Estoy emborrachada por algo de ron antillano, y cómo dice su comercial "Soy antillano ¿y qué?" es el ron de los pudientes, y eso que lo tengo desde el cumpleaños de una amiga desde hace dos semanas, pero ahora se prestó para que lo hiciera, y es que hice una lectura de Frarabeuf, un orgasmo constante, y a eos súmale que me siento miedosa por el periódo escolar, más otras cositas que hoy hice demasíado rápido, pues así ando ¿y saben que? Me anda valiendo un reverendo cacahuate, ando feliz, ando atrevida, ando orgásmica. No sé ni cómo decirles todo esto, pero me supongo que es el ritmo de la música que escucho, y la cosa estuvo así, el viernes bajé chingos de cosas gracias a la red de la escuela porque realmente no tengo nada de internet en mi casa, así que ando siguiendo el ritmo que me diejan ¿y que creen? ¡es genial! Creo que en alemán se dice genau... ¿importa desde mi perspectiva de mexican't mexicana?
Me aventuré a andar en bicicleta así ¿y saben qué? la bicicleta rulea para andar ebria, claro, rulearía más si no hubiera tanto pinche carro que te atropellase, mi fortuna estuvo en que hoy es domingo y hay poca circulación, algunas veces quisiera compartir estas experiencias con Rogelio Garza, gran gurú rockero bicicletero. Hablando de bicicletas ¿saben que dentro de una semana se celebrará el cuarto congreso de ciclistas urbanos? claro que iré, espero no estorbar a los grandes organizadores de este magnánimo evento (¡voy voy conmigo!).
¿por qué no he escrito en este mugroso blog? ash, ahora sí les tengo que explicar todo, pero me supongo que ya lo saben. pinche escuela. Y ciertamente, si la gente estuviera más educada podría decir cuanta mamada de todo lo que he visto, desde hermenéutica, semiótica, análisis del discurso, más literatura mexicana del siglo veinte. Además de que ando en una cosita bien pinche: una tesis de ciencia ficción ¿cómo voy a poder hacerta si casi ni hay fuentes en libros? Digo, aparte de eso, resulta que las tesis se hacen con el formato del APA y no del MLA ¿de que diablos les hablo? una forma de citar las fuentes, mientras que una no acepta páginas de internet la otra sí... bueno ¿y que chingados?.
No, no, de veras que me he metido en fines demasiado intelectualoides para mi pequeño cerebro. Ultimamente he tenido nostalgia por los noventas, cuando fue mi infancia, y además de eso he tenido otra nostalgia por buscar algo bueno de los dos mil, y sé que no hay gran cosa, Lauren Dean Valentino, mi amigui de la uni,lo ha resuelto de la forma más fácil: no se puede salir, no se convive, por lo tanto nadie se entera de forma local lo que sucede.
Ahora me comen los zancudos y recuerdo cuando quise faltar a una clase porque extrañaba mi adolescencia, pero no puedo extrañarma, ya tengo 26 años y el año que viene serán 27, está la cercanía de los 30, e inevitablemente mi transformación pasará a ser la de una adulta, pero no quiero ser la adulta amargada que todos conocimos, quiero ser la adulta que está comunicada con las generaciones presentes.
Con otro amigo hablábamos de eso: ahora las generaciones no tienen brecha, se van acercando y la van acortando para ir comunicándose mejor, creo que eso es resultado de que vengan movimientos como Anonymous u otros juicios para los sistemas imperantes, sistemas que se disocian, sistemas que fluyen y tienen que cambiar. No ha habido un cambio desde los setentas, y ya fue mucho aguantar: narcotráfico, elecciones fraudulentas, parecería que no avanzamos, pero algo viene, algo viene y no sé que sea (¿que te fumaste, esé?). Sigo intóxicada de universidad, y por eso lo contrarresto con alcohol. Una profe me dijo que la posmodernidad se había terminado y que ahora estamos en otra etapa, pero no me ha dicho cual es.
Mientras tanto mis logros han sido pocos, parezco una intelectualilla sin grupo, sin voz, sin nada que lo ubique, pero ahí sigo.
Recomendaciones peliculeras (que no necesariamente son culeras):
"El bulto", de Gabriel Retes
y "Veneno para las hadas" de Enrique Taboada, mi comentario crítico es: principio epic, mitad aburrido, final epic, altamente recomendable
Bueno, ya para no aburrirlos con esta pinche entrada tan improvisada (cómo todas las entradas de este su deshonroso blogo) pues nada más les diré: no pierdan la perspectiva. De momento anuncio que dentro de poco mandaré los articulos que respectan para "Decir Revés" la revista en la que he colaborado por más de un año con faltas de ortografía y todo lo que con ello llevan, Enjoy life, enjoy drunk, enjoy whatever
El blog desmadroso, reseñoso y notifuricufragilísticoespialidoso, con lo literario, poético, sangrón, fufurufo, serio y elevado de Laura E. Cáceres
domingo, 6 de noviembre de 2011
Un día borracho, tratando de narrarlo
viernes, 16 de septiembre de 2011
Mi lado norteño, mi lado chilango, mi lado mexicano
Este post salió debido a que un amigo me pasó una página llamada “Guía para andar en México”, uno la puede encontrar fácilmente googleando “méxico sí, méxico no”, y debido a esto le dije que la mejor forma de adaptarse al Distrito Federal es tener mucha apertura y nunca querer imponer tus puntos de vista, porque es precisamente lo que se hace en una ciudad cosmopolita, lo que importa es la tolerancia, y luego el apreciar al otro, y ojo que esto no se trata de un patriotismo chauvinista, sencillamente a nosotros mismos que nos encontramos aquí no logramos ver todas las cosas buenas que hay, pero estando lejos bien que se extrañan. Volviendo al punto, este mismo amigo me preguntó hace años que de donde me sentía y ya que estamos en septiembre y con el desencanto del país, pues trataré de hacer una entrada más amena y menos encabronada como la anterior y daré lo que sé de viajar, conocer y andar, todo a partir de una biografía no autorizada que puse en facebook.
Nací en el D.F., me trajeron poquito después del terremoto del '85 a Tamaulipas, específicamente a Reynosa, donde me registraron en el acta de nacimiento. Viví toda mi infancia en Cd. Victoria, capital del estado, y me la pasé ahí hasta los 9 o 10 años. Luego viví mi adolescencia en Reynosa, y hasta los 18 me largué a vivir en el D.F. casi dos años, de ahí hubo un año que me la pasé de allá para acá (hubo como mes y medio que estuve en Guadalajara), y otro año que me quedé en Reynosa para acabar la prepa, después de eso volví al D.F. para tratar suerte en la UNAM, cosa que no logré, pero estuve año y medio por mi cuenta, y de ese año y medio, dependí de mi misma casi unos 6 u 8 meses. Después de ahí me arranqué a Monterranch, en Nuevo León, y ya casi llevo cuatro años en ese ranchote. Ahorita estoy de vacaciones en Reynosa y pues por eso muchos de mis amigos me preguntan que de donde soy, y realmente soy de donde esté, claro, sin clavarme tanto, así tengo que especificar en qué años o en que momentos me encontraba en tal lugar, y es fácil perderse entre tanta vuelta.
Con esto también debo aclarar que en la infancia en Cd. Victoria pasé por muchos cambios de casa, y lo mismo en Reynosa, puedo especular de todas las razones que nos obligaron a cambiarnos estaba la crisis del '94, los cambios políticos, las indecisiones y el trabajo de mi papá (que es ingeniero civil). Respecto a mis padres, pues es la misma historia: madre tamaulipeca con parentela que ya había llegado a Texas, Estados Unidos; padre chilango nacido en Rio Blanco, Veracruz, y sus padres, mis abuelos paternos, uno de Puebla y otro de Oaxaca (lugar que me falta visitar). Así que es quizá que estos orígenes tan contrastantes son la razón de que me lleve bien con el país y no quiera imponer nada ni decir nada de nadie, pues cada quién es diferente y especial.
