estaba en la super­ficie tomando el Sol y, de pronto, se sumergió. No me dio tiempo de ponerme fuera de su alcance.
Cayó hacia delante, sobre sus rodillas. Su respiración era normal, pero la joven vio que un chorro de sangre se deslizaba por sus muslos.
–Perdóneme –rogó él, al proferir la joven un pe­queño grito de angustia.
La herida cruzaba su espalda en diagonal, desde la axila del brazo izquierdo hasta la cadera del lado derecho. El traje de caucho, cortado por los dientes del escualo, se había arrollado, provo­cando la separación de los labios de la herida. La joven intentó levantarlo, pero resultaba demasiado pesado para sus fuerzas. Lo único que consiguió fue que cayera boca abajo cuan largo era. Forcejeó, tirando de su grue­so brazo e intentando volverle boca arriba, sin conse­guirlo. A pesar de estar tendido y no ofrecer resistencia alguna, continuaba siendo extraordinariamente pesado.
De un salto se apartó de él y dirigió sus ojos hacia el mar.
Abuwolowo estaba aproximándose a la playa. Al ver­le, la joven agitó los brazos y se puso a gritar, dando saltos para llamar su atención, hasta que la nave atracó en la playa.
–Hay un hombre herido –explicó, volviéndole la espalda hasta que cesaron las nubes de arena levan­tadas por los chorros de aire que emitía el vehículo.
–¿Un hombre? –preguntó Abuwolowo, echando una ojeada al cuerpo inmóvil–. Debe de pesar tanto como una ballena. No podría con él; subiré a la casa y pediré ayuda.
Se alejó corriendo a grandes zancadas hasta llegar al ascensor del farallón. A Greta le pareció que hacer gala de tal velocidad constituía una violación de las facultades humanas. Permaneció inmóvil, admirando aquella agilidad, fascinada por el profundo respirar de Abuwolowo. Fáciles inhalaciones se traducían en olea­das que empezaban en el pecho y tenían su final en el diafragma, a un ritmo tal que parecía que no iban a tener fin: iniciaba la inspiración cuando aún no había concluido la anterior expulsión de aire.
Esperó en silencio, guardando para sí su chachara habitual, reprimiéndose ante aquellos cabellos color paja, cuyo único signo de vida era el leve temblor de las delicadas aletas de la nariz. Al poco rato –a ella le parecieron escasos segundos– regresó Abuwolowo con cuatro criados, hombres fuertes y achaparrados, procedentes todos ellos de las vecinas islas del Egeo.
Resoplando bajo el peso de aquel cuerpo que les doblaba las piernas, medio acarrearon, medio arrastra­ron al hombre herido hasta el ascensor, en el interior del cual intentaron acomodarle, según las instrucciones de Abuwolowo; éste se encaramó por encima del cuerpo y, sujetándose a las paredes del camarín, trepó has­ta situarse por encima de él. Oprimió el botón con un fuerte dedo, cerráronse las puertas y empezaron la as­censión.

Greta se había arreglado para la cena con más es­mero que de costumbre. Mientras estaba descendiendo por la gran rampa que conducía al amplio salón de entrada, oyó como su cuñado hablaba con algunos de los invitados. Se detuvo divertida. No estaba hablando, en realidad, sino conferenciando, en un tono que su acento kirguís hacía aún más didáctico de lo que pre­tendía.
–Es asombroso –estaba diciendo– el poder de re­cuperación que tiene. Le sacamos del camión de la co­cina, le tendimos sobre el sofá más largo de la sala de recepciones y, acto seguido, se sentó. Me sonrió y se desperezó –el cuñado de Greta hizo una pausa, como para rehacerse de su asombro, al tiempo que clavaba los ojos en todo aquel que pareciese querer interrum­pirle–. Como iba diciendo –continuó en mesurados pá­rrafos–, se desperezó...
Greta no pudo resistir la tentación y aprovechó la oportunidad. Se deslizó con ligereza por la rampa y se plantó ante su cuñado.
–Se desperezó, y luego ¿qué?
Hauptman-Everetsky le ofreció la limitada cortesía de su helada sonrisa.
–Al estirarse, su traje de buceo se abrió y se des­prendió de su cuerpo como si de la piel de un plátano se tratase. Después de palparse debajo de los brazos, donde tiene las hendiduras branquiales, abandonó el sofá. Ignorándome, dio una vuelta por la habitación y vi, con asombro, que la herida estaba ya curada. En su lugar había sólo una delgada línea.
Greta abandonó la reunión sin esperar a que su cuñado repitiera lo ya dicho, cosa inevitable en él. Cruzó el arco que daba acceso al salón de recepciones, total­mente aislado, a pesar de la pequeña deficiencia exis­tente en la cortina presurizada, la cual hizo que una corriente de aire levantara los bajos de su larga falda.
De pie frente al cristal panorámico, el hombre-pez contemplaba el lento discurrir de las vistas correspon­dientes a las islas vecinas, vistas que eran ampliadas o reducidas según estuviera programado en la compu­tadora. En aquel preciso instante aparecían las luces de los rascacielos de Salónica.
El hombre-pez estaba absorto, pero su primo Rolf, curioso como de costumbre, no cesaba de inquirir. Em­pequeñecido por la figura próxima a él, disparaba las preguntas en su excitado y alto tono americano.
La que ella oyó al acercarse fue:
–¿Y ha recorrido semejante distancia? –la voz de Rolf no denotaba incredulidad, sino placer, así como su infantil amor ante la aventura.
–Por supuesto –respondió el gigantesco hombre–, ya se lo he dicho. Vine desde Stavangafjiord, siguiendo una corriente terrestre. Tenía la esperanza de aprender algo acerca del comportamiento de las platijas, pero al final desistí, pues me pareció una locura; así fue como, bordeando la costa, llegué hasta aquí –devolvió su atención al cristal a tiempo de observar un artístico aspecto de la ciudad que estaba siendo ampliado enor­memente–. Y –dijo, volviéndose cortés a su interlocu­tor– los delfines me contaron, a su regreso de Normandía, que aquí las aguas eran cálidas, y las mujeres –hizo una pausa al notar la presencia de Greta– her­mosas, de rubios cabellos y cuerpo bronceado.
–Es usted muy amable –intervino Greta sonrien­do–. Aún no sé su nombre.
–Gunnar Bjornstrom-Cousteau, del territorio de Walshavn –contestó con una inclinación.
Al hacerlo, Greta pensó que tenía un curioso aspecto vestido de noche. La corta chaqueta abierta, que apenas alcanzaba a cubrirle el torso, dejaba al descubierto un pecho casi rectangular, de suave y fláccida carne y sin musculatura aparente, que le hizo recordar los colgajos de grasa que la herida dejó expuestos. Se estremeció y, al notarlo, Gunnar inquirió:
–¿Le molesta mi cara? –por primera vez notó que su cara estaba despellejada y que unos surcos de vio­lento color rojo discurrían por debajo de su barbilla–. No fui muy prudente al emprender tan largo viaje sin antes exponer mi piel a la luz de las lámparas. Pero entonces no tenía intención de estar en contacto con el aire; además, no estoy acostumbrado a la luz directa del Sol.
–¿El aire?
Rolf se iba a disparar de nuevo, pero Greta le paró los pies.
–La cena ya debe de estar servida. ¿Me acompaña? –preguntó, cogiéndose del brazo del forastero.
Rolf les siguió, pegado a sus espaldas, moviendo la cabeza con aire perplejo y brincando a menudo para tratar de alcanzar la estatura del gigantesco hombre-pez, hasta entrar en el comedor. Este se hallaba en la parte más alta de la mansión, y estaba abierto a los cuatro vientos, aunque protegido de la intemperie por campos estáticos polarizados, lógicamente invisibles, que producían un singular acercamiento de los astros.
–A este pez –Hauptman-Everetsky había pasado del asombrado temor a la condescendencia, al contestar a las preguntas de alguien– no pude echarlo al agua, como hubiera hecho con una trucha demasiado pequeña –gesticuló–, y ya va siendo hora de que nos divir­tamos un poco. Empezamos a aburrirnos los unos a los otros.
Greta percibió el envaramiento de Gunnar y se cogió a su brazo con más fuerza. Este se inclinó hacia ella y dijo:
–No tema, no caeré. Hacía largo tiempo que no ca­minaba. Debo acostumbrarme a prescindir del amistoso apoyo del agua.
Greta notó el énfasis que puso en la palabra «amis­toso», y recordaba que una de las pocas cosas que sabía de los habitantes de las profundidades marinas era que habían vuelto a adoptar el duelo. En los infinitos ámbi­tos marinos resultaba difícil mantener la observancia de las leyes; los encuentros con las orcas y los tibu­rones eran comunes, y duras las lecciones que estas ex­periencias enseñaban.
Su compañero sonrió a Everetsky y a sus acompa­ñantes, al tiempo que estrechaba sus manos con fuerza y cumplimentaba a las mujeres.
–Al menos no me aburriré –dijo, dirigiendo su mi­rada al pintado pecho de su hermana Margreta.
Greta, aliviada, tomó de nuevo su brazo, y se sintió contenta de haber elegido aquel vestido azul que única­mente le dejaba al descubierto las manos y la cara.
–¿Nos sentamos ya, Carl? –preguntó a Everetsky, que se apartó dejando expedito el camino a la mesa.
Este colocó a Gunnar a su derecha y a Greta a su izquierda.
Al principio, la cena se desarrolló con bastante pla­cidez, centrándose la conversación en los presupuestos gubernamentales y en la futilidad de invertir dinero en las minas lunares. Todos los que procedían de las ricas estepas y regiones montañosas de Rusia expusieron lo que, a su juicio, estaba haciendo falta en sus latitudes: «padrinos» que proporcionaran recomendaciones, intermediarios por medio dé los cuales poder presentar que­jas y falsas denuncias por corrupción...
Mientras Rolf daba fin a un relato acerca de un fun­cionario sobornado que rehuyó cumplir con sus debe­res, reparó en la esférica cabeza de Gunnar, que se des­tacaba del grupo de morenos invitados de prominentes barbillas.
–...era un tipo despreciable como hay pocos –con­cluyó–. Pero, mi querido hombre-pez, ¿comprende algo de todo esto?
–Yo –rió Bjornstrom-Cousteau– no comprendo es­tos problemas, pero, aunque de otro tipo, también noso­tros tenemos con nuestro gobierno –parecía apreciar a Rolf, pero se dirigía a su anfitrión–. Sin embargo, resultan difíciles de explicar.
–Supongo que así es –repuso Abuwolowo–, pero, de todos modos, le ruego que nos los cuente.
Gunnar se encogió de hombros, haciendo temblar la maciza mesa al montar una pierna sobre la otra.
–Quieren que se cultive más y se cace menos.
–¿Por qué no? –desafió Abuwolowo–. En el pasa­do, también mi pueblo tuvo que amoldarse a los cam­bios. Aprendieron a cultivar la tierra y a trabajar en fábricas.
–Sí –permaneció en silencio unos segundos–. Ima­gino que tendremos que hacerlo algún día, pero como cantó el poeta Hagar...
–¡Poetas! –Abuwolowo abandonó la mesa–. Está­bamos hablando de gobiernos.
–Hagar dijo –Gunnar continuó imperturbable, como las mareas, citando complacido unos versos–:

