Este post salió debido a que un amigo me pasó una página llamada “Guía para andar en México”, uno la puede encontrar fácilmente googleando “méxico sí, méxico no”, y debido a esto le dije que la mejor forma de adaptarse al Distrito Federal es tener mucha apertura y nunca querer imponer tus puntos de vista, porque es precisamente lo que se hace en una ciudad cosmopolita, lo que importa es la tolerancia, y luego el apreciar al otro, y ojo que esto no se trata de un patriotismo chauvinista, sencillamente a nosotros mismos que nos encontramos aquí no logramos ver todas las cosas buenas que hay, pero estando lejos bien que se extrañan. Volviendo al punto, este mismo amigo me preguntó hace años que de donde me sentía y ya que estamos en septiembre y con el desencanto del país, pues trataré de hacer una entrada más amena y menos encabronada como la anterior y daré lo que sé de viajar, conocer y andar, todo a partir de una biografía no autorizada que puse en facebook.
Nací en el D.F., me trajeron poquito después del terremoto del '85 a Tamaulipas, específicamente a Reynosa, donde me registraron en el acta de nacimiento. Viví toda mi infancia en Cd. Victoria, capital del estado, y me la pasé ahí hasta los 9 o 10 años. Luego viví mi adolescencia en Reynosa, y hasta los 18 me largué a vivir en el D.F. casi dos años, de ahí hubo un año que me la pasé de allá para acá (hubo como mes y medio que estuve en Guadalajara), y otro año que me quedé en Reynosa para acabar la prepa, después de eso volví al D.F. para tratar suerte en la UNAM, cosa que no logré, pero estuve año y medio por mi cuenta, y de ese año y medio, dependí de mi misma casi unos 6 u 8 meses. Después de ahí me arranqué a Monterranch, en Nuevo León, y ya casi llevo cuatro años en ese ranchote. Ahorita estoy de vacaciones en Reynosa y pues por eso muchos de mis amigos me preguntan que de donde soy, y realmente soy de donde esté, claro, sin clavarme tanto, así tengo que especificar en qué años o en que momentos me encontraba en tal lugar, y es fácil perderse entre tanta vuelta.
Con esto también debo aclarar que en la infancia en Cd. Victoria pasé por muchos cambios de casa, y lo mismo en Reynosa, puedo especular de todas las razones que nos obligaron a cambiarnos estaba la crisis del '94, los cambios políticos, las indecisiones y el trabajo de mi papá (que es ingeniero civil). Respecto a mis padres, pues es la misma historia: madre tamaulipeca con parentela que ya había llegado a Texas, Estados Unidos; padre chilango nacido en Rio Blanco, Veracruz, y sus padres, mis abuelos paternos, uno de Puebla y otro de Oaxaca (lugar que me falta visitar). Así que es quizá que estos orígenes tan contrastantes son la razón de que me lleve bien con el país y no quiera imponer nada ni decir nada de nadie, pues cada quién es diferente y especial.
Si hay algo que esto me ha ayudado es en entender que el país tiene muchas caras y que todas son buenas, así me llegué a romper los dientes con chocolate de Nochistlán que mi abuelo nos traía, disfruté de las luciérnagas en las montañas de Zapotitlán de Mendez, supe que el café era una fruta roja con la cual salía un grano muy bueno, y con esto también supe comer grillos... perdón, chapulines salados; llegué a probar los keikitos texanos y la soda lone star y pasar a McAllen a pulguear o a ranchear y recoger zanahorias de campos recién arados, además de ver cómo mataban cabritos para bodas muy rancheras, con banda sinaloense y toda la cosa, además de visitar las tumbas de mis ancestros en el panteón municipal de Cd. Victoria.
Y haciendo una reflexión de todo esto, también me tocó estar en escuelas contrastantes, una colonial como la Guadalupe Victoria, otra más moderna como la Timotea Castañeda y otra más actual como el CBtis 7, y lugares apretujados como la Hector Espinoza.