Si hay algo que esto me ha ayudado es en entender que el país tiene muchas caras y que todas son buenas, así me llegué a romper los dientes con chocolate de Nochistlán que mi abuelo nos traía, disfruté de las luciérnagas en las montañas de Zapotitlán de Mendez, supe que el café era una fruta roja con la cual salía un grano muy bueno, y con esto también supe comer grillos... perdón, chapulines salados; llegué a probar los keikitos texanos y la soda lone star y pasar a McAllen a pulguear o a ranchear y recoger zanahorias de campos recién arados, además de ver cómo mataban cabritos para bodas muy rancheras, con banda sinaloense y toda la cosa, además de visitar las tumbas de mis ancestros en el panteón municipal de Cd. Victoria.
Y haciendo una reflexión de todo esto, también me tocó estar en escuelas contrastantes, una colonial como la Guadalupe Victoria, otra más moderna como la Timotea Castañeda y otra más actual como el CBtis 7, y lugares apretujados como la Hector Espinoza.
Mi encuentro con Nuevo León tiene poco, cómo ya lo he mencionado, apenas tres años. Y no sé, quizá sean mis orígenes, quizá sea mi forma de percibirlo, o quizá sea que la globalización hace más recelosas y xenpofobas a las personas, pero es aquí donde he sentido esa cerrazón que mencioné en la entrada anterior. Pero, vuelvo a insistir, no nos adentremos en el encabronamiento, sino en lo que he aprendido. Quizá he tenido el privilegio que otros no tienen de viajar y de conocer, y en la propia UANL también me he encontrado con gente que pasa por lo mismo, pero son sus primeros viajes: han salido de Durango, San Luis Potosí, Coahuila y Chihuahua que a estas alturas ¿vale la pena cerrarse a decir y señalar las diferencias? ¡Si estamos en un solo país!¡Tan basto y tan amplio! Ya bien lo dije, mi zona es el noreste, pero también he andado por el D.F. y en el Estado de México, he vagabundeado por Ixtapaluca (gracias a mi novio) por Ecatepec, por Cuautitlán Izcalli y por Tlalnepantla, y aunque sean parte de una gran megalopolis, en su pensamiento hay muchas cosas que los diferencian de los del D.F. y aún así no dejan de ser personas que quieren lo mismo: un mejor lugar para sus hijos, tranquilidad, paz. Así a grandes rasgos ya sabemos que lo que hace falta es educación y gusto por saber y explorar, entender el punto de vista del otro y tomar lo bueno de ese punto de vista, eso es lo que nos hace seres humanos, no el pelearnos entre todos y dividirnos a través de armas e intereses monetarios ¿o que tampoco se dan cuenta que si no hay apoyo mutuo no se puede hacer nada? Les conviene, de veras xD.
Ahora, como un agregado diré que aunque mi timidez no me ha permitido tratar mucho con ellos, he llegado a convivir con alemanes, con canadienses, con africanos y españoles, y el trato con ellos sigue siendo el mismo, con gran apertura, intercambio y deseos de conocernos entre nosotros. Así que sin grandes rasgos ¿por qué no nos estrechamos las manos, nos damos un abrazo y decimos "why can't we be friends?"
Porque si le zafan, pues entonces serán como esta rolita,
Y como ven, al zafarse, vamos todos en la bolita, así que hay que ayudar a que la bolita no nos lleve a un lugar en el que seguiremos si continuamos como vamos, que es la chingada, pero bueno, ya que estamos ahí no la hagamos enojar más y hagamos algo constructivo y menos destructivo, en mi caso será hacer la tarea después de terminar esta entrada en su blog de confianza, se ven, se divierten, eviten el mal copeo, enséñenles a sus hijos a investigar y sobretodo no se claven en lo malo porque lo atraen más, mejor hagan lo bueno para que esto les llegue, sobres morros =D
Nací en el D.F., me trajeron poquito después del terremoto del '85 a Tamaulipas, específicamente a Reynosa, donde me registraron en el acta de nacimiento. Viví toda mi infancia en Cd. Victoria, capital del estado, y me la pasé ahí hasta los 9 o 10 años. Luego viví mi adolescencia en Reynosa, y hasta los 18 me largué a vivir en el D.F. casi dos años, de ahí hubo un año que me la pasé de allá para acá (hubo como mes y medio que estuve en Guadalajara), y otro año que me quedé en Reynosa para acabar la prepa, después de eso volví al D.F. para tratar suerte en la UNAM, cosa que no logré, pero estuve año y medio por mi cuenta, y de ese año y medio, dependí de mi misma casi unos 6 u 8 meses. Después de ahí me arranqué a Monterranch, en Nuevo León, y ya casi llevo cuatro años en ese ranchote. Ahorita estoy de vacaciones en Reynosa y pues por eso muchos de mis amigos me preguntan que de donde soy, y realmente soy de donde esté, claro, sin clavarme tanto, así tengo que especificar en qué años o en que momentos me encontraba en tal lugar, y es fácil perderse entre tanta vuelta.
Con esto también debo aclarar que en la infancia en Cd. Victoria pasé por muchos cambios de casa, y lo mismo en Reynosa, puedo especular de todas las razones que nos obligaron a cambiarnos estaba la crisis del '94, los cambios políticos, las indecisiones y el trabajo de mi papá (que es ingeniero civil). Respecto a mis padres, pues es la misma historia: madre tamaulipeca con parentela que ya había llegado a Texas, Estados Unidos; padre chilango nacido en Rio Blanco, Veracruz, y sus padres, mis abuelos paternos, uno de Puebla y otro de Oaxaca (lugar que me falta visitar). Así que es quizá que estos orígenes tan contrastantes son la razón de que me lleve bien con el país y no quiera imponer nada ni decir nada de nadie, pues cada quién es diferente y especial.
Si hay algo que esto me ha ayudado es en entender que el país tiene muchas caras y que todas son buenas, así me llegué a romper los dientes con chocolate de Nochistlán que mi abuelo nos traía, disfruté de las luciérnagas en las montañas de Zapotitlán de Mendez, supe que el café era una fruta roja con la cual salía un grano muy bueno, y con esto también supe comer grillos... perdón, chapulines salados; llegué a probar los keikitos texanos y la soda lone star y pasar a McAllen a pulguear o a ranchear y recoger zanahorias de campos recién arados, además de ver cómo mataban cabritos para bodas muy rancheras, con banda sinaloense y toda la cosa, además de visitar las tumbas de mis ancestros en el panteón municipal de Cd. Victoria.
Y haciendo una reflexión de todo esto, también me tocó estar en escuelas contrastantes, una colonial como la Guadalupe Victoria, otra más moderna como la Timotea Castañeda y otra más actual como el CBtis 7, y lugares apretujados como la Hector Espinoza.
Mi encuentro con Nuevo León tiene poco, cómo ya lo he mencionado, apenas tres años. Y no sé, quizá sean mis orígenes, quizá sea mi forma de percibirlo, o quizá sea que la globalización hace más recelosas y xenpofobas a las personas, pero es aquí donde he sentido esa cerrazón que mencioné en la entrada anterior. Pero, vuelvo a insistir, no nos adentremos en el encabronamiento, sino en lo que he aprendido. Quizá he tenido el privilegio que otros no tienen de viajar y de conocer, y en la propia UANL también me he encontrado con gente que pasa por lo mismo, pero son sus primeros viajes: han salido de Durango, San Luis Potosí, Coahuila y Chihuahua que a estas alturas ¿vale la pena cerrarse a decir y señalar las diferencias? ¡Si estamos en un solo país!¡Tan basto y tan amplio! Ya bien lo dije, mi zona es el noreste, pero también he andado por el D.F. y en el Estado de México, he vagabundeado por Ixtapaluca (gracias a mi novio) por Ecatepec, por Cuautitlán Izcalli y por Tlalnepantla, y aunque sean parte de una gran megalopolis, en su pensamiento hay muchas cosas que los diferencian de los del D.F. y aún así no dejan de ser personas que quieren lo mismo: un mejor lugar para sus hijos, tranquilidad, paz. Así a grandes rasgos ya sabemos que lo que hace falta es educación y gusto por saber y explorar, entender el punto de vista del otro y tomar lo bueno de ese punto de vista, eso es lo que nos hace seres humanos, no el pelearnos entre todos y dividirnos a través de armas e intereses monetarios ¿o que tampoco se dan cuenta que si no hay apoyo mutuo no se puede hacer nada? Les conviene, de veras xD.