El mar se altera con nuestro padecer;
no puede conseguir que los hombres
piensen libremente en la superficie.

–reci­taba cuadrando los hombros, mostrando aún más su pálida carne–

Porque nosotros escogimos las profun­didades,
no su cómodo y alejado otero.
–y se interrumpió para contemplar la obscura noche con la mirada sin fondo de sus grandes y dilatadas pupilas.
Rolf, siempre jovial, se frotó las manos olfateando el próximo plato.
–¡Ah! ¡Venado doméstico! –exclamó cambiando de tema, evitando de este modo el seguro ex abrupto de Abuwolowo, que volvía a ocupar en aquel momento su lugar a la mesa–. Sin embargo, nuestro nuevo invitado no parece estar disfrutando mucho de la cena, aunque el cocinero de nuestro anfitrión es excelente.
–Los alimentos están cocidos –repuso Gunnar, como si con esta aseveración quedase todo explicado.
Y así debió de ser, porque, cuando vio la expresión de Hauptman-Everetsky, se levantó de la mesa excu­sándose.
–No me he recuperado aún de mis heridas. Les ruego que me disculpen.
Lo último fue una afirmación, no un ruego; acto se­guido se retiró, con un cansado y lento renqueo. Su fuerte cuerpo parecía abatido por el empuje de la gravedad.