Mi encuentro con Nuevo León tiene poco, cómo ya lo he mencionado, apenas tres años. Y no sé, quizá sean mis orígenes, quizá sea mi forma de percibirlo, o quizá sea que la globalización hace más recelosas y xenpofobas a las personas, pero es aquí donde he sentido esa cerrazón que mencioné en la entrada anterior. Pero, vuelvo a insistir, no nos adentremos en el encabronamiento, sino en lo que he aprendido. Quizá he tenido el privilegio que otros no tienen de viajar y de conocer, y en la propia UANL también me he encontrado con gente que pasa por lo mismo, pero son sus primeros viajes: han salido de Durango, San Luis Potosí, Coahuila y Chihuahua que a estas alturas ¿vale la pena cerrarse a decir y señalar las diferencias? ¡Si estamos en un solo país!¡Tan basto y tan amplio! Ya bien lo dije, mi zona es el noreste, pero también he andado por el D.F. y en el Estado de México, he vagabundeado por Ixtapaluca (gracias a mi novio) por Ecatepec, por Cuautitlán Izcalli y por Tlalnepantla, y aunque sean parte de una gran megalopolis, en su pensamiento hay muchas cosas que los diferencian de los del D.F. y aún así no dejan de ser personas que quieren lo mismo: un mejor lugar para sus hijos, tranquilidad, paz. Así a grandes rasgos ya sabemos que lo que hace falta es educación y gusto por saber y explorar, entender el punto de vista del otro y tomar lo bueno de ese punto de vista, eso es lo que nos hace seres humanos, no el pelearnos entre todos y dividirnos a través de armas e intereses monetarios ¿o que tampoco se dan cuenta que si no hay apoyo mutuo no se puede hacer nada? Les conviene, de veras xD.
Ahora, como un agregado diré que aunque mi timidez no me ha permitido tratar mucho con ellos, he llegado a convivir con alemanes, con canadienses, con africanos y españoles, y el trato con ellos sigue siendo el mismo, con gran apertura, intercambio y deseos de conocernos entre nosotros. Así que sin grandes rasgos ¿por qué no nos estrechamos las manos, nos damos un abrazo y decimos "why can't we be friends?"
Porque si le zafan, pues entonces serán como esta rolita,
Y como ven, al zafarse, vamos todos en la bolita, así que hay que ayudar a que la bolita no nos lleve a un lugar en el que seguiremos si continuamos como vamos, que es la chingada, pero bueno, ya que estamos ahí no la hagamos enojar más y hagamos algo constructivo y menos destructivo, en mi caso será hacer la tarea después de terminar esta entrada en su blog de confianza, se ven, se divierten, eviten el mal copeo, enséñenles a sus hijos a investigar y sobretodo no se claven en lo malo porque lo atraen más, mejor hagan lo bueno para que esto les llegue, sobres morros =D
El blog desmadroso, reseñoso y notifuricufragilísticoespialidoso, con lo literario, poético, sangrón, fufurufo, serio y elevado de Laura E. Cáceres
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viernes, 16 de septiembre de 2011
Mi lado norteño, mi lado chilango, mi lado mexicano
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domingo, 4 de enero de 2009
Un vistazo al Otro Lado underground y barato
Vengo cansada, me duelen las piernas, me duelen los tobillos, caminé mucho. ¿Que hice? Pues fui al Otro Lado, es un término tan común por acá que cuando alguien del Distrito Federal me habla, o incluso algunos de San Luis Potosí me han preguntado qué significa ir al Otro Lado, y esto es cruzar la frontera, pasar de la linea, nadar por el Bravo... pasar al Otro Lado, pues, y no implica que es llegar a la muerte (aunque para algunos migrantes sí resulta así, pero no hablaré de algo que se ha hablado demasíado).
Anduve en la pulga... sí, la pulga de San Juan, la flea market, el mercadito de cosas baratas o usadas, esos que se ponen algunos días a la semana, normalmente venden cosas eléctricas, ropa de segundo uso, motores usados, lo que se te ocurra si buscas bien y me impresiona cuanto hubo de contrastante en la ida, para darse una idea, diré que no me sentí alejada del país... por supuesto que tan sólo se trataba de adentrarse de cincuenta a cien kilometros en el valle de Texas, los destinos a donde van la mayoría de los regios: McAllen, Pharr, Hidalgo. Es todo lo mismo, casitas, despoblado, granjas, casitas, despublado, más granjas y así se va. Esta es la vista de las casetas de paso desde lejos, ese es Phar, y es obligado a comprar dólares para poder convertirse en un ente consumista y capitalista. Desde ahí se puede ver parte del puente, es ese techito sin importancia que se ve a lo lejos. En total alcanzamos a cambiar unos 20 dolares que se reparte entre la abuela, mi madre y mi padre