Ahora, como un agregado diré que aunque mi timidez no me ha permitido tratar mucho con ellos, he llegado a convivir con alemanes, con canadienses, con africanos y españoles, y el trato con ellos sigue siendo el mismo, con gran apertura, intercambio y deseos de conocernos entre nosotros. Así que sin grandes rasgos ¿por qué no nos estrechamos las manos, nos damos un abrazo y decimos "why can't we be friends?"
Porque si le zafan, pues entonces serán como esta rolita,
Y como ven, al zafarse, vamos todos en la bolita, así que hay que ayudar a que la bolita no nos lleve a un lugar en el que seguiremos si continuamos como vamos, que es la chingada, pero bueno, ya que estamos ahí no la hagamos enojar más y hagamos algo constructivo y menos destructivo, en mi caso será hacer la tarea después de terminar esta entrada en su blog de confianza, se ven, se divierten, eviten el mal copeo, enséñenles a sus hijos a investigar y sobretodo no se claven en lo malo porque lo atraen más, mejor hagan lo bueno para que esto les llegue, sobres morros =D
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viernes, 26 de agosto de 2011
51 muertos o 53 muertos ¿importa?
Normalmente suelo pensar mucho lo que voy a postear antes de postearlo, pero la situación que se presentó tan rápido ayer no me deja dar una visión más objetiva (aunque bueno, este blog nunca se ha caracterizado por ser así). Sin embargo, en el trayecto del día de ayer con cada muerto que aparecía fue incrementando más y más mi indignidad, hasta llegar a la parte caústica en la que dije "bien, ya llevan 32 muertos, pero sigan diciendo que son chingones, digan diciendo que son perfectos, cabrones ¿en donde está su perfección?" y dejar salir mi lado discriminatorio por autodefensa.
Ciertamente en Monterrey tuve la oportunidad de ver que son personas trabajadores, workaholicas incluso, y sí, pude salir a las 2 o 3 de la mañana por Barrio Antiguo a tocadas de metal, pero el hecho de platicar que me la pasé primero en México D.F. y luego aquí también hizo que me tocara mucha discriminación con un clásico "¿de donde eres? Se nota que no eres de por aquí" y bueno ¿eso qué? A final de cuentas, poco a poco se fue convirtiendo en una ciudad hostil, desde el segundo en que yo profesé haber ido al Forum de las culturas para enterarme que los que aquí en la ciudad no iban porque preferían pasar los viernes tomando chela, y también desde el momento en que el Forum desapareció y comenzaron a cobrar por eventos culturales, desde que entré a la U.A.N.L. por no haber otras opciones en la U.N.A.M. y tuve que pagar más de 10mil pesos por ser alumna ajena a una escuela que supuestamente es autónoma (medida que si me lo preguntan, ya es algo discriminatorio también), y desde el segundo en que no me permitieron usar la alberca de la universidad por una entrenadora mediocre (Martha Ileana Butchart, te nombro para que se sepa cómo tratas) y también desde el segundo en que se me niega beca de escasos recursos por ser alumna foránea. Lo diré, en mis cuatro años en el D.F. nunca me habían tratado tan mal cómo aquí.
Y ahora que se comienza a evidenciar toda esa violencia existente, se entiende que existan otras personas encabronadas, personas en la Independencia, en la colonia San Diego, en las orillas de la ciudad, en la Alameda, y aún así se siguen preguntando porqué pasó esto.
Y se los juro, ayer traté de comportarme como mis vecinos, ser caústica y sarcástica, decir "sí, a mi no me pasa nada" y ahora que llego a la escuela y entro a Consejo Estudiantil de la Facultad de Filosofía y letras oigo que tienen una canción de Control Machete y digo "no puedo escuchar nada regio sin sentir algo de coraje" y se atreven a preguntarme "¿por qué?¿por lo que pasó ayer?" No, pendejo, por racista inconsciente y mala ¡claro que por lo que pasó ayer! Pero saben qué, ya estoy harta de que me tengan de su babosa, preocupándome cuando ellos mismos ni siquiera se preocupan por ellos. Quieren destruir un bosque por futbol, quieren negar educación, quieren estar embrutecidos y sin pensar, sin hacer nada. Preocupándose en individuo y no en colectivo. Lo volveré a decir como a todo el mundo se lo he dicho: esos chilangos cagantitos, presumidos, alzados, mamones que se creen la gran riata me los vine a encontrar en Monterrey. Agresivos con sus carros, agresivos con sus tratos, agresivos al prestar un libro en la biblioteca, con la cara como si tuvieran la caca en el labio superior.
51 muertos o 53 muerto, otro orgullo regio más después de la ciudad más racista, más ecocida, la que tiene menos parques verdes, la que tiene más crimenes sin resolver y las instituciones más misóginas. Bravo, eh.
Mejor lean a mi amigo Decir Revés y su forma de indignación, es más acorde a la situación y son las mismas críticas que yo hago pero en otro tono
http://www.decireves.com/2011/08/again.html
La verdad yo estoy superencabronada, y la verdad he pendejeado mucho a los regios, generalizándolos, pero esto no va con mis amigos ni mis compañeros de la uni, sólo sé que es mera ignorancia de la situación.
El sábado es día de la marcha de las preguntas y el domingo hay rodada en silencio.
http://www.facebook.com/event.php?eid=147255798693265
http://www.facebook.com/event.php?eid=261363500549329
Ciertamente en Monterrey tuve la oportunidad de ver que son personas trabajadores, workaholicas incluso, y sí, pude salir a las 2 o 3 de la mañana por Barrio Antiguo a tocadas de metal, pero el hecho de platicar que me la pasé primero en México D.F. y luego aquí también hizo que me tocara mucha discriminación con un clásico "¿de donde eres? Se nota que no eres de por aquí" y bueno ¿eso qué? A final de cuentas, poco a poco se fue convirtiendo en una ciudad hostil, desde el segundo en que yo profesé haber ido al Forum de las culturas para enterarme que los que aquí en la ciudad no iban porque preferían pasar los viernes tomando chela, y también desde el momento en que el Forum desapareció y comenzaron a cobrar por eventos culturales, desde que entré a la U.A.N.L. por no haber otras opciones en la U.N.A.M. y tuve que pagar más de 10mil pesos por ser alumna ajena a una escuela que supuestamente es autónoma (medida que si me lo preguntan, ya es algo discriminatorio también), y desde el segundo en que no me permitieron usar la alberca de la universidad por una entrenadora mediocre (Martha Ileana Butchart, te nombro para que se sepa cómo tratas) y también desde el segundo en que se me niega beca de escasos recursos por ser alumna foránea. Lo diré, en mis cuatro años en el D.F. nunca me habían tratado tan mal cómo aquí.
Y ahora que se comienza a evidenciar toda esa violencia existente, se entiende que existan otras personas encabronadas, personas en la Independencia, en la colonia San Diego, en las orillas de la ciudad, en la Alameda, y aún así se siguen preguntando porqué pasó esto.
Y se los juro, ayer traté de comportarme como mis vecinos, ser caústica y sarcástica, decir "sí, a mi no me pasa nada" y ahora que llego a la escuela y entro a Consejo Estudiantil de la Facultad de Filosofía y letras oigo que tienen una canción de Control Machete y digo "no puedo escuchar nada regio sin sentir algo de coraje" y se atreven a preguntarme "¿por qué?¿por lo que pasó ayer?" No, pendejo, por racista inconsciente y mala ¡claro que por lo que pasó ayer! Pero saben qué, ya estoy harta de que me tengan de su babosa, preocupándome cuando ellos mismos ni siquiera se preocupan por ellos. Quieren destruir un bosque por futbol, quieren negar educación, quieren estar embrutecidos y sin pensar, sin hacer nada. Preocupándose en individuo y no en colectivo. Lo volveré a decir como a todo el mundo se lo he dicho: esos chilangos cagantitos, presumidos, alzados, mamones que se creen la gran riata me los vine a encontrar en Monterrey. Agresivos con sus carros, agresivos con sus tratos, agresivos al prestar un libro en la biblioteca, con la cara como si tuvieran la caca en el labio superior.