Llegó el nuevo día y lo primero que hizo Greta fue correr en busca de Gunnar. La noche anterior abandonó la mesa muy temprano, dirigiéndose a su habitación; pero Abuwolowo, que reparó en su maniobra, la alcanzó y marchó con ella. Ahora Greta buscaba por los jardi­nes, cruzando las distintas zonas climáticas. Le halló en el sector subtropical, erguido ante una planta de caucho rojo de grandes dimensiones, casi un árbol. Es­taba observando una de sus hojas, que sostenía con las yemas de sus dedos, con los labios ligeramente entre­abiertos.
–Parece carne. Carne de ballena –dijo sonriendo ante la imagen de Greta, que se acercaba por el sendero alfombrado con agujas de cedro, entre muros de ver­dor–. Está usted muy bonita esta mañana.
–Y usted parece un chiquillo, con esta hoja entre los dedos y la boca abierta, como si estuviera a punto de comerla.
–Parece realmente comestible –afirmó apretando una vez más la hoja, de la que manaron unas gotas de jugo que Gunnar se apresuró a lamer.
Una mueca se dibujó en su cara y Greta rió diver­tida al ver las suaves arrugas que invadían su rostro.
–Bueno, es muy amargo –se defendió, y cogiéndola por los costados la alzó hasta las primeras ramas–. Muerda y verá.
Greta hincó repetidas veces los dientes en las hojas, aparentando un cómico agrado. Satisfecho, la depositó en el suelo, mientras ella se frotaba las costillas. Le contempló, admirada por su corpulencia, y luego adoptó un tono de seriedad.
–Esta mañana he estado leyendo algunas cosas so­bre usted –declaró, mirándole de arriba abajo con in­tensidad.
–Así que me he vuelto famoso.
–Oh, no –repuso ella–, en la enciclopedia. Dice que es usted un Homo aquati...
–Homo aquaticus, una de las viejas palabras –tocó uno de sus desnudos hombros–, y una de las mejores.
–Eso es –asintió, ensayando la pronunciación–, Homo aquaticus. Hace largo tiempo, un hombre llamado Cousteau afirmó que ustedes existirían algún día.
–Cousteau...
–Sí –afirmó Greta, alterando la pronunciación–, Cousteau. ¿Un pariente?
–Murió, y mi apellido se pronuncia del modo en que lo hizo la primera vez.
–No importa. Ahora le mostraré los jardines –dijo tomándole el brazo.
Empezó charlando de los distintos arbustos que sa­lían a su paso, pero pronto se dio cuenta de lo poco que dominaba la materia. Él era parco en palabras por naturaleza, de modo que calló y dejó vagar sus pensa­mientos. Estos se centraron en lo que había leído en la enciclopedia. Por lo visto, las primeras colonias de hombres-pez se habían establecido en el Mediterráneo. Las aguas templadas eran ideales para ellos, y los repen­tinos temporales que se originaban en el noroeste no se dejaban sentir a veinte metros de profundidad. Las colonias submarinas se dedicaban a la cría de maris­cos, cultivaban algas y frutos y cazaban ballenas peque­ñas con armas sencillas.
Había leído muy de prisa, pasando velozmente sus ojos sobre las páginas, en sus prisas por correr al en­cuentro de Gunnar; pero, mujer al fin, recordaba per­fectamente algunos detalles acerca de cómo tenían lugar los nacimientos en el fondo del mar. Los niños nacían bajo la presión en la que siempre habrían de vivir, equipados con branquias que les permitían tomar el oxígeno del agua, y sujetos a quimioterapias que les preparaban para la vida adulta.
–Pero ¿por qué viven en los fríos mares del Norte? –inquirió de pronto la joven.
La pregunta era fiel reflejo y consecuencia de sus pensamientos; no obstante, Gunnar pareció compren­der su sentido al segundo.
–Porque en los mares templados viven demasiados sujetos de nuestra especie –contestó–. Mi bisabuelo intuyó que las profundidades se estaban poblando demasiado, que la vida se volvería difícil. Por eso nos marchamos.
Orientó su cabeza en dirección al mar, aspirando la brisa, de modo que ofrecía a Greta la visión de su cuello formando pliegues como los de las focas, y añadió:
–En la actualidad, ya no podríamos vivir aquí. Nues­tros cuerpos se han modificado y hemos aprendido a amar la caza.
–Pero ha venido a las aguas de esta isla –repuso ella.
–Vine sólo por un corto período de caza. Pronto regresaré.
La conversación fue interrumpida por la curiosa ac­titud de los jardineros, que, con los ojos como platos, sorteaban los arbustos para evitar su encuentro. Se ha­cían señas entre sí. Eran conocedores de los conflictos existentes entre los habitantes de las profundidades y ellos, los pobladores de la superficie. Del mismo modo que los servidores prestaban atención a las conversa­ciones políticas de los amos, las jóvenes de buena fa­milia no se interesaban lo más mínimo por ellas.
Los jardineros habían recogido rumores del perso­nal de la mansión de los que se desprendía que el Go­bierno mundial, con sede en Nueva Kiev, en el Báltico, exigía a los estados subacuáticos independientes el pago de impuestos más elevados, en la forma de algas, de las que se extraían proteínas, uno de los alimentos bá­sicos de la humanidad. Los parientes de algunos de los criados habían servido en flotas de pequeños botes pro­vistos de aparejos aptos para la extracción de algas y mariscos del fondo marino. Dichas flotillas eran envia­das en misiones de castigo y su labor entrañaba serios peligros. Los hombres acuáticos se valían de las aguas para propinar violentos embates a las embarcaciones y volcarlas; cortaban los cables de los aparejos y ataban a sus extremos mensajes en los que hacían objeto de burla a los atacantes.
El escaso fruto que lograban obtener de las profun­didades estaba en malas condiciones o en período de crecimiento.
Los criados no sentían odio por los pobladores del lecho marino, sino que más bien les temían, del mismo modo que temían a las tormentas y furias de la Natu­raleza. Ellos no les respetaban como sus amos. Los hombres-pez eran accidentes de la Naturaleza con los que no había que tratar, salvo en las ocasiones en que tenían lugar sesiones de magia, prácticas que de nuevo habían proliferado a los pocos años de finalizada la Guerra de los Dos Meses.
Gunnar sospechaba lo que aquellas gentes pensaban, pero ese aspecto del problema no le afectaba. Después de todo, su estado no producía lo bastante como para verse implicado en disputas de índole económica. Miró a Greta, sorprendida aún por la rápida y ostensible desaparición de los jardineros.
–Ha pasado mucho tiempo desde que adoptamos nuevamente el mar como medio en el que vivir –expli­có, volviendo a tocar su hombro, pues sabía que estos contactos físicos la tranquilizaban–, y ya no nos recor­dáis. Somos extraños para vosotros.
Inmediatamente después de sentir en su hombro la mano de Gunnar, Greta apoyó su cuerpo en el de él, al tiempo que efectuaba una serie de movimientos on­dulantes con caderas y tronco. Gunnar no concedió im­portancia alguna a aquella insinuación.
Greta se sumió en el silencio, apartándose de él. No había hecho más que poner en práctica las enseñanzas recibidas de sus preceptoras en el gimnasio. La habían instruido, cuando muy joven, para las placenteras obli­gaciones de la vida adulta. Se sabía experta y le mo­lestó la completa indiferencia de Gunnar. Abrigaba la idea de que las mujeres-pez eran más expertas; pero ante aquella reacción abandonó este pensamiento como falso y carente de base. Sus maestros, así como Abuwolowo, le habían asegurado que estaba perfectamente adiestrada para el arte amatorio.
Hadji Abuwolowo Smyth les contemplaba desde una terraza suspendida que se proyectaba, como un dedo, sobre los jardines.
«La chica está coqueteando con el pez –se dijo–. No es más que la novedad.»
Abuwolowo recordó las largas horas de danza que habían constituido parte de su entrenamiento, las gran­des fábricas que sus padres dirigían, y los deseos del cuñado de Greta de encontrar nuevos mercados para su maquinaria pesada. Llegó a la conclusión de que no tenía por qué preocuparse, y entró en la casa para someterse al masaje que le prepararía para la lucha de antes del almuerzo.
Cada día, todos los jóvenes, excepto Rolf, luchaban para distracción de los invitados. Su lucha era una com­binación de estilos; jiu-jitsu asociado a las menos peli­grosas llaves de grecorromana. Todos ellos rebosaban energía, tenían poco que hacer y dejaban transcurrir el tiempo en espera del día en que asumirían cargos directivos en las fábricas automáticas controladas por sus padres.
Gunnar y Greta reaparecieron por la senda arbolada poco antes de que dieran comienzo las luchas. Gunnar parpadeó y volvió su cabeza al sentir el calor del Sol sobre su piel quemada. Se detuvo. Greta notó aceite bajo su mano. Los poros de la piel de Gunnar se abrie­ron y una fina capa de transparente aceite cubrió su cuerpo. Efectuó una serie de curiosas inspiraciones pe­ristálticas, a cada una de las cuales fluía nuevo aceite protector de su piel.
–Ahora podemos continuar, pero antes cuéntame qué están haciendo allí –dijo.
–Están luchando –respondió ella con sequedad, un tanto molesta por su anterior frialdad y distraída por la lucha.
Llegaron a tiempo de presenciar el final de la pri­mera pelea, que se resolvió con la fácil victoria de Hadji Abuwolowo. Derribó a su oponente con un golpe de cadera y, saltando sobre él, lo inmovilizó. Saludó a Greta con la sonrisa del triunfo en el rostro.
–Y tú, pez, ¿no luchas? –inquirió, burlón.
–No contigo –contestó cortésmente Gunnar, que­riendo dar a entender que no pretendía enfrentarse con alguien tan diestro, teniendo en cuenta su poco entrenamiento en aquel tipo de lucha.
–No soy un oponente lo bastante digno para ti, por lo visto –Abuwolowo optó por dar una torcida inter­pretación a las palabras de Gunnar–. ¿O es que tienes miedo?
Gunnar sintió la pequeña mano de Greta en la es­palda. Avanzó hacia el espacio enarenado, dirigiéndose, amenazador, a Abuwolowo.
El nigeriano sintió un amago de arrepentimiento por la impetuosidad con que había lanzado el desafío, pero sólo duró un segundo. Dio un salto con el que pretendió alcanzar con sus manos la cabeza de Gunnar. El salto fue perfecto, pero su intento de agarrar la cabeza del hombre-pez no tuvo el mismo éxito: no había donde agarrarse, ya que las orejas de Gunnar eran en extremo pequeñas y se hallaban profundamente insertadas en el cráneo. Tenía sólo vestigios de pabellón, y los canales auditivos estaban cubiertos por membranas. Por otra parte, su piel era resbaladiza debido al aceite.
Al fallar el intento, Abuwolowo cayó de espaldas sobre la arena, donde permaneció, desmadejado, por espacio de breves segundos, sintiendo sobre sí el peso del ridículo fracaso. Furioso, se incorporó y saltó de nuevo hacia Gunnar, cruzando el aire con las piernas dobladas. En el preciso instante en que, a través de las súbitamente distendidas piernas, se disponía a des­cargar todo el peso de su cuerpo sobre su adversario, Gunnar dobló el cuerpo con la flexibilidad de una an­guila. Abuwolowo aterrizó en el suelo, deslizándose un buen trecho por encima de la arena, debido al impulso que llevaba, y despellejándose las manos. Alzó los ojos y su mirada tropezó con la espalda del hombre-pez, quien ni siquiera había movido los pies. Era demasiado para él, pero sus ansias de matar superaban a su pru­dencia. Se levantó de nuevo, corrió con cortos pasos de cazador, sigilosamente, hacia la espalda de Gunnar, y describió un rápido movimiento circular con los brazos, aplicando toda la fuerza de sus poderosos músculos. El canto de su mano rebotó tras golpear con fuerza la nuca de Gunnar, pero, satisfecho, vio que éste se tambaleaba.
–Has olvidado la ética del luchador, Hadji –dijo Gunnar amenazadoramente, como no lo había hecho antes.
Abuwolowo avanzó, con cautela, medio paso, pero fue violentamente lanzado hacia atrás por un manotazo que no tuvo tiempo de evitar. Cuando se recuperó, vio que Gunnar seguía en pie, inmóvil como una roca, ex­pectante. Era demasiado tarde para volverse atrás y, aun sin esperanzas, cargó contra él.
Los largos y flexibles brazos de Gunnar, tan gruesos en las muñecas como en los hombros, se extendieron para estrecharle en un abrazo que no pudo eludir, a pesar de que no parecían moverse con rapidez. Por un momento, el hombre-pez le mantuvo sujeto contra sí, con expresión extrañamente compasiva, tras lo cual le lanzó de súbito al aire. Abuwolowo se elevó, sintió que flotaba por un largo momento y cayó. Luego se hizo de noche en su mente.
Hauptman-Everetsky corrió hacia Abuwolowo, pero Gunnar estaba ya arrodillado a su lado, retorciéndole entre sus brazos.
–¡Guardias! –gritó Everetsky, al tiempo que se arro­jaba con furia sobre el hombre-pez.
–¡Quieto! –la voz de Gunnar sonó como una orden, debido quizá a lo profundo del tono, o a la seguridad que le confería su destreza–. Se pondrá bien; se las­timó la espalda, pero se la he arreglado.
Estas últimas palabras fueron las que dieron al tras­te con el código de hospitalidad de Everetsky. Le sonaron igual que las proferidas por cualquier técnico al reparar un juguete mecánico.
Murmuró algo entre dientes, entornando los rasga­dos ojos, con lo que acentuó más su ascendencia mon­gólica. A pesar de todo, Gunnar consiguió que se domi­nara. Su primer pensamiento fue hacer retroceder a los guardianes.
–¡Atrás! ¡Quietos!
La voz de Everetsky estaba alterada, pero su tono fue el apropiado para hacer obedecer a los mastines. Los perros, con los collares metálicos brillando al Sol, retrocedieron y se sentaron al pie del muro, semejando estatuas de nuevo.
–Señor –le dijo a Gunnar, recuperado ya el con­trol–, ha herido usted a uno de mis invitados. Podría pasarlo por alto, pero estoy seguro de que se repetiría. Existe verdadero antagonismo entre los dos –hizo una pausa y prosiguió–: Debo ser sincero: tampoco yo sim­patizo con los de su especie. Le ruego que se marche; si se siente insultado, le ofrezco la oportunidad de desa­graviarse.
–Es usted valiente –contestó Gunnar, abriendo la boca y mostrando súbitamente los dientes– y con los huesos bien cubiertos de carne también; bastarían sus despojos para justificar la lucha, pero nuestro proceder es distinto. No puedo pedirle que mida sus fuerzas con las mías.
Mostró de nuevo sus dientes a Everetsky, separando los labios de tal forma que dejó al descubierto la verda­dera magnitud de su boca. Las comisuras estaban, de hecho, situadas junto a la nuca, y dejaban colgando la mandíbula.
–Debería preguntárselo dentro del agua, y entonces –inquirió con frío humor, que sólo a él podía diver­tir–, ¿qué probabilidades tendría usted?
–Gracias –contestó Evereísky sin disimular su des­dén–. No quisiera tener que preguntarle de nuevo cuán­do piensa abandonar esta casa.
–Confío en que se me conceda la gracia de poder aguardar hasta la noche; cuando la marea suba, par­tiré.
Everetsky asintió, y el hombre-pez, dándole la espal­da, emprendió el camino de la playa, con tanta segu­ridad como si lo hubiera recorrido muchas veces en otro tiempo.
Ya junto a la orilla, Gunnar estudió las aguas, en espera de ver los signos que anuncian la pleamar: algas que dentro de poco serían arrojadas a la arena, desechos marinos esparcidos a lo largo de la costa; bur­bujas, mariscos y peces muertos serían pronto empu­jados por las olas, cada vez más grandes, señalando los límites entre sus dominios y los de Everetsky.
–Bobo –dijo–, no comprende nada.
Calló y, aplicando la palma de una mano sobre la arena, percibió las vibraciones de unos pasos que se aproximaban.
Aparecieron dos criados cargados con su traje de buceo. Tras ellos venían dos más y una de las ayudantes de cocina. Depositaron el traje a sus pies, a una dis­tancia que, creyeron, estaba fuera del radio de acción de sus brazos. Luego retrocedieron y, parados, espera­ron a los demás para regresar a la casa. Permanecieron en guardia, mirándole, hasta que la mujer y sus com­pañeros llegaron a su altura.
–Te saludo –dijo Gunnar a la mujer, que se había detenido ante él separando las piernas para mantener en equilibrio el peso de un cuerpo engrosado por años de acarrear grandes jarras de agua, montaña arriba, por empinados escalones tallados en la roca.
–Saludos –respondió ella en un dialecto griego, tan adulterado como las inscripciones que aparecían en las viejas monedas de la antigua Escitia. Tan sólo ella le miró con ecuanimidad.
–Habla –apremió Gunnar, al tiempo que sus ojos, moviéndose independientemente, abarcaban un panora­ma semicircular de la playa y sus alrededores. Sabía lo que sucedería a continuación, pues era la tercera vez que intervenía en aquel rito.
La mujer se aproximó a él, con el brazo izquierdo extendido y señalando su cara con el dedo índice. Cuan­do éste tocó la cerrada boca de Gunnar, su gruesa y pesada figura se transformó y el temor del Ática la ayu­dó a seguir hasta el fin.
Gunnar, obediente, abrió la boca, y de una dentellada seccionó el extremo del dedo. El nauseabundo sabor de la sangre caliente y de la sucia uña llenó su boca; no obstante, se lo tragó inmediatamente y dijo:
–He aceptado. Habla.
La mujer no pudo resistir la tentación de volverse y mirar, con aire de triunfo, a su alrededor. Gunnar pensó: «Pobres diablos; ahora es una bruja con todos los atributos, deforme, y a la que tendrán que obedecer en todo. Deberá imponer su autoridad a los demás. Dar órdenes será su modo de hablar habitual de ahora en adelante. Con un simple gesto de su mutilada mano podrá conseguir que un hombre se acueste con ella, o que una doncella lo haga con aquél. Pero lo más inte­resante es que unirá a todos los servidores, formando un sólido bloque. Será un importante grupo que respon­derá a los requerimientos de los pobladores del lecho marino en el momento propicio.»
Sabía muy bien que los herederos y propietarios de la tierra comprendían perfectamente su mundo a tra­vés de los planos, pero no eran capaces de hallar las palancas, válvulas y sencillos mecanismos con que poder manejarlo.
–¿Fuiste sincero al prometer que comerías a nues­tro amo, Gran Pez?
Gunnar dio la respuesta obligada en aquel caso:
–Recibimos vuestras plegarias.
–Demonio de Poseidón, nuestra gente será salvada –repuso la mujer.
También ella estaba familiarizada con el ritual.
–No soy demonio, sino sólo un servidor –se alzó y, tras un nuevo amago de dentellada, como el que intimi­dara a Everetsky, dijo–: Poseidón necesita más siervos amantes del mar.
–Aceptaremos serlo –contestó la mujer.
Gunnar arrancó de una dentellada un bocado de gra­sa de su antebrazo y lo escupió en el hueco de las ávidas manos de la mujer, que lo besó en seguida, como parte del ritual, y luego lo guardó entre los sucios pliegues de su ropa.
–Cuando me lo ordenéis, volveré –aseguró la mujer, emprendiendo el regreso.
Gunnar sentía vergüenza de sí mismo, pero no por las amenazas dirigidas a su anfitrión y sus consecuen­cias. Había planeado y previsto toda aquella serie de acontecimientos. No era la primera vez que interpretaba aquel papel; lo había hecho muchas veces con anterio­ridad. Su gente no podía pensar en hacer la guerra contra los pobladores de la superficie si tenía que re­solverse a base de cifras y equipo. Las ciudades subma­rinas eran muy vulnerables; el más simple de los tor­pedos teledirigidos podía destruir multitud de edificios, y las sanciones económicas desbaratarían muy pronto las vidas de los granjeros que cultivaban el lecho ma­rino, así como las de los ciudadanos.
No se avergonzaba de la táctica empleada, sino de la repugnante cobardía con la que le sorprendió. Se le revolvía el estómago de pensar en el sabor de la especie humana. Ciertamente, su alimentación era pe­sada, con abundancia de almidón y obscuras carnes co­cidas. Semejante dieta daba a su propia carne un sabor desagradable, extraño, no muy distinto, sin embargo, al que tenía la de los enemigos que mató en los días de lucha de su territorio.
Detuvo el curso de sus pensamientos y estudió el mar con creciente interés. Se preguntaba si aquellas preocupaciones no iban a perjudicarle. Le convenía rela­jarse, pero persistía aquella extraña sensación de desor­den en su mente. Respiraba tragando aire a grandes bo­canadas y reteniéndolo hasta que su pecho y diafragma lo expulsaban con un fuerte soplido. Lentamente dejó escapar el aire por la nariz; un atento observador ha­bría notado su cambio de postura: todo su cuerpo es­taba laxo, las piernas abiertas sobre la arena, su cabeza caída; sólo los ojos parecían tener vida, girando en las órbitas y escudriñando la superficie de las aguas.
Era una mirada que había sido objeto de investigación a mediados del siglo XX, cuando se estudió el sis­tema nervioso de la rana. Existían unos circuitos interconectados a los nervios ópticos que discurrían a través del cerebro y conducían los estímulos luminosos ya ordenados a los músculos oculares. Tan sólo los movimientos significativos de la superficie del mar tenían en­trada en su cerebro.
Tras dedicar unos segundos a esta actividad, sus piernas se encogieron con brusquedad, se le cerraron los párpados y sus ojos parecieron hundirse en el cráneo. Alzó las rodillas y, así sentado, como un chiquillo, dejó que una amplia sonrisa se adueñara de su rostro.
«Hauptman-Everetsky fue un loco», pensó, mientras se levantaba para dirigirse hacia las olas. Sus últimos pensamientos antes de sumergirse en el agua estuvieron dedicados al hambre que sentía y al propósito de vol­ver más tarde a la playa, para comprobar si lo que pen­saba acerca de Greta era cierto. Se dejó arrastrar más allá de los escollos hasta encontrar una corriente que le llevó por entre las rocas. Para aminorar su velocidad hundía los talones en el fondo arenoso, tocando aquí y allá, como haría un jugador de polo al guiar a su ca­ballo.
Cuando divisó la batisfera descansando en el fondo, entre las negras aguas, comprendió que era obra de Everetsky. Lamentó no haberse calzado los pies de pato, pero no dejó que aquello le preocupara demasiado. De todos modos, pensó que no podía contener más de tres hombres, y nadó hacia la escotilla.
Los tres guardias le vieron en el preciso instante en que entró en el área iluminada por la batisfera. Tan pronto salió el primero de los hombres por la escotilla, Gunnar se abalanzó sobre él agarrándole por la nuca. Los ocupantes de la batisfera ya habían previsto la posi­bilidad de utilizar a uno de ellos como cebo, para dis­traer así la atención del hombre-pez y poder los res­tantes apresarle con más facilidad. Sin embargo, no ha­bían contado con la simplicidad de la táctica de Gunnar. Cogió al hombre como si de un gato se tratara y le arrancó el tubo conductor de oxígeno de la mascarilla; apuntó su cuerpo hacia el fondo, y de un manotazo en las nalgas lo mandó a las profundidades, mientras el infeliz agitaba las piernas inútilmente.
El segundo hombre intentó acabar con Gunnar dispa­rando su fusil. El hombre-pez, furioso al ver su torpeza, nadó para interceptar el arpón. Justo cuando pasaba por encima de su hombro, lo atrapó y, acto seguido, lo arrojó contra el tirador. El arpón se hundió profun­damente en el plexo solar del hombre, cuyo cuerpo quedó a merced de la corriente. Gunnar lo desvió de su trayectoria dando un violento tirón a su brazo, sin pararse a contemplar sus agonizantes contorsiones.
El último miembro de la partida de asesinos man­dada por Everetsky rehuyó el combate. Gunnar le mos­tró su sonriente cara al pasar junto a una portañola iluminada, mientras se dirigía a la parte superior de la esfera. Tomó la argolla del cable en sus manos, al tiem­po que, con las piernas, daba un violento empujón a la esfera, haciéndola volcar sobre el lado en que se encon­traba la escotilla. Con otro empujón, se aseguró de que la abertura había quedado obstruida por el fondo arenoso del mar.
Gunnar contempló su trabajo por unos momentos, antes de nadar hacia el último superviviente, que se retorcía en el fondo, con las piernas dobladas sobre el estómago. Era inútil que luchara, pensó al sentirse arras­trado. Una cara redonda, suspendida escasos centíme­tros por encima de su mascarilla, estudiaba, paciente, sus últimas reacciones.

