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miércoles, 20 de enero de 2010

Mi experiencia del festival de Pueblo Bicicletero

Este domingo diescisiete de enero tuve una experiencia inolvidable y creadora de endorfinas al por mayor. Se trataba del festival de Pueblo Bicicletero, y es un grupo que busca el respeto a los ciclistas y el dar a conocer la bicicleta como un medio de transporte neto y bueno para con el ambiente.

La Odisea empezó desde que dejé casita como a eso de las doce, la reunión empezaba a las dos de la tarde frente a Colegio Civil, así que enfilé las piernas y comencé a rodar, el deseo de andar en bici con varios desconocidos tomando las calles por unos instantes me movió. Y es que además desde junio del año pasado que quería ir con ellos, sé que el grupo se trata del Pueblo Bicicletero, que se hagan bicibles, que se defiendan los derechos de los que queremos andar en la calle usando nuestra bicicleta para transportarnos. Salí desde mi casa en San Nicolás, anduve parte de una avenida por las banquetas, pasé por otra calle que me llevó directo a la Y Griega, y de ahí me fui todo Parque Fundidora, Paseo Santa Lucía, Macroplaza, pasando por Washington y Juarez y terminando en donde antes mencioné. Llegué con Rosita, mi bicicleta, y parecía ser la única loca, era la una y veinte y el evento comenzaba a las dos. Vagué tantito hasta quedarme en una esquina y protegerme del calor, pues ya venía bien tostada. Y de pronto un chavo se me acerca y me dice "¿tu organizas lo de las bicicletas?" y yo, con cara de guat, le dije que no, que también los estaba buscando. También por ahí se veía un señor con bicitriciclo y otros, pero no estabamos tan seguros que fueran los organizadores. De pronto se acercó una chava buscando entrevistar a los organizadores, pero no supimos responderle. Luego vimos a unos chinos que llegaron por invitación, nos acercamos y hablamos con ellos con un inglés imperfecto. Y de ahí poco a poco se fue juntando la gente, escuché como rumor que iban a llegar unos chavos que ya tenían pedaleando muchas horas, y que venían desde Austin, Texas, en mi ignorancia no sabía a que se referían ya hasta que la pedaleada comenzó a eso de las dos y media, y en el inter, me di cuenta de que ahí estaba una vecina cuando estuve viviendo en Guadalupe, y resulta que ella era de las organizadoras también.

Y de ahí el recorrido fue alrededor de media hora o cuarenta minutos, desde Colegio Civil pasando por Alameda, recorriendo la Macroplaza hasta llegar a Palacio de Gobierno y decirle a Rodrigo Medina que usara su bicicleta, continuamos en Parque Fundidora y de ahí terminamos en el parque de La Luz, donde nos recibieron con una batucada victoriosa, fue ahí cuando pude descansar, antes me quedé impresionada porque los chavos de Austin todavía se pusieron a bailar. Pero estaba tan extasiada del recorrido, de las endorfinas, de la protesta pacífica, que me atreví a hacer el ridiculo y exponer mi punto de vista, se ve en el siguiente video que hasta ahora encontré (comienza en el segundo 27)



De ahí repartieron naranjas para mitigar la sed, y continuó el bailongo con festival y todo, no me pude quedar por cuestiones de lejanía, sin embargo me gustó ver el ánimo y las ganas por luchar con la bicicleta. En el video se omiten las pláticas que involucran la parte espiritual de andar en bici, el sentir el viento, la calma.

No pude profundizar mucho en el festival pues me regresé a casa, durante dos cuadras me acompañaron los orientales, que de igual forma me decían que iban a regresar las bicis que rentaban. Yo por mi parte tenía a Pretzel, quien me esperaba en casa solito. Ahora quisiera poder llevarlo al siguiente festival para que también sea un perro bicicletero. Ahora cada que ando en bici no puedo evitar el pensar en las consignas pegadizas como "una bici más, un coche menos" y "somos... el pueblo, el pueblo bicicletero".