51 muertos o 53 muerto, otro orgullo regio más después de la ciudad más racista, más ecocida, la que tiene menos parques verdes, la que tiene más crimenes sin resolver y las instituciones más misóginas. Bravo, eh.
Mejor lean a mi amigo Decir Revés y su forma de indignación, es más acorde a la situación y son las mismas críticas que yo hago pero en otro tono
http://www.decireves.com/2011/08/again.html
La verdad yo estoy superencabronada, y la verdad he pendejeado mucho a los regios, generalizándolos, pero esto no va con mis amigos ni mis compañeros de la uni, sólo sé que es mera ignorancia de la situación.
El sábado es día de la marcha de las preguntas y el domingo hay rodada en silencio.
http://www.facebook.com/event.php?eid=147255798693265
http://www.facebook.com/event.php?eid=261363500549329
domingo, 24 de julio de 2011
Un cuentito que me encontré por ahí ociosando en internet
No tiene título, los créditos le pertenecen al blog de Lisandra Ramírez Carrillo:
Un día decidió no moverse más, quedarse acostado no sonaba mal, al menos era mucho mejor que levantarse, bañarse, ir al trabajo, pasar las tardes viendo la luz desvanecerse junto al sonido de la tele. Hacía tiempo que la comida tenía un cierto gusto a cartón (cosa de los transgénicos seguramente), así que no la extranaría mucho; pero al agua, al agua sí... habría que hacerse de una gran pila de agua y una manguera antes de comenzar con la gran empresa...
Al día siguiente faltó a su trabajo, no contestó el teléfono - no dejo de sonar hasta las diez de la mañana cuando su jefe se aceptó tristemente que no tendría más remedio que hacer lo que oficialmente no le correspondía.
10:30, se levantó animoso, ¿porqué no? era la última vez que se exigiría tan penosa faena; es más, hasta sintió un leve placer al tocar el piso con los pies descalzos. El baño lo postergó para la noche, después de todo, había que procurar algo de higiene para su descanso.
En el mercado se encontró dicharachero y sonriente - la señora de la jarciería pensó que estaba borracho-. Se preparó una última cena, sus platillos favoritos, pero igual la comida no coolaboró y tuvo que tirarla prácticamente sin tocarla, no importaba, de cualquier forma no tenía hambre como desde hacía varios meses, de hecho le alegró mucho pensar que esa sería la última vez que tendría que sentir comida en su boca.
Antes de acostarse tomó un largo baño con agua caliente, llamó al par de amigos que aún conservaba, besó una foto de su madre y tras disponer su fuente de agua se fue a la cama.
Lamentó no sentir un último abrazo, no poder hacer el amor, no volver a leer un buen libro (se consoló pensando en lo mucho que hacía desde la última vez que logró concentrarse con algo); también lamentó todos sus sueños perdidos, pero bueno ahora tendría muchos otros, de eso se trataba todo ¿no?
Escuchó el silencio, sintió la paz que tanto había buscado y cerró los ojos.
____________ ______________
Le encontrarón un año después, las constantes quejas de la vecina de arriba convencieron a la casera de abrir el departamento, decía que su piso estaba lleno de humedad y habían empezado a brotar retoños de una hierba en su alfombra, aseguraba que era cosa del diablo "ya ve como es ese muchacho, si yo siempre supe que era raro, seguro está cosechando marihuana o algo". Tanto habló de ello que todos los vecinos se reunieron para averiguar que pasaba - alguno que otro quería ver si había manera de robarse algún retoñito de su planta-.
Seguía acostado en su cama con una gran sonrisa, de la pila de agua salía una enorme enredadera que cubría todo el cuarto y desprendía un fresco olor a menta.
Un día decidió no moverse más, quedarse acostado no sonaba mal, al menos era mucho mejor que levantarse, bañarse, ir al trabajo, pasar las tardes viendo la luz desvanecerse junto al sonido de la tele. Hacía tiempo que la comida tenía un cierto gusto a cartón (cosa de los transgénicos seguramente), así que no la extranaría mucho; pero al agua, al agua sí... habría que hacerse de una gran pila de agua y una manguera antes de comenzar con la gran empresa...
Al día siguiente faltó a su trabajo, no contestó el teléfono - no dejo de sonar hasta las diez de la mañana cuando su jefe se aceptó tristemente que no tendría más remedio que hacer lo que oficialmente no le correspondía.
10:30, se levantó animoso, ¿porqué no? era la última vez que se exigiría tan penosa faena; es más, hasta sintió un leve placer al tocar el piso con los pies descalzos. El baño lo postergó para la noche, después de todo, había que procurar algo de higiene para su descanso.
En el mercado se encontró dicharachero y sonriente - la señora de la jarciería pensó que estaba borracho-. Se preparó una última cena, sus platillos favoritos, pero igual la comida no coolaboró y tuvo que tirarla prácticamente sin tocarla, no importaba, de cualquier forma no tenía hambre como desde hacía varios meses, de hecho le alegró mucho pensar que esa sería la última vez que tendría que sentir comida en su boca.
Antes de acostarse tomó un largo baño con agua caliente, llamó al par de amigos que aún conservaba, besó una foto de su madre y tras disponer su fuente de agua se fue a la cama.
Lamentó no sentir un último abrazo, no poder hacer el amor, no volver a leer un buen libro (se consoló pensando en lo mucho que hacía desde la última vez que logró concentrarse con algo); también lamentó todos sus sueños perdidos, pero bueno ahora tendría muchos otros, de eso se trataba todo ¿no?
Escuchó el silencio, sintió la paz que tanto había buscado y cerró los ojos.
____________ ______________
Le encontrarón un año después, las constantes quejas de la vecina de arriba convencieron a la casera de abrir el departamento, decía que su piso estaba lleno de humedad y habían empezado a brotar retoños de una hierba en su alfombra, aseguraba que era cosa del diablo "ya ve como es ese muchacho, si yo siempre supe que era raro, seguro está cosechando marihuana o algo". Tanto habló de ello que todos los vecinos se reunieron para averiguar que pasaba - alguno que otro quería ver si había manera de robarse algún retoñito de su planta-.
Seguía acostado en su cama con una gran sonrisa, de la pila de agua salía una enorme enredadera que cubría todo el cuarto y desprendía un fresco olor a menta.
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domingo, 10 de julio de 2011
Bully Magnets, la razón de que este verano ocioso me la haya pasado aprendiendo historia de forma divertida
Pues les hablaré de estos muchachones que a grandes rasgos los conocí por este vídeo que a continuación les presento:
Para esos momentos tuve la oportunidad de darme cuenta que era una página de internet, con entradas a blog y con más vídeos con todas las de la ley: www.bullymagnets.com
Y ¡madresssssanta!¡Me vine a encontrar un resumen de un evento que no entendí en toda mi vida de primaria, secundaria, preparatoria y universidad!
Por supuesto, habré visto este vídeo por ahí de febrero, gracias al Lázaro de por allá en Tampico. Y ya saben, como buena mexicana que deja las cosas para después (le llaman procrastinación) luego lo olvidé, y él también puso este otro que se hizo famoso por la problemática del narco
Por supuesto, habré visto este vídeo por ahí de febrero, gracias al Lázaro de por allá en Tampico. Y ya saben, como buena mexicana que deja las cosas para después (le llaman procrastinación) luego lo olvidé, y él también puso este otro que se hizo famoso por la problemática del narco
Y por supuesto, nuevamente lo volví a olvidar
¿Entonces que diablos provocó que nuevamente volviera a buscar sobre estos videos tan curiosos que es lo que ha provocado que haga este intento de reseña que ahora mismo ustedes se encuentran leyendo? Pues bien, no fue sino hasta que un amigo historiador compartió su gusto por el video, y la página: Laureano, alias facebookero, Longinus Lupus.