La playa estaba desierta cuando Greta pudo escapar, por fin, de la casa e ir en busca del hombre-pez. Exas­perada, levantó una pequeña nube de arena de un puntapié. Habría marchado de no haber visto un movimien­to en la superficie del agua, más allá del rompe­olas. Segundos después vio a Gunnar vadeando hacia la playa. Este se encorvó para coger un puñado de arena con el que frotó su boca. A medida que se aproximaba, Greta observó que limpiaba, con el extremo de la lengua, los intersticios dentales.
–Hola –saludó, sin encontrar más que decir por el momento; se arrebujó dentro de la larga capa.
–Hola –respondió Gunnar, percibiendo su tem­blor–. Ven, no estás acostumbrada al aire de la noche –observó, conduciéndola al abrigo del farallón–. ¿Qué estás haciendo aquí?
Greta no lo sabía, excepto que se sentía atraída hacia él. Era el primer hombre, que ella recordara, capaz de sentir cualquier sentimiento, excepto amor.
–Bien –dijo–, abatiste a Abuwolowo con tanta facilidad...
–En las justas del amor... –contestó en velada de­claración; pensó que era mejor dejar la frase en sus­penso.
Greta, sorprendida, le ofreció su mejor sonrisa.
–Pude haber convencido a mi cuñado para que deja­ra que siguieras con nosotros. Me debe algún favor.
Gunnar le habría referido el asunto que acababa de despachar en el mar, pero aquella extraña repugnancia le sorprendió de nuevo.
–En realidad, no hubiese aceptado mi presencia por más tiempo –dijo, pero incluso él, no estando acos­tumbrado a esta clase de sentimientos, notó el vaci­lante tono de su propia voz.
–Pero si lo único que de veras le preocupa es la diversión de sus invitados –explicó Greta, riendo mali­ciosamente, como si recordara algún chiste–. Y empie­zan a aburrirse. Mucho –aseveró con seguridad.
–También yo acabaría resultando aburrido muy pronto, mi pequeña Greta –alborotó sus cabellos con aquellas fuertes manos.
Greta se acercó más a él.
–No podrías aburrirme nunca. Nunca –dijo alzando su rostro hacia él.
El hombre-pez vio la suave curva de su garganta, delgada, pero con la redondez de la adolescencia. Las rígidas normas por las que se regía su mente le orde­naban destruir a aquella mujer, incipiente creadora de nuevos seres.
«No; puedo hacer algo mejor», explicó a los ancia­nos de su pueblo, allá en las profundidades, en mudo diálogo telepático.
Greta se cansaba de esperar un abrazo que no lle­gaba. Cambió de postura, irritada.
–¿Y bien?
–Debo volver con los míos –repuso Gunnar–. He estado demasiado tiempo ausente.
–¿Debes reunirte con tu mujer?
–Soy demasiado joven para nadar en las mareas del amor.
El significado de la metáfora escapó a Greta, quien la tomó como un cumplido. Creía haber obtenido una pequeña victoria.
–¿Volverás cuando estés preparado?
Gunnar descubrió entonces el origen de su debilidad. De algún modo ella le había enseñado a encontrar el significado, tras simples palabras. Sonrió.
–Desde luego. ¿Dónde podría ir si no?
Greta olvidó toda su laboriosa preparación: la sofisticación que le habían enseñado sus preceptoras. Ra­diante, rodeó con sus brazos la cintura de Gunnar, apo­yando la cabeza en su pecho.
–Gracias –exclamó, aceptando el cumplido con co­quetería.
–No debes darme las gracias –contestó, contenien­do la risa–. Pero puedes hacerme un favor.
Antes de continuar, estudió las aguas. Decidió que debía irse ahora.
–Es muy sencillo. No olvides decir esto a tu cuñado: La guerra se librará en lugares en los que ni siquiera ha pensado.
–¿Sí? –exclamó Greta, azorada.
–Eso es todo.
Gunnar acarició con delicadeza sus cabellos y se sentó. Se ajustó el traje de buceo y se calzó los pies de pato. Cuando tuvo puesta la cubierta de caucho que protegía su cabeza, se levantó y avanzó hacia las rom­pientes, hasta desaparecer en el mar.
Más tarde, aquella misma noche, el hombre-pez habló con las marsopas, cazó un grupo de peces plateados a la luz de la Luna, y luego se dejó arrastrar por la vertiginosa corriente de un torbellino, que le llevaría a su territorio.
Greta transmitió a Hauptman-Everetsky el críptico mensaje. No hizo mucho caso de él, olvidando más y más a Gunnar, con el paso de los años. Cuando lo re­cordó, era ya demasiado tarde. Los seres que surgieron de las olas recibieron el saludo y la bienvenida de todos los servidores.
Con ellos revolucionados, la isla quedó sin defensas, y la nostalgia era un débil escudo.
La guerra se había librado. Ni Greta ni su cuñado se dieron cuenta de ello. En los túneles subterráneos, los rotos cabos de los cables de alta tensión emitían impotentes chispazos; el agua escapaba a raudales por las rotas conducciones. Timbres y voces con tono auto­ritario no conseguían apartar a los criados de sus himnos de bienvenida.
Únicamente los muebles, siempre fieles, miraban con obscuros y ciegos ojos la llegada del pez, que acudía, fiel a su promesa, a tomar parte en el juego de Greta.