Más adelante fuimos a esa susodicha pulga, y el contraste fue total, se trataba de mercaderes autenticos, vendedores de frutas y verduras, así como venta de mascotas, con una que otra chicanada como esta:

Lo correcto es "Recoja su pedido" pero ya ven, así de bonito se habla el español por acá. También, para sentirte como en la pélicula de "Freaks" estaba una feria manejada por gringos, la entrada costaba un dolar y podías conocer a la rata asesina, al bebé de dos cabezas, a la mujer salvaje, al gallo de cuatro patas y a otras cosas que se te ocurriesen. De esa feriecita ambulante obtuve estas imágenes:



Así es, se trata del cachorrito de un xoloizcuintli, más bien una cachorrita, la señora que se ve al fondo es rubia natural, nada de chingaderas desteñidas. El atractivo era la serpiente, que según platicaba la doña, comía pollo de supermercado y conejos (¡¡¡QUE ALGUIEN PIENSE EN LOS CONEJOS!!!). Ya pueden darse la idea de cómo estaba. Había señores que también vendían iguanas, perros de pelea, y por supuesto cotorritos. Por ser domingo también había más diversión para los que podían pagarla


Al haber comprado unos audífonos chinos en tres dólares y después de habernos pérdido muchas veces, finalmente fuimos a casa de una tía para que hiciera el almuerzo, eran como las once. En el camino vimos una reminiscencia de Alfred Hitchcock, una nube negra de aves indeterminadas, sabía que no eran urracas por que estaban pequeñas, sabía que no eran palomas porque el pico y las alas no concordaban, sabía que tampoco eran golondrinas porque su cola no estaba como una tijera, así que sepa que aves endémicas serían, pero eran demasíadas. Afortunadamente volaron lejos, pero pude fotografiarlas cuando se posaron unos instantes en los cables de luz


De ahi, después de haber almorzado en casa de mi tía, nos movimos al centro comercial más reconocido de McAllen, la Plaza Mall, invasión de JC Penney's, Mellharts, Sears y otras marcas gigantes que no reconozco ni me interesa reconocer. Ovbiamente insulto esa plaza al no haber llevado nada de dinero para gastarlos, pero en ella les puedo vender algo de forma gratuita, se llama baba. Tenía años sin ir, no hay algo interesante que me ofrezca esa plaza, a menos que viva de sueños, como los converse que llegan hasta la rodilla de sesenta dólares, o el juguete de Spawn de quince. Recorrí pocos lugares, estos fueron algunos:


El primero es una tienda de chocolates, los que se te ocurran: alemanes, para fondue, con nueces de la india, con cacahuates, me quedé con el antojo. El segundo ya le ven toda la firmota, a veces se encuentran curiosidades chidas, como un dragón de peluche que me quería llevar a casa y no podía.