Los que están en la facultad de letras en la U.A.N.L. sabrán identificarlo. Y con toda su fascinación desde consejo estudiantil, en un rato ocioso donde no había nadie, volvió a pasar esos vídeos, esto ante un público de unas diez personas. Y por supuesto que cómo soy una metomentodo, y escucho a las personas, pero nunca se enteran, pues me tocó ver nuevamente la ráfaga de imágenes de la Revolución ¡madre mía!¡Seguía siendo impactante!. Fue entonces que me fijé que el usuario en youtube de los vídeos se era un tal BullyMagnets, y yo dije "no, ps que ocioso pero que forma de hacer que se me quede un poco en la cabeza, mira que toda la vida he batallado para la historia".
Total, después de esto le eché un ojo a los videos de la Revolución Francesa, y que estuvo muy presente con la cercanía a la película de "María Antonieta" que apenas acababa de ver en ese entonces. Y de ahí pasé al Japón Feudal, en específico a la sección del Dante Salazar ¡y esta parte es la que me gustó! pues tengo algunos amigos otakus que prefiero mantener distancia con ellos porque casi todo lo ven en anime, y a mi me gusta, pero no me clavo tanto. Y si me hablabas de otras cosas de Japón, sólo tenía la referencia de Akira Kurosawa, Ryonosuke Akutagawa y los samurais.
Total, después de esto le eché un ojo a los videos de la Revolución Francesa, y que estuvo muy presente con la cercanía a la película de "María Antonieta" que apenas acababa de ver en ese entonces. Y de ahí pasé al Japón Feudal, en específico a la sección del Dante Salazar ¡y esta parte es la que me gustó! pues tengo algunos amigos otakus que prefiero mantener distancia con ellos porque casi todo lo ven en anime, y a mi me gusta, pero no me clavo tanto. Y si me hablabas de otras cosas de Japón, sólo tenía la referencia de Akira Kurosawa, Ryonosuke Akutagawa y los samurais.
En fin, poco a poco este señor BullyMagnets empezó a cobrar la forma de Dante Salazar, Leonardo Trento, Luis Felipe Ángeles y Lord Theo Hannah. Entonces yo me dije "¡Bueno ¿y estos tipos que onda?¿que se traen queriéndome educar así a mi pelotuda edad de 26 años?" Y es que realmente, siendo una de tantas sobrevivientes de una educación deficiente que nada más se fija en datos que luego manda a la papelera de reciclaje de su cerebro (por cierto, chida metáfora, Luis Felipe) pues me llegué a obsesionar poco a poco con ellos.
Así, cuando toda la vida has batallado ¿quien no se sentiría aterrado de poder aprender tan fácil cuando toda la vida te han hecho sentir cómo un idiota por absorber poco o casi nada de datos, en todos los niveles escolares? Eso asustaría a cualquiera. Y fue así como también vi la Edad de la Piratería. Digamos que para marzo únicamente tenía de referencia únicamente de esos vídeos en youtube.
Y me decía a mi misma "me daré tiempo de verlos, me daré tiempo de verlos, me daré tiempo de verlos" pero es que entre tanto análisis de literatura, ensayos de autores que pocas personas leen, tarea y demás cosas en la universidad, la verdad abril y mayo fueron meses en los que no me di tiempo de nada, ni de relajarme ni de divertirme, muy apenas pude ver la lista de "Introducción a la historia" y fue únicamente la sección con Dante Salazar. Así, entre otras cosas, por mi cuenta y por cuestión de la universidad, analicé otras cosas cómo Jhumpa Lahiri, la literatura mexicana del siglo XIX y latín, cosa que me recuerda a la leyenda de Bully Magnets: Historicum, conocimentum nerdus. Por esto mismo me tardé en adentrarme a la dinámica, pero a su vez pude compartir el vídeo de la revolución en corto a no recuerdo cuantas personas, entre ellas profesores y otros estudiantes, a algunas a las que se los mostré rieron hasta las lágrimas y aprendieron de formas que no se imaginaron. Otros dijeron análisis tales cómo "este vídeo representa la dinámica en las que las personas no se pueden quedar quietas a pensar, y necesitan algo rápido, una muestra de la época posmodernista"... Sííííííí, pero a final de cuentas es un trabajo en equipo, muy bien hecho.
Para esos momentos tuve la oportunidad de darme cuenta que era una página de internet, con entradas a blog y con más vídeos con todas las de la ley: www.bullymagnets.com
Y anyways ¿a donde voy?
Pues después de mucho batallar con exámenes finales, comportarme como una maldita nerd (se los juro, es raro que pase, pero ¡hasta me han becado anteriormente!) y ya después de pasar el estrés. A mediados de junio dije "¡YA BASTA, ME ESTOY RELAJANDO, SON MIS JODIDAS VACACIONES Y NECESITO ENTRETENIMIENTO!" y fue cuando dije "esto está chido, ahora tengo chance de ver cual es la propuesta de estos chavos" y eso hice. Un fin de semana, cual Neo que se adentra en la Matrix y conecta su cerebro, me puse a ver todos los vídeos, de los de la Navidad, los de Japón, los de la Era de la Pirateria, los del Viejo Oeste (anécdota aparte, mi mamá platica que mi abuelo siempre tuvo ganas de visitar el Viejo Oeste, hasta que se dio cuenta que ya vivía en él, ¡y cómo no! ¡con semejante animalón de condado gringo que tenemos encima como Texas! Cosa que entendió hasta sus últimos años vivo). Y después de haberlos visto todos, de lo único que me arrepiento es de no haber reído más fuerte, pues mientras reía mis padres dormían, aún así mucho conocimiento histórico se me metía al cerebro como droga en una jeringa, y hasta decía "¡oh, cielos, que divertidoooooo, y el conocimiento se queda, se quedaaaaa les digo!" incluso me sentí identificada con muchos personajes históricos, cómo el Quinto Shogún de Japón y su fascinación por los perritos, o la pirata "pateatraseros" Ana Bony, así como mi más reciente aplicación a la vida de la filosofía del "¡SUPÉRALO!".
Ciertamente no quiero adentrarme tanto en temas históricos por que esto es un blog, y sé que lo escrito les llega a aburrir, y yo tiendo mucho al choro como pueden notarlo, sin embargo, échense una vuelta al canal, pues no habrá vídeo que no los enganche.
La forma en que vi los temas no fue cronológica, sino que fue algo dispersa, y por lo tanto revuelta, pero recomiendo que mejor lo vean por épocas para que puedan entender mejor. Así también se quitan las falacias cómo que Estados Unidos no tiene cultura, la historia es un ser que no cambia, la historia la escriben los ganadores o existe un destino predeterminado para todos.
Este canal y esta propuesta, a grandes rasgos es un rayo de luz de sabiduría y conocimiento en un lugar donde parece que vivimos en la amnesia constante y pareciera que somos animalitos que se someten a lo que les dicen desde los maestros, los políticos y la iglesia. Ya que siendo cómo es México, donde aprender algo es una lucha constante (y más con las reformas que se quieren hacer que pretenden eliminar filosofía, historia y otras humanidades) pues esta es una refrescada que más nos hacía falta. Si acaso el único inconveniente que les encuentro es que a veces, por querer pasar este conocimiento a todas las personas, se les pasan algunos datos históricos, o hacen falsos documentales tan entretenidos, como "El ángel del diablo" o "Tlaloctongo, la ciudad de los dioses" que luego se confunde con el conocimiento histórico real, pero cómo ellos se defienden: "es un canal de entretenimiento histórico, si tienes dudas sobre los datos, pregunta"
Soy Laura Elena Sosa Cáceres, soy escritora sin editorial, con dos o tres cosas publicadas por ahí; sigo sin representante y sin ganar dinero por ello (perocómomegusta) tengo este blog desmadroso en el que me conocen como la Ciudadana, y cómo tal, les ordeno: ¡vean Bully Magnets!¡Diviértanse! ¡Y donen para que nos sigan entreteniendo con más historia interesante que nos ayudará a entender al mundo, ya que es altamente recomendable para niños, y para los que no lo son también!.