sábado, 12 de marzo de 2011

Yo ya estoy hasta la madre....

Comienzo este post por la omisión de otros post que están en el borrador, y es que queriendo ser objetiva me pongo un engaño, y me cae que yo no soy yo y digo "¿a quien chingados quiero engañar si ni líder de opinión soy?" soy una renegada, en todos lados, y como tal represento a una minoría, incluso en los lados donde se supone que me encuentro bien. La universidad me ha ido decepcionando y siento que dentro de mí se muere la escritora que alguna vez existió para ser una mamona que les dice a los demás que leer o que no leer y presumir que sé mucho. Recuerdo que ese era mi objetivo y siempre lo repetí mucho "yo quiero escribir, aquí solo vine a especializarme" y que la puta madre, lo estoy haciendo, matando mi lado creador ¿mi objetivo era escribir? ¿era?...NOOOOOOO NOOOOO Y NOOOOOO ¡Mi objetivo sigue seguir escribiendo! Que no lo haga literariamente es otra cosa, pero ahí sigo luchando, creando cositas, descansando de mi parte literaria, pero precisamente es esa la que extraño, a veces siento que la he perdido.

Hace poco chatee por facebook con Federico Schaffler, y son varias personas a las que les he platicado sobre mi admiración por él, es tamaulipeco, vive en Nuevo Laredo y escribe ciencia ficción, o fantasía, en la misma onda en que yo también hago las cosas. Y claro, chatee con él para decirle toda mi admiración, pero a sabiendas de que también es una persona, y aún así el modo en que dentro de mi cerebro me lleva a otros mundos que no puedo explicar es lo que me agrada en él, supongo que eso sería parte de un análisis literario concienzudo, pero la verdad no quiero hacerlo, quiero sentirlo. Y eso es lo que me ha pasado últimamente también, ya no disfruto la lectura como solía disfrutarla, se ha quedado en el nivel de un deber o una obligación ¿y que chingados me pasa, si de veras es mi obligación? Ah, pendejita, pero querías letras ¿no? Bien ya podrías estar trabajando de maestrita y conformarte con eso para que así tengas tiempo para escribir... y FUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU con la escritura. A veces pienso tantas cosas que no pienso y luego lo que escribo es una guasa, tengo la oportunidad de sacar un libro, ya es algo tangible, ahora solo ahorro para conseguirlo, y sólo es un tiraje de 65 libros, pero algo es algo ¿no?