Algo que me dejó boquiabierta fueron las maquinas de sueño, cuando las ví dije "¡¿que diablos?!¡les estan vendiendo imaginación!¡algo que ellos mismos pueden crear si se concentran!". Y así es, a tan sólo veinticinco centavos, pero ¿acaso ellos se pueden meter en mi mente y reflejar cuando tengo sueños húmedos con algún personaje?¿acaso ellos recrean mis fantasías?¿acaso ellos me quieren hacer alucinar lo que ya tengo? Ví poco, o más bien nada, como realmente no tenía ni los veinticinco centavos solamente me pude a ver el negro dentro de la maquina, la oscuridad, distinguí que se trataba de una pantallita que seguramente se encendería cuando le metiese la susodicha moneda. Me quedé unos minutos viendo a ese negro y decidí ocupar mi imaginación, llegué a ver nieve y a un gusanito con muchos zapatos bailando al son de la huaracha sabrosona, lo protegía un arbol de color amarillo. El vistazo me salió barato, creo que fue lo que más disfruté y sin gastar nada, pobrecitos de los niños que miraban por una moneda.
De ahí, con todo el cansancio que provoca caminar, regresamos a Reynosa, pasando por el puente de Hidalgo
Anduve en la pulga... sí, la pulga de San Juan, la flea market, el mercadito de cosas baratas o usadas, esos que se ponen algunos días a la semana, normalmente venden cosas eléctricas, ropa de segundo uso, motores usados, lo que se te ocurra si buscas bien y me impresiona cuanto hubo de contrastante en la ida, para darse una idea, diré que no me sentí alejada del país... por supuesto que tan sólo se trataba de adentrarse de cincuenta a cien kilometros en el valle de Texas, los destinos a donde van la mayoría de los regios: McAllen, Pharr, Hidalgo. Es todo lo mismo, casitas, despoblado, granjas, casitas, despublado, más granjas y así se va. Esta es la vista de las casetas de paso desde lejos, ese es Phar, y es obligado a comprar dólares para poder convertirse en un ente consumista y capitalista. Desde ahí se puede ver parte del puente, es ese techito sin importancia que se ve a lo lejos. En total alcanzamos a cambiar unos 20 dolares que se reparte entre la abuela, mi madre y mi padre
Más adelante fuimos a esa susodicha pulga, y el contraste fue total, se trataba de mercaderes autenticos, vendedores de frutas y verduras, así como venta de mascotas, con una que otra chicanada como esta:
Lo correcto es "Recoja su pedido" pero ya ven, así de bonito se habla el español por acá. También, para sentirte como en la pélicula de "Freaks" estaba una feria manejada por gringos, la entrada costaba un dolar y podías conocer a la rata asesina, al bebé de dos cabezas, a la mujer salvaje, al gallo de cuatro patas y a otras cosas que se te ocurriesen. De esa feriecita ambulante obtuve estas imágenes:
Así es, se trata del cachorrito de un xoloizcuintli, más bien una cachorrita, la señora que se ve al fondo es rubia natural, nada de chingaderas desteñidas. El atractivo era la serpiente, que según platicaba la doña, comía pollo de supermercado y conejos (¡¡¡QUE ALGUIEN PIENSE EN LOS CONEJOS!!!). Ya pueden darse la idea de cómo estaba. Había señores que también vendían iguanas, perros de pelea, y por supuesto cotorritos. Por ser domingo también había más diversión para los que podían pagarla
Al haber comprado unos audífonos chinos en tres dólares y después de habernos pérdido muchas veces, finalmente fuimos a casa de una tía para que hiciera el almuerzo, eran como las once. En el camino vimos una reminiscencia de Alfred Hitchcock, una nube negra de aves indeterminadas, sabía que no eran urracas por que estaban pequeñas, sabía que no eran palomas porque el pico y las alas no concordaban, sabía que tampoco eran golondrinas porque su cola no estaba como una tijera, así que sepa que aves endémicas serían, pero eran demasíadas. Afortunadamente volaron lejos, pero pude fotografiarlas cuando se posaron unos instantes en los cables de luz
De ahi, después de haber almorzado en casa de mi tía, nos movimos al centro comercial más reconocido de McAllen, la Plaza Mall, invasión de JC Penney's, Mellharts, Sears y otras marcas gigantes que no reconozco ni me interesa reconocer. Ovbiamente insulto esa plaza al no haber llevado nada de dinero para gastarlos, pero en ella les puedo vender algo de forma gratuita, se llama baba. Tenía años sin ir, no hay algo interesante que me ofrezca esa plaza, a menos que viva de sueños, como los converse que llegan hasta la rodilla de sesenta dólares, o el juguete de Spawn de quince. Recorrí pocos lugares, estos fueron algunos:
El primero es una tienda de chocolates, los que se te ocurran: alemanes, para fondue, con nueces de la india, con cacahuates, me quedé con el antojo. El segundo ya le ven toda la firmota, a veces se encuentran curiosidades chidas, como un dragón de peluche que me quería llevar a casa y no podía.
Algo que me dejó boquiabierta fueron las maquinas de sueño, cuando las ví dije "¡¿que diablos?!¡les estan vendiendo imaginación!¡algo que ellos mismos pueden crear si se concentran!". Y así es, a tan sólo veinticinco centavos, pero ¿acaso ellos se pueden meter en mi mente y reflejar cuando tengo sueños húmedos con algún personaje?¿acaso ellos recrean mis fantasías?¿acaso ellos me quieren hacer alucinar lo que ya tengo? Ví poco, o más bien nada, como realmente no tenía ni los veinticinco centavos solamente me pude a ver el negro dentro de la maquina, la oscuridad, distinguí que se trataba de una pantallita que seguramente se encendería cuando le metiese la susodicha moneda. Me quedé unos minutos viendo a ese negro y decidí ocupar mi imaginación, llegué a ver nieve y a un gusanito con muchos zapatos bailando al son de la huaracha sabrosona, lo protegía un arbol de color amarillo. El vistazo me salió barato, creo que fue lo que más disfruté y sin gastar nada, pobrecitos de los niños que miraban por una moneda.
De ahí, con todo el cansancio que provoca caminar, regresamos a Reynosa, pasando por el puente de Hidalgo
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