(para estas alturas ya cumplí la promesa que venía diciéndoles en su perfil en facebook y en twitter desde hace más de una semana de donarles algo para que sigan haciendo vídeos, ahora sí que cómo dice mi abuelita "aunque sea pa'l chesco", es que con lo poco que tengo como estudihambre, no me alcanza para gran cosa, lo siento, pero trataré de mejorar mi economía de las formas legalmente posibles, lo prometo, y continuaré siguiendo las actualizaciones =) )
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miércoles, 29 de junio de 2011
Pues nomas les aviso a los pocos lectores de este blegh
¡Divulguen!¡Divulguen! Ahora pueden comentar sin necesidad de estar registrados a blogger (bueno, eso siempre se ha podido) pero además de eso, pueden comentar si tienen una cuenta en facebook, twitter, google buzz, orkut u otras redes sociales (la verdad no sé cuantas), y esto sin necesidad de salirse de sus cuentas, nomas la dinámica es igual, le hacen clic en "comments" y pueden decirme lo que les venga en gana, desde críticas y mentaditas hasta SPAM y porno, claro, con medida, chicuelos, recuerden que hay mucho niño en internet.
Pueden hacer lo mismo con mi blog literario www.lauraecaceres.blogspot.com
Pueden hacer lo mismo con mi blog literario www.lauraecaceres.blogspot.com
Y también en mi chafiwebcomic de Alice, un conejo literario www.unconejoliterario.blogspot.com
¡Siento el poder! ¡¡¡y me enloquece, aaaajajaajaaaa aaajjajaajajaaaaaa!!!
¡¡Comenteeeeeeen, comeeeenteeen yaaaaaa, les digo!!
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martes, 14 de junio de 2011
Mamadencias conoce a Fuckencio y Trollencia
Y que me dice mi yo, noooo, que le digo yo, que me dice aquel y que le digo "ps pinche Ciudadana tienes un chingo de tiempo libre para dedicarlo a tu blegh, pero no se te ocurre nada" entonces que me dice "ps dale, escribe pendejadas, a veces entre pendejadas sabemos hacer algo chido" y ps dije "va" y aquí estoy sin nada que hacer.
Que ps neta, que mal es este de tener tiempo libre y no saber a qué dedicarlo, pero ps de aquí a que perder el tiempo arriesgándome a salir afuera, ps mejor me quedo en mi casita ¿pa' que salir?¿a ver como cuelgan a gente como si se tratara de frutas de arbolito para que luego los quemen? Nanai, naranjas agrias, aquí no hay nada que ver, y aquí dentro en la chompu tengo mucho mundo, así es, chingos de libros que no se han leído ¿que leer da hueva? Ps ni modo, por eso no progresamos, nomas porque no pensamos y estamos en un mundo chiquito chiquito ¿y luego qué? Tratas de decirles a otros que hay mucho mundo, pero ah, no, los pendejos quieren seguir diciendo que no hay salida, que esto está del nabo, que aquello, quéjese y quéjese, pero ps uno que trata de hacer una mínima pendejadita pa' que estos cabrones reaccionen, y ni maíz, paloma. Se quejan de los pinchis carros groseros, pero ni respetan al peatón; se quejan del pinche calor, y prenden el "air condishon" para hacer más calor. Se quejan de que no hay seguridad, pero bien que andan corriendo a gente de los parques, y luego preguntándose que por qué la jumentú ni convive ni hace nada. Luego dicen "admitir que usamos drogas es derrotarnos desde antenantes" cuando en otros países desde cuando dejó de culparse al consumidor ¿ps que se gana con una dizque guerrita quesque pa' que la droguin no llegue a los hijos? Juar juar juar, de verás que a los fronterizos nos vieron la cara de pendejos con ese cuento, ah, pero cómo se la creyeron hace seis años, me cae.
En fin, ps que mi 'tro yo me dice que le baje de huevos, que me calme ¿ps no que querías escribir pendejadas?¿por qué es tan difícil ser simple? Pero pinches amigos que tengo, todos piensan y quesque se ponen a criticar para quesque hacer un cambio, y ps a cómo está la situación en donde un poeta la arma de pedo por la muerte de un hijo, ps ya no sabe uno que esperar. ¿Y que tal si me voy con ingeniebrios pa' no pensar? No mames, soy hija de uno que si piensa y no es panista ¡puts!¿en donde me equivoqué al nacer?¿o en que se equivocó mi jefe? Chingao, y ahí vas de nuevo, a la lona, pensando en que diablos escribir, pero que el otro yo que me dice que le digo "ora te pones las pilas y si quieres tu dinero pues ven por el y..." ¿la mujer es cómo una cerveza? Bueno, me gustan mucho las cervezas y eso no me hace lesbiana ¿por que la cerveza no puede ser un hombre al que gusta chupar al igual que una tutsi pop? Tsss, digo igo, a nosotras también se nos antojan como carnes al asador ¿o qué?¿ya ni podemos tener orgasmos o qué chingaos? Ah, pero que bien chingas, realidad, con tus balas y tus quemados en puentes ¿por qué carajos quemas si puedes hablar? Digo, educación, chingada madre, educación ¿en qué momento se perdió la noción de que la educación salva, chingada madre? Pero ah, que pinche maldicienta soy, dicen que maldecir ayuda en terapias a que el dolor sea menos.
Y quesque hubo una caravana de la paz en donde vino ese pueta cuyo hijo fue muerto morido matado bien asesinado por los lacras ¿y que chingados estaba haciendo yo? Pues no mames, mi tarea ¿o qué?¿'ora me van a culpar por ser parte del problema al no ir por quedarme a hacer mi tarea? Chingá, si soy una luchadora de todo el sistema deficiente que tenemos en el país, merezco un premio... es más ¡denme dinero! ¡Sí, sí, chucha y mis calzonzotes rotos! Tsss, al menos lo intenté.
En cosas serias que he hecho, pero que se me hacen chidas:
1.-Salí publicada en la revista "Puño y letra" con el cuento "Interior de metal"
2.-Terminé con promedio de 9 mi semestre, I'm a fucking nerd!!!
3.-Tengo mucho por leer, y eso es bueno
Ora se chingan y los chingo chingonamente, sin nece(sí)dades del laberinto de la paz o de la soledad o esas ondas, y así, y así.
Eeeeen fin, tengo vacaciones, no tengo nada que hacer, depender del dinero de mis padres o otros medios para ver que chingacarajaputasmadres hago. Por mientras les dejo este remix tan conmovedor, no sé en que momento Soraya Montenegro se hizo el meme favorito de Argentina y de Latinoamérica, pero es chistoso verlo =)
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sábado, 4 de junio de 2011
Cachetadas de realidad
No puedo revelar todo lo que me pasó hace tres semanas porque ahora que he dejado pasar el tiempo no quiero concentrarme en esos momentos tan malos que pasé pero sólo diré unas cuantas cosas que se reafirmaron en esos momentos de madriza que me dieron el día 5 de mayo, pero aquí el recuento de los hechos
Actualización agregada el 4 de marzo del 2013. A más de dos años de que esto ocurriera. Nunca supe ni como ni en donde terminó, pero a quien lea esto nada más aviso, tengan cuidado con estas persona, la que provocó los golpes es la de cabello negro. La rubia teñida es Viridiana, quien fuera mi vecina en la colonia Constituyentes de Queretaro, sexto Sector, en San Nicolás de los Garza. Cuidado con ambas personas si las llegas a ver o las tienes como vecinas.
Fui a la Marcha Zombie, llegué a lo que antes era mi casa como a las 9 o 10 de la noche, y mi vecina Viridiana Sanchez me invita a su carne asada. Platiqué con varias de sus amigas, de las cuales sólo conseguí el nombre de una de ellas llamada Cristal Saldaña, sólo porque tuve la oportunidad de tener su facebook. Para no hacer el cuento largo, yo ya me estaba retirando de ahí cuando una de las otras amigas de cuyo nombre no me acuerdo (aunque mis vecinos le dijeron a mis hermanos que se llama Linda) tocó a la puerta, yo abrí y se metió a mi casa sin mi permiso, cuando en buena forma le dije que no quería que ella estuviera ahí me forcejeó con los brazos, y en pocas palabras empezó una pelea que dio como resultado daños a mi persona. Sólo pondré una serie de fotos que muestra cómo estuve

Y ustedes preguntarán "¿no denunciaste?" lo hice desde el momento en que pasó, llamé a una patrulla, dijeron que ya habían hablado y que Virydiana Sanchez les dijo que no había pasado nada. Es lamentable que ella teniendo a su hija Ashley le de un ejemplo como mala madre.