Estoy hasta la madre de mis fallas que también son fallas en la universidad, estoy hasta la madre de soñar con la malcogida de Martha Ileana Butchart, si cabrona, me refiero a ti como la mala entrenadora que eres, con la que nunca me pude comunicar bien por sus pinches huevitos ovarios podriditos, estoy hasta la madre de saber que en la escuela se comenten injusticias como recortes al pago del personal, el privilegio a otras personas y la política de pagar por algo que ya es un derecho. Estoy hasta la madre de estar aquí y hasta la madre de vivir en una casa a la que cada que le cae agua le salen gusanos porque al pendejo de mi rentero se le ocurrió construir encima de tierra de jardín sin poner cimientos. Y ademas estoy hasta la madre de sentirme hasta la madre mientras los demás parecen vivir una normalidad apendejante. Quiero tirar la toalla, o por lo menos salirme un semestre, pero la gran puta madre, estoy en sexto y no sé que hacer, me siento perdida, atorada, atrapada.

Y luego, para chingarla de acabar ocurre un terremoto y un tsunami que llega a México con olas de hasta medio metro (uy, si, hago pinche escándalo ¿y qué?) y después de esto se muere Rita Guerrero ¿que más puede pasar? Es el fin del mundo, veo como van talando árboles que consideran secos y la gente no hace nada por revivirlos. Ya ni hablemos del narcotráfico, y es que de veras ¿les gusta que eso siga?¿tanto han aguantado? Me cae que en Egipto les colmaron la paciencia desde antes, y me da lástima que nadie quiera hacer nada. Pero la gran puta madre que aquí estoy quejándome de pendejadas que nadie va a pelar.

Quise estructurar mi pensamiento y decir por qué deportes en la universidad está mal, luego quise hablar de la menstruación, después quise hablar de la directora, después del por qué me falla estructurar, y luego pensé que este blog es demasiado irreverente pero nunca es serio, por que la seriedad lo mata todo, mira que hacer sugerencias tan pendejas como poner tareas en un blog pero que contratemos editores para ello, como si de certificar se tratase, jaaa jaaaa.

En fin, he atacado con las tripas, y el post anterior fue solo para purgar todo lo que tenía guardado dentro, ya fuera por que no lo soporto, o por un intento de no suicidarme en este mundo tan absurdo.

De momento hago unas lentejas con fideos, hoy tuve antojo de lentejas y las compré, no es por presumir, pero la verdad me quedaron sabrosas. Permiso, seguiré viviendo el mundo allá afuera.

jueves, 10 de febrero de 2011

Algo random, acontecimientos de estos días

Bueno, a manera de diario público, y sacando un poco de mi diario privado, cuento a grandes rasgos como me fue en la semana partiendo desde el viernes que me fui a Reynosa

Sábado: Lecturas de "Las abuelas" de Doris Lessing y otros encargos neoclásicos y bárrocos del siglo XIX

Domingo: Mucha garabujada, me puse a hacer estudios de dibujo anatómico e hice dos sketches en deviant art, superchafas (sketch uno, sketch dos)

Lunes: Lectura y prepararnos para ir a Matamoros para ver la cuestión de la visa láser, me dio una gripa media gacha, mi padre me llevó al Simi y ahí me dieron la medicina necesaria.

Martes: Tragedia mundial porque el trámite no se hizo bien, y ni siquiera estuve ahí para saber como se hacía, pinche lloriqueo y cuanta cosa con mi padre, mi madre y mi sobrina terminó en medio, terminé en el suelo, en las afueras de una farmacia Guadalajara cerca de la central camionera en Matamoros, y lloré a más no poder, casi casi quise golpear a mi madre y no pensaba lógicamente, después de la chilladera regresé al hotel con mis tíos y mis padres.

Miercoles: Para en la mañana que fui al baño ahí estaba el color rojo en el papel de baño, justo en ese momento, cuando me cayó todo lo que había pasado el día anterior, dije mentalmente, y como si de un grito se tratase "¡MEEEEE CAAAAAGAAAA SEEEEER YOOOOOO!" salí a comprar toallas sanitarias y ya más tranquila y con ojos hinchados hablé con mi mamá. Regresamos a Reynosa, para mediodía ya estaba de regreso en Monterrey, recogí la bici del taller y estaba al puro pedo, ya para en la noche y por mi misma gripa decidí hacer el viaje cortito, por lo que dejé mi bici encadenada frente a una iglesia que está en Avenida Nogalar, donde hay una veterinaria y un puente peatonal. Fui a la uni a renovar un libro y estuve como dos horas con amigos, entre ellos Lord Baron y Trock Bonacopa, a quienes les decía

-¿Y creen que haya bronca por haber dejado la bicicleta frente a esa iglesia?
-Es muy posible que en México te la roben-Dijo estoicamente Lord Bairon
-Mujer, dios no va a cuidar tu bicicleta, eso te lo aseguro-Sentenció Trock Bonacopa.

Para cuando regresé y bajé en esa esquina, efectivamente, la bici no estaba en el lugar, y me dije a mi misma "¡PUTA MADRE!" fui con unos chavos que estaban jugando futbol en el parquecito y pregunté si vieron algo, y me dijeron que preguntara en la iglesia, en la bodega de administración. Apenas me asomé y ahí vi que estaba Petronila, toqué repetidamente la puerta hasta que se acercó una chava flacucha y le dije "Esa bici que tienes ahí es mía" me abrieron y había como voluntarios o sepa que serían, algún tipo de feligreses, al entrar vi que encima del refrigerador del comedor estaba mi cadena rota, como trozada por una pinza y la tomé sin pedir permiso y dije "¡Mira, aquí está la prueba de que esta bici es mía, esta cadena que trozaron, yo tengo la llave, vean" y efectivamente les demostré así que la bici era mía. Igual, sin pedir permiso, la recuperé en ese instante, llegué a mis redes sociales diciendo lo que había pasado.

Jueves: Fui a clases en mi bicla, y pese a la prisa llegué temprano, me fui chido, y fui a quejarme con Lord Bairon y con Trock Bonacopa para quejarme con ellos por echarme la sal. Estuve con Valentain, una compañera, y hablamos de mi experiencia sexual, la cual la tengo reservada, pero también se enteró de cosas que es mejor que calle, tampoco soy una prosti pero creo que todos tenemos secretitos que es mejor guardarnos. Vi un partido del equipo de filosofía contra el equipo de físico matemáticas, fue chido, y de ahí tuve mis respectivas clases, tomé mucho café.

Mañana me toca un día medio agitado pero bueno, al fin son las pruebas del equipo de natación, necesito un certificado médico y tampones, y además necesito rasurar toda mi mata axilar que se me ha hecho con el invierno, Además de eso, tengo reunión con los representantes de grupo, como que quieren decir algo urgente y no se que sea.

Me va a ir bien, sólamente lo sé, me esperan grandes proyectos, y eso será después de patear uno o dos traseros metafísicos =)

viernes, 4 de febrero de 2011

Reseña de una ida a mi casa*

Al salir de clase se huele la axila, confirma su aroma a sudor con desodorante, resultado de haber andado en bicicleta anteriormente. Se queda en el salón con una compañera y dibujan tonterias en el pintarrón. Aquellos garabatos se borran para dejar limpio.

Salen a la universidad, pasean, se emboban, la amiga le presenta a un muchacho, se da cuenta que trae la bicicleta, él le pregunta cuanto tiempo hace desde la universidad a su casa, ella responde que media hora. Los tres, junto con otras personas del equipo de baloncesto, comen en la cafetería, se habla de todo y de nada. Ella le pide a su amiga que la escolte con su carro, pues sabe el peligro y la indiferencia de los automovilistas.

Se prepara con casco, luz de minero y casaca forforescente para ser vista durante la noche. Salen del estacionamiento, la bicicleta adelante y el carro atrás, la ciclista va a su ritmo, el cual es lento para todos los demás, pero no se amedrenta y acelera, le alegra pensar que mueve músculos mientras los demás son tan flojos que necesitan maquinas grandes, aunque con el tráfico que se produce en la noche se da cuenta que va más rápido que los demás.