Y como un epilogo, solo quiero mencionar tres cosas:

1.-Estoy de acuerdo con la visión de Rogelio Matamoros sobre las cuestiones literario-punk alrededor de la bici.
2.-Me recomendaron este video de 30 Seconds to Mars, así de colorido fue el recorrido, excepto porque faltaba una bici tan grande como la que sale ahí con el tipo con penacho de arcoiris



3.-La próxima bicicleteada es el 17 de febrero, y el propósito es que ahora hagan los recorridos quincenales, y no mensuales, como solía ser, pueden consultar el facebook:

http://www.facebook.com/home.php?ref=logo#/profile.php?id=100000228545916
http://www.facebook.com/home.php?ref=logo#/group.php?gid=270985286763&ref=ts

Y también la página que acaban de estrenar

http://www.pueblobicicletero.org/

Insisto, me vale madres que me digan que estoy loca por andar en bici, pero es que me encanta hacerlo, y además se resuelven tres problemas: ambiente, salud, transporte.

¡He dicho, caso cerrado!

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Me encantan las bibliotecas pero me cagan los bibliotecarios

Quiero asumir que al menos uno de nosotros ha pisado una biblioteca alguna vez en su vida. A aquellos que gustan de esta experiencia saben lo que hacen en estos templos del saber, sirven para leer, meditar, conocer, explicarse las cosas, y hasta para curarse la cruda como lo ha mencionado Bukowski.

Pero pese a esto tenemos al monstruo de la laguna, a la piedra en el zapato… a la molestia andante guardiana de este conocimiento: el bibliotecario o la bibliotecaria que con su mirada nos observa inquisidor, vigilante de no hacer ruido alguno. No he conocido a un solo bibliotecario que sea sociable o haga sociable el acto de la lectura.

Bien es cierto que la lectura es individual y cada quien va a hacer un viaje interior, ya sea al adentrarse en las mitocondrias de una célula, al enfrentar al krakken en una odisea o a vestirse con turbantes y capa de terciopelo y enfrentar ballenas del tamaño de islas, sin embargo es esta misma experiencia la que se puede platicar entre los amigos, podría empezar con una plática como “oye, güey, mira que me leí un libro bien chingón, acá con batallas bien gore en donde se mueren todos al final, toda una masacre” y la persona en cuestión bien podría hablar de una obra de Shakespeare o el guión de cine hecho libro de La masacre de Texas, de este tipo de libros se pueden encontrar, por este aspecto, la biblioteca es una compañera inolvidable.

Digamos que los dos amigos en cuestión van a la biblioteca y están leyendo al mismo tiempo el libro, saben que van a gritar y a decir alguna expresión entre signos de admiración que diga “¡No mames!¡Atravesado con una lanza y con las tripas de fuera!¡la sangre le chorreaba, jaaaaaa!” y es entonces cuando se acerca el imbécil de quien les hablé anteriormente, el bibliotecario al cual nunca escucharás hablar y solo se dedicará a decir “shhhhhh” cuando te expreses de tal forma.
Sé que tampoco voy a llevarme una grabadora y hacer baile y faramalla en la biblioteca, sino perderían su solemnidad y el lugar silencioso que son, pero el hecho es que cuando vamos y leemos algo por gusto a la biblioteca, el bibliotecario es el primero en desanimarnos, ya sea porque solo se limita a callarnos, o porque no soporta que varias personas que expresan animosamente la opinión de los libros que leen y por lo tanto siente que le están invadiendo su espacio privado.

Fuera de una excepción en Reynosa que siempre estaba dispuesta a ayudar y hasta recomendaba libros con una sonrisa, la mayoría de los bibliotecarios que me han tocado la primera vez que entro a una biblioteca me comen con la mirada. Siempre parece que amenazan por cada persona nueva y con esto creen que hay que comportarse de una forma grosera e indiferente.

Yo soy de las que se anima cuando veo que alguien lee algún libro que le recomendé por primera vez y de ahí se arranca para leer otro y así continua. De pequeña me ha dado esto y siempre he disfrutado cada libro que leo. Lo único que no disfruto son a los bibliotecarios que se acercan a callarme cada que me gana la risa cuando leo un libro que se preste para ello, o cada que hago una expresión por algo que me impresiona dentro del contenido matando así la parte humana del libro.