Traté de ir a la SEDECO y con todo y mi ojo hinchado y morado más los moretones en los brazos y los chichones en la cabeza y toda sacudida por lo que apenas acababa de pasar, sin embargo no me pudieron atender por las siguientes cosas: No traía identificación oficial, y la secretaria pendeja en turno decía que no podían atenderme debido a que estaban cambiando de turno, lo cual reitera lo que todo el mundo ya sabe: la justicia mexicana vale madres.
Es también malo que Cristal Saldaña me halla bloqueado de su facebook porque no me quería pasar el nombre de quien me había golpeado, y es todavía más malo que Perla Arellano Torres (su hermana) la secunde para encubrir un crimen y digan algo tan típico en México: "no pasó nada, aquí nada ha pasado".
Lo poco que sé de la persona que me golpeó por lo poco que platiqué con ella es que trabaja para conseguir votos del PAN, y vive en el centro, cerca de la calle Pino Suarez, además de su primer nombre como Linda. Sus "amigas" dijeron que ella suele hacer eso.
Quizá no puedo hacer gran cosa con este post más que informarles a grandes rasgos que fue lo que pasó. Por mi cuenta me encuentro en otro lado, rehaciendo mi vida. Este post es una pequeña demanda, un desahogo y una muestra de qué tan putrefacta está la sociedad que permite que esto le ocurra a una estudiante universitaria. Aunque al día siguiente pasó lo de la Marcha por la paz, a la cual no pude asistir por lo que me pasó, por lo menos esto quedará como una muestra más de evidencia de cómo la sociedad se sigue pudriendo.
Mientras seguiré con mi vida rockera, andando en bicicleta e informando sobre los males de esta sociedad, promoviendo las mejoras partiendo desde mi cuenta y sin sembrar mierda como lo hacen las personas anteriores. Mientras tanto prometo que mi próximo post será más ameno, permiso
Actualización agregada el 4 de marzo del 2013. A más de dos años de que esto ocurriera. Nunca supe ni como ni en donde terminó, pero a quien lea esto nada más aviso, tengan cuidado con estas persona, la que provocó los golpes es la de cabello negro. La rubia teñida es Viridiana, quien fuera mi vecina en la colonia Constituyentes de Queretaro, sexto Sector, en San Nicolás de los Garza. Cuidado con ambas personas si las llegas a ver o las tienes como vecinas.
domingo, 1 de mayo de 2011
Confesiones de una sujeta a las cuerdas y al twitter
Sé que nadie leerá esto en twitter, teniendo más de 500 seguidores nadie lo leerá.
Quisiera desvanecerme como humo y no saber de nadie.
He pensado escribir mi testamento porque no aguanto el trauma de esta era.
Ser gorrona de libros daría estatus en cualquier otro lugar, menos en México.
Libros obtenidos, más de veinte. Libros leídos, uno y medio. Fail.
Un colon irritable es esa variación entre mierda seca y mierda liquida por la que tanto hemos pasado muchos y no sabemos explicarlo ¿quien diría que el cuerpo también se enoja?
Últimamente la masturbación me es insípida
Tengo más de veinte cucarachas muertas en casa
No sabía como revivir un blog y hasta ahora pensé en esto.
No hay una conclusión exacta, no hay finales ni principios, solo continuidades.
Como detesto lo que hago ahora mismo, tengo que aprender a amarlo, o de jodido tolerarlo
Si alguien lee esto sin que de notificaciones y después se entera que morí, culpen al crimen organizado.
lunes, 28 de marzo de 2011
Edward Jesby - Algas
Este cuento lo leí como a los 12 años, fue cuando dije "si alguien escribe tan bien yo puedo hacerlo" y sigo tratando, pero aún así este cuento me sigue gustando como la primera vez que lo leí. Hacía tiempo que no subía cuentos, disfrútenlo y agarren las gotas para los ojos porque está larguito pero chido
Edward Jesby - Algas
Hace años que Cousteau predijo la aparición del hombre-pez, dotado de branquias y adaptado para vivir en las profundidades oceánicas.
Este relato, cuya mayor fascinación reside en el aire de extrañeza e inaprehensible lejanía que lo envuelve, describe el futuro enfrenamiento entre estos hipotéticos hombres-pez y la mórbida, decadente y clasista civilización terrestre, en un escenario en el que coexisten la tecnología avanzada y las más ancestrales supersticiones.
Ante el siniestro ritual entre la hechicera y el hombre-pez, el lector iniciado no podrá evitar dedicar un obscuro pensamiento a los profundos de Lovecraft. Aunque esta vez, por fortuna, el tema ha sido tratado con un enfoque totalmente distinto, por no decir opuesto.
Greta Hijukawa-Rosen, sentada en la arena, observaba cómo su compañero maniobraba el aircraft sobre las aguas del Mediterráneo. Estaba de pie sobre la reducida plataforma circular, tan sólo a unos centímetros de las crestas de las olas levantadas por el viento, manteniendo el equilibrio con suaves movimientos de piernas. La embarcación, normalmente, era teledirigida desde la antena situada en lo alto de la mansión, pero en aquel momento la pilotaba el hombre.
«Viterrible», pensó Greta estirándose para que sus pequeños senos recibieran el calor del Sol. Rió entre dientes, preguntándose qué pensarían sus hermanas de haberla oído usar una palabra comercial; se encogió de hombros y observó su bronceada piel, comparándola con la de su compañero, tan obscura. La piel de Abuwolowo era color humus.
–Tan obscura como el color de las hojas enmohecidas –dijo en voz alta, mientras se incorporaba para ver cómo Abuwolowo elevaba la nave hasta el máximo de seis o siete metros que ésta permitía.
La silueta de la embarcación fue empequeñeciendo con rapidez a medida que se alzaba dando pequeños bandazos, parecidos a los que dan las gaviotas que sobrevuelan el Mediterráneo. Greta pensaba que últimamente no era emocionante, pues no existía peligro. Tenía un sistema de control a distancia ajustado a su cinturón salvavidas y, caso de caer al agua, la nave acudiría en su ayuda y la rescataría.
Ahora estaba muy lejos y lo único visible, por encima del oleaje, era su negra y oscilante cabeza.
–Supongo que debería experimentar alguna sensación de pérdida.
Había desdén en su voz, desdén nacido de la lectura de unos voluminosos libros publicados a raíz de un seminario sobre este sentimiento, y que fue difundido por televisión. Aquello era todo lo que sabía de esta faceta humana. De súbito, contuvo la respiración al ver la cabeza casi en la orilla del agua.
Buscando desesperadamente sus lentes, gritó, interrogante:
–¿Abuwolowo?
Pero la cabeza era blanca, y no por el mero hecho de no estar tostada por el Sol. Tenía un tinte blanco artificial, como el de las estatuas de mármol del jardín de la residencia de verano. Para su horror, el resto de la aparición surgió de las poco profundas aguas. Recortándose sobre el fondo azul del mar, se erguía una silueta negra, que hacía resaltar aún más su cabeza tan extraordinariamente blanca. Se tambaleaba en sus intentos por sacar las piernas del agua. Cuando lo consiguió, Greta vio que llevaba calzados los pies de pato y corrió a ayudarle.
Apoyando una mano en uno de sus grandes brazos, le preguntó:
–¿Está usted bien?
El hombre asintió con un movimiento de cabeza, apoyándose ligeramente en la joven. Ella suspiró aliviada, ya que no habría podido aguantar el peso de aquel cuerpo que era unos treinta centímetros más alto que ella, que medía un metro ochenta y ocho centímetros, y cuyos hombros eran aún más anchos que los de Abuwolowo.
Con los pies firmemente asentados en la arena, el hombre hizo un movimiento brusco y se libró de la funda de caucho que protegía parte de su cabeza. Alzó los ojos al cielo, unos ojos negros que ocupaban unas grandes órbitas, y observó:
–Brillante.