Llega hasta las coladeras asesinas que están en el paso a desnivel, pareciera que fueron hechas específicamente para que las ruedas de las bicicletas se atoren dentro de ellas. Acelerada por la bajada, hace una maniobra que le permite pasar sin problema. Le indica con señas a su amiga que no hay peligro, el carro trás ella avanza y toma su ruta, ella continúa su trayecto. Pasa por el area de mantenimiento de los autobuses de la universidad, entra a posgrado de ingeniería, luego pasa al lado de las canchas de fútbol americano, entra directo al estacionamiento, alza la vista para mirar el cielo nocturno y observa un murcielago, su vuelo es torpe. Baja la vista y se prepara para topar en la banqueta, hay muchos árboles y es un área que le gusta, se va por el andador y agradece que la puerta de acceso esté abierta, pues otras veces le ha pasado que la cierran y debe salir de la facultad y regresar para agarrar otro camino.

Sale hasta la banqueta de avenida Universidad, cruza el puente peatonal que está cerca, por arriba está el metro. El paisaje le es familiar por los logotipos comerciales: Josephino's, Sirloin Stockade, H-E-B, McDonald's. A lo lejos reconoce el edificio azul con el espectacular que anuncia Ternium. Al llegar a la esquina ve otro anuncio que dice Ancestra. Continúa, pasa por correos, cruza una avenida, sigue en calle Del Bosque, va de bajada y después se esfuerza por subir una loma hasta topar con el centro recreativo Nova.

Se da cuenta que han cerrado el acceso, es la primera vez que le pasa, le pregunta al vigilante cual sería otra alternativa para cruzar, le aclara que no hay pierde, debe seguir y dar la vuelta a la cuadra. Así conoce la calle Famosa, Titan y da con la calle Ojo de Agua, ve otra parte de la colonia Anahuac, pues se encuentra una iglesia, un parque y varias tiendas. En el camino comparte carril con dos ciclistas y topa en Avenida de la Juventud.

Va derecho por toda esta avenida, es por unas bodegas y por unas maquiladoras donde anda con cuidado, pues aunque no hay mucho tráfico, pasan trailers que necesitan su espacio. Sigue el camino, llega a República Mexicana, la cruza. Pasa frente a casa de su hermano, continúa, ya sabe que topará hasta otra avenida donde está el hospital Metropolitano, sigue y entra por una calle donde sólo hay bodegas y pareciera ser que maquiladoras. Al dejar atrás esa calle, ve el panorama familiar, la esquina triangular, donde es Antiguo Camino a Apodaca y los callejones tan característicos de la colonia Constituyentes de Queretaro. Entra y sabe que su casa está a menos de una cuadra, llega al pórtico y unos niños la ven con su casco, lámpara y casaca, le preguntan.

-¿Vienes de trabajar?¿Eres policía?
Y ella responde.
-No, soy bicicletera.

Saca las llaves, abre la puerta, cierra y se acuesta en la cama, relajándose del regreso a casa.

*Este texto lo hice el año pasado para la clase de taller de periodismo, estuvo chido ese taller =)

ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE.

Gracias a Pueblo Bicicletero la bicicleta se puede subir al metro de Monterrey de lunes a viernes de 9 am a 12 pm y en la noche de 9 hasta que el metro se cierre, los fines de semana es durante todo el día, para que sepan más de esto chequen los siguientes enlaces

http://www.pueblobicicletero.org/2011/01/la-bici-se-sube-al-metro.html

http://www.pueblobicicletero.org/2011/02/video-la-bici-se-sube-al-metro.html

martes, 25 de enero de 2011

Rick Roll'd y Trolololed, dos articulos que hice para Decir Revés, ampliados, corregidos y con los enlaces

Estos dos fueron articulos que hice para la revista "Decir Revés" no recuerdo en que meses salieron, aunque si recuerdo que fueron hace más de seis meses, y aunque la línea es musical, pude pasar a opinar sobre estos fenómenos en la reva. La mayoria de los que entran a este blegh debe conocerlos muy bien, y digamos que están presentados en la forma en que fui conociéndolos y ampliando un poco el porqué de su existencia, lo único que he agregado son los vídeos que fueron presentados en su momento, ya que en una revista no se puede interactuar con ellos, pero gracias a la magia de internet aquí le agregamos la visual que faltaba, disfrútenlos =).

Rick roll’d ¿has pasado por ello?

“Never gonna give you up, never gonna let you down,
never gonna run around and desert you”
Rick Astley

De entre mis viajes por internet me he encontrado muchas cosas interesantemente jocosas, y el rickrolling es una de ellas ¿y qué demonios es esto? Una bromita de internet que le puede pasar a cualquiera que esté en un viaje por cualquier canal de videos, por supuesto que el más famoso es el youtube, pero también lo encuentras en dailymotion y tu.tv. Pondré un ejemplo con el que conocí por primera vez este fenómeno: en uno de esos días ociosos me puse a ver videos de los Muppets, pasé desde el “cookie monster metal”(mi favorito) hasta el Conde Contar censurado cada que en inglés decía la palabra “count”, entonces, entre las listas recomendadas, vi un videíto que decía “Muppets bloopers”, hice clic sobre tan atractivo link pues quería seguir con la diversión de tan absurdos videomontajes. Lo que se me reveló fue el personaje de Basilo cantando el tema “Never gonna let you down” seguido de un letrero sostenido por otros muppets que decía “you’ve been rick rolled”.


Fue aquí cuando cibernéticomentalmente dije “WTF?!” (o en la traducción en su equivalencia mexicana “¿Qué chingados es esto?”). Y Basilo, junto con la banda, seguía cantando la susodicha canción ochentera.

Pasó un tiempo para que entendiera que había sido aquello, y todo me lo recordó un amigo hacker, quien me dijo a través del messenger que tenía algo interesante para mostrarme, me pasó el link a un video, y como normalmente me pasa documentales relacionados con la Revolución Mexicana, pues pensé que a lo mejor sería algo como eso; clickee en el link y se apareció la cara de Richard Astley volviendo a cantar la misma canción,


Nuevamente volví a reaccionar con un “guatafak” y le pregunté qué diablos había sido eso. “Pues eso, te he rickrolleado porque estaba aburrido” y de hecho el video así se llamaba “rick roll’d”. Entonces me dije “a ver, a ver ¿qué fregados es esto del rickrolled? Quisiera saber para que ya no me estén molestando con puras babosadas”.

Por supuesto que cuando algo me obsesiona, por muy simple que sea, quiero saber su origen. Y la wikipedia y otras páginas me lo hicieron entender completamente, hasta hay una página completa dedicada al fenómeno del rickrolled que incluye una entrevista con Rick Astley, el autor original de la canción que es ocupada para la broma. Su origen empezó en los foros de la página 4-Chan, es la página gringa más famosa por difundir memes y videos virales, que es lo que viene a ser la tan mencionada broma; todo comenzó por gamers obsesionados que querían un adelanto del, para ese entonces, nuevo videojuego de Grand Theft Auto, de lo poco que pude masticarle a las páginas en inglés es que se les decía que si hacían clic en ese enlace podrían ver un video para saber cómo sería el videojuego, para cuando hacían clic ya caían en la broma.

Y para los que son obsesivos de internet se puede presentar de muchas formas, y suele ser disfrazada bajo otra cosa, pues es su intención, aunque no lo quiera suelo encontrarlo, pero consideremos que me pasa solo cuando llevo de seis a diez horas conectada a internet, y no es algo que todos lleguen a aguantar. Se me ha presentado cuando busco videos de los setentas o buscando pornografía gratuita, es lo que me saco, ni modo. No me queda más que reír al igual que Rick Astley, así es, él está enterado de cómo uno de sus éxitos está siendo usado como broma de internet, le llama la atención y le gusta. En la misma página dedicada a esta broma de internet se hace mención a que en un show masivo rickrollearon a todos los que estaban presentes.


Y aunque no esté en internet cada que me topo con la canción, sea en espacio libre, en la radio, o cambiando furtivamente los canales de televisión, no puedo evitar decir que en esa ocasión he sido “rickrolleada” y quedarme riendo por una broma que he sacado desde la ficción de internet a la absurda realidad en la que vivo.

*Un extra que me acabo de encontrar, como rickrollear a alguien explicado en otro vídeo en el siguiente enlace.

http://www.youtube.com/watch?v=qmPmIJyi0sc

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Edward Khil, el trolololo man, la nueva broma pacífica de internet

Cuando el trololol se apodera de tí no puedes soltarlo, estarás condenado a que se repita en tu cabeza y en tu imaginación, con su risa cantora, burlándose de tí, y con su expresión de burla que dura unos diesiocho segundos exactos. Esta es la última broma que ha dejado de lado al rickrolled. Conocido como la nueva broma proveniente de Rusia, traída desde los nidos del movimiento anónimo de 4 Chan, a las puertas del youtube. Y mi experiencia fue desde facebook. Como buena adicta a la granjita vi que mi amigo Barrabás publicó algo como “Miren, en este video vienen trucos de farmville para que hagan crecer sus pollos, tengan más premios y eso” y los comentarios decían algo como “Mis cerdos te lo agradecen” o “Ya tengo dinero y ustedes no” entonces hice clic

y aparecía esta imitación del personaje de Ken vocalizando y sin letra alguna, me vino un ataque de risa que me sacó baba morada y me dieron convulsiones... okey, eso no, pero sí me hizo reir y dije “¡Maldición, me lo han hecho con una nueva broma de internet!” y como siempre soy tan ociosa y tan obsesiva-compulsiva, me dije “A ver ¿de donde salió esta cosa?” y empecé por pasos ¿es este tipo gringo? No, no es gringo ¿los comentarios dicen que es de origen ruso?¿que en la Rusia Comunista son unos raros y por eso se ve como un psicopata?

Okey, ya vas que es ruso ¿y luego? Pues ver la versión completa, que en realidad trataba de una transmisión televisiva de los sesentas, y la música era al estilo de los cantantes italianos y franceses, y por no dejar de lado a nuestra versión genérica al estilo de Enrique Guzmán pero muchísimo mejor, con los estilos de una banda con flautas, trompetas y xilófonos, esa música popular, bonita y sentimental, resultado de la posguerra.

El hombre en cuestión se trataba de Edward Khil, un cantautor famoso, y es que aunque a él le componían la música, él hacía la letra, y además tomó clases en conservatorio, esto da pie a una gran calidad artística, tan es así que en 1974 fue nombrado Artista del Pueblo, en un reconocimiento que solamente daba el gobierno de la Unión Soviética. Y fue así como pudo saltar a la fama, y el trololol era una canción en específico, que en la traducción en español se llama “Estoy muy feliz porque finalmente regreso a casa” la cual fue censurada en aquella época, pues la letra original hablaba de un vaquero que regresaba de un viaje a ver a su esposa e hijos, y finalmente optaron porque solo fuera una vocalización, que resultó en algo muy feliz y meloso, sin tener el tema letrístico necesariamente.

Decadas más tarde, entre los que estuvo activo, cantó, tuvo hijos, y fue olvidado, regresó a la vida gracias a volverse una broma y a parodias que surgieron como resultado de esto mismo. Contrario a lo que se podría pensar, o al oportunismo de Rick Astely quien solo se fijó en la publicidad, Edward Khil tomó estas cosas con buen humor, agradeció incluso que por esto volviera a ser reconocido y que las personas que escuchaban su canción disfrutaran, se alegraran y volvieran a sonreír como resultado de esto. Y en cada entrevista que le hacen, es una sonrisa segura, pues así como lo vemos en el video, así continúa sonriendo y haciendo música, pese a tener setenta años no se ve tan anciano, y la alegria de la vida forma parte de ello que ayuda a mejorarlo. La última noticia con él ha sido pedirle a la comunidad de internet que si gustan escriban una letra para que todo el mundo la cante, y así unirnos todos en una canción de paz, o por lo menos algo que nos alegre el día cuando lo veamos, porque entre tanto amargoso que hay en el mundo, más temas que ya sabemos que son de antemano amargos, nunca nos detenemos a pensar en lo bueno, ni en la alegría de la existencia.

Wikipedia, youtube y algunos blogs que ahora no recuerdo pero que estaban igual de obsesionados con la figura del cantante hicieron posible la información para que este articulo pudiera salir. Google no me da oportunidad de encontrarlos para darles el crédito, pero de antemano les agradezco que pudieran compartir esa información y estas actualizaciones locas conmigo.

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Y estos fueron todos los dos artículos que les comparto, la la la trololo =)

miércoles, 12 de enero de 2011

Un recuento sobre lo que vi y viví en esta época y otras cositas

Después de Rammstein no me di oportunidad de actualizar por lo mismo de que estaba en exámenes finales, y eso fue lo que me quitó algo de tiempo.

Además de la libertad que disfruté con las vacaciones, las cuales las disfruté con mi novio, me dio oportunidad de conocer todavía más a su familia. No tomé fotografías como hubiera querido porque no tengo cámara, pero hago una confesión: estuve todo Navidad, Año Nuevo y hasta Día de Reyes. Vi un poco de todo, no puedo decir que me la pasé de fiesta, pero dejen organizarme en ideas.

De momento se me ocurre esto, me limitaré a listas de películas que vi y que podría llegar a reseñar pero como son demasiadas solamente pondré unas palabras de opinión sobre ellas:

Motherhood

Con Uma Thurman, y otros actores que no reconocí, la vi en el camión cuando iba al D.F. Me gustó por mostrar la vida de una escritora fracasada que se dedica a ser madre, y debe darse tiempo para vivir un poco como mujer, madre, esposa arreglatodo y dándose un pequeño espacio para poder hacer lo que le gusta. Chick flick para las que quieran ser madres alguna vez, o reconsiderarlo.

Después de esto y al llegar al D.F. me di mis días de descanso, jugué Guitar Hero de los Beatles y en una noche vi las siguientes películas.


Perros de reserva.

La primera película de Tarantino, con un joven Tim Roth. Historia sencilla, low budget, bien hecha, personajes con nombres de colores para que no puedan identificarlos en el asalto que hace que se lleven unos diamantes, pocas locaciones pero un argumento fuerte. Justifica que sea una película independiente bien hecha con la cual Tarantino saltó a la fama.

Bondcock saints.

Con el unico actor reconocible para mí que es Willem Defoe, aparentemente una película estrenada para la televisión, pues el formato es parecido, aunque la historia es de dos hermanos con raíces irlandesas que por casualidad llegan a matar a los tipos malos, y el detective que averigua su caso no parece explicar un patrón sobre el asesinato de gangsters, padrotes y dealers. Otra película que vale la pena entre tanta testosterona, situaciones inesperadas y un merecido final que lógicamente no contaré.


Tron Legacy 3-D.

Esta merece una entrada más extensa, debido a que es estreno. Por lo mismo se han hecho diferentes reseñas en diversos blogs y la mayoría opinan lo mismo, fue una excelente idea que hicieran la película como una segunda parte y no como un remake, porque al menos rescata todo lo que eran los ochentas, esa esperanza que se ponía en el internet y en una democracia que no vendría. Las primeras escenas hablan de eso, pues el hijo de quien quedó atrapado en la computadora sabotea a la compañía para que suelten de forma gratuita un programa de computadoras, con esto se hace una crítica a monopolios como Windows, pero no nos adentremos tanto. Llegando a la técnica con la que es presentada, es la primera vez que miro una película en 3-D y la verdad se siente la profundidad, me llegué a marear en algunas escenas. La historia me gustó porque todavía retoma esa esperanza del unir la humanidad con el ciberespacio (como lo conocíamos los noventeros). También no dejemos de lado el cameo de Daft Punk, bien merecido por hacer una excelente banda sonora. Y aunque a veces la historia afloja, sobre todo al final, no se puede decir que es mala, palomera o churrote. Es buena, más no genial, exceptuando los efectos especiales que a muchos en el cine nos impactaron.


2012

Con John Cusack y el resto me son desconocidos. Película basada en la dizque profecia maya, con una dizque forma en que la tierra dizque se va a acabar, con unos dizque terremotos bien dizque gigantes y unas olotas bien dizque destructivas con unas barcas dizque que salvan la humanidad. con una dizque familia y unos dizque hijos que necesitan unir a una familia, y valores americanos y blablablabla. Me reí en las secuencias del carro y de los aviones, la vi dos veces de ida y regreso en camión.



Black swan

La última con Natalie Portman, dirigida por Daren Aronofski, explicado muy bien como un thriller psicológico ¿será verdad, será mentira, será la vieja del otro día? Y es que así está la película. Uno puede ver el avance y sí, se trata de una bailarina de ballet, pero esta tiene que lidiar entre ser el cisne bueno o el cisne malo, y uno no sabe que está pasando, que tanto alucina y que tanto pasa realmente. La gran sorpresa fue saber que también participaba Winnona Ryder con un papel pequeño pero precisón. Cuando terminen la película muchos de ustedes dirán "¿que pedo?" pero eso la hace todavía mejor. Por cierto, esta la vi en internet porque todavía no está en estreno ¿y qué?¿y qué?¿y qué?

Y en cuanto a lo demás, bueno, en fechas recientes me he encontrado a los siguientes ilustradores: Bernard Montorgueil, de quien poco se sabe, ni siquiera tiene entrada en wikipedia, pero sus imágenes son muy explícitas y pornográficas, pero un reflejo de que en los años 20s y 30s si tenían sexo. En adición está John Tenniel caracterizado por ser ilustrador de "Alicia en el país de las maravillas".

De pintores, me enteré que era una mujer la que retrataba a Maria Antonieta y a otros aristócratas francesas, ella se llamaba Marie Louise Élisabeth Vigée-Lebrun

Otro conocimiento que tuve, gracias a mi novio, es que la rola del panamericano que tanto está pegando es sólo una echada a perder de otra rola más vieja y mejor hecha


Y los que me leen en Decir Revés saben que no tengo nada en contra de los que remixean, siempre y cuando lo hagan con creatividad.

De momento esa es mi entrada, lamento que se haya acumulado tanto estos días, pero es que estaba de vacaciones =)