Luego bajó los ojos, y, después de respirar entrecortadamente durante breves momentos, agradeció a la joven la ayuda que le había prestado. Hizo una pausa, después de la cual, señalando la axila, explicó:
–Me ha mordido un tiburón.
Recobrada la respiración, resultaba mucho más fácil entenderle. El líquido murmullo de sus primeras palabras había desaparecido. La miró.
–Es usted bonita, y merece una explicación. Un tiburón me arrastró al fondo. Algo debió de asustarle en la superficie y se sumergió.
–¿Un tiburón? –preguntó ella, queriendo escuchar de nuevo aquella extraña y suave cadencia de la voz que emergía de la redonda cabeza con grandes ojos.
–Sí, un gran tiburón –aclaró–. Estaba en la superficie tomando el Sol y, de pronto, se sumergió. No me dio tiempo de ponerme fuera de su alcance.
Cayó hacia delante, sobre sus rodillas. Su respiración era normal, pero la joven vio que un chorro de sangre se deslizaba por sus muslos.
–Perdóneme –rogó él, al proferir la joven un pequeño grito de angustia.
La herida cruzaba su espalda en diagonal, desde la axila del brazo izquierdo hasta la cadera del lado derecho. El traje de caucho, cortado por los dientes del escualo, se había arrollado, provocando la separación de los labios de la herida. La joven intentó levantarlo, pero resultaba demasiado pesado para sus fuerzas. Lo único que consiguió fue que cayera boca abajo cuan largo era. Forcejeó, tirando de su grueso brazo e intentando volverle boca arriba, sin conseguirlo. A pesar de estar tendido y no ofrecer resistencia alguna, continuaba siendo extraordinariamente pesado.
De un salto se apartó de él y dirigió sus ojos hacia el mar.
Abuwolowo estaba aproximándose a la playa. Al verle, la joven agitó los brazos y se puso a gritar, dando saltos para llamar su atención, hasta que la nave atracó en la playa.
–Hay un hombre herido –explicó, volviéndole la espalda hasta que cesaron las nubes de arena levantadas por los chorros de aire que emitía el vehículo.
–¿Un hombre? –preguntó Abuwolowo, echando una ojeada al cuerpo inmóvil–. Debe de pesar tanto como una ballena. No podría con él; subiré a la casa y pediré ayuda.
Se alejó corriendo a grandes zancadas hasta llegar al ascensor del farallón. A Greta le pareció que hacer gala de tal velocidad constituía una violación de las facultades humanas. Permaneció inmóvil, admirando aquella agilidad, fascinada por el profundo respirar de Abuwolowo. Fáciles inhalaciones se traducían en oleadas que empezaban en el pecho y tenían su final en el diafragma, a un ritmo tal que parecía que no iban a tener fin: iniciaba la inspiración cuando aún no había concluido la anterior expulsión de aire.
Esperó en silencio, guardando para sí su chachara habitual, reprimiéndose ante aquellos cabellos color paja, cuyo único signo de vida era el leve temblor de las delicadas aletas de la nariz. Al poco rato –a ella le parecieron escasos segundos– regresó Abuwolowo con cuatro criados, hombres fuertes y achaparrados, procedentes todos ellos de las vecinas islas del Egeo.
Resoplando bajo el peso de aquel cuerpo que les doblaba las piernas, medio acarrearon, medio arrastraron al hombre herido hasta el ascensor, en el interior del cual intentaron acomodarle, según las instrucciones de Abuwolowo; éste se encaramó por encima del cuerpo y, sujetándose a las paredes del camarín, trepó hasta situarse por encima de él. Oprimió el botón con un fuerte dedo, cerráronse las puertas y empezaron la ascensión.
Greta se había arreglado para la cena con más esmero que de costumbre. Mientras estaba descendiendo por la gran rampa que conducía al amplio salón de entrada, oyó como su cuñado hablaba con algunos de los invitados. Se detuvo divertida. No estaba hablando, en realidad, sino conferenciando, en un tono que su acento kirguís hacía aún más didáctico de lo que pretendía.
–Es asombroso –estaba diciendo– el poder de recuperación que tiene. Le sacamos del camión de la cocina, le tendimos sobre el sofá más largo de la sala de recepciones y, acto seguido, se sentó. Me sonrió y se desperezó –el cuñado de Greta hizo una pausa, como para rehacerse de su asombro, al tiempo que clavaba los ojos en todo aquel que pareciese querer interrumpirle–. Como iba diciendo –continuó en mesurados párrafos–, se desperezó...
Greta no pudo resistir la tentación y aprovechó la oportunidad. Se deslizó con ligereza por la rampa y se plantó ante su cuñado.
–Se desperezó, y luego ¿qué?
Hauptman-Everetsky le ofreció la limitada cortesía de su helada sonrisa.
–Al estirarse, su traje de buceo se abrió y se desprendió de su cuerpo como si de la piel de un plátano se tratase. Después de palparse debajo de los brazos, donde tiene las hendiduras branquiales, abandonó el sofá. Ignorándome, dio una vuelta por la habitación y vi, con asombro, que la herida estaba ya curada. En su lugar había sólo una delgada línea.
Greta abandonó la reunión sin esperar a que su cuñado repitiera lo ya dicho, cosa inevitable en él. Cruzó el arco que daba acceso al salón de recepciones, totalmente aislado, a pesar de la pequeña deficiencia existente en la cortina presurizada, la cual hizo que una corriente de aire levantara los bajos de su larga falda.
De pie frente al cristal panorámico, el hombre-pez contemplaba el lento discurrir de las vistas correspondientes a las islas vecinas, vistas que eran ampliadas o reducidas según estuviera programado en la computadora. En aquel preciso instante aparecían las luces de los rascacielos de Salónica.
El hombre-pez estaba absorto, pero su primo Rolf, curioso como de costumbre, no cesaba de inquirir. Empequeñecido por la figura próxima a él, disparaba las preguntas en su excitado y alto tono americano.
La que ella oyó al acercarse fue:
–¿Y ha recorrido semejante distancia? –la voz de Rolf no denotaba incredulidad, sino placer, así como su infantil amor ante la aventura.
–Por supuesto –respondió el gigantesco hombre–, ya se lo he dicho. Vine desde Stavangafjiord, siguiendo una corriente terrestre. Tenía la esperanza de aprender algo acerca del comportamiento de las platijas, pero al final desistí, pues me pareció una locura; así fue como, bordeando la costa, llegué hasta aquí –devolvió su atención al cristal a tiempo de observar un artístico aspecto de la ciudad que estaba siendo ampliado enormemente–. Y –dijo, volviéndose cortés a su interlocutor– los delfines me contaron, a su regreso de Normandía, que aquí las aguas eran cálidas, y las mujeres –hizo una pausa al notar la presencia de Greta– hermosas, de rubios cabellos y cuerpo bronceado.
–Es usted muy amable –intervino Greta sonriendo–. Aún no sé su nombre.
–Gunnar Bjornstrom-Cousteau, del territorio de Walshavn –contestó con una inclinación.
Al hacerlo, Greta pensó que tenía un curioso aspecto vestido de noche. La corta chaqueta abierta, que apenas alcanzaba a cubrirle el torso, dejaba al descubierto un pecho casi rectangular, de suave y fláccida carne y sin musculatura aparente, que le hizo recordar los colgajos de grasa que la herida dejó expuestos. Se estremeció y, al notarlo, Gunnar inquirió:
–¿Le molesta mi cara? –por primera vez notó que su cara estaba despellejada y que unos surcos de violento color rojo discurrían por debajo de su barbilla–. No fui muy prudente al emprender tan largo viaje sin antes exponer mi piel a la luz de las lámparas. Pero entonces no tenía intención de estar en contacto con el aire; además, no estoy acostumbrado a la luz directa del Sol.
–¿El aire?
Rolf se iba a disparar de nuevo, pero Greta le paró los pies.
–La cena ya debe de estar servida. ¿Me acompaña? –preguntó, cogiéndose del brazo del forastero.
Rolf les siguió, pegado a sus espaldas, moviendo la cabeza con aire perplejo y brincando a menudo para tratar de alcanzar la estatura del gigantesco hombre-pez, hasta entrar en el comedor. Este se hallaba en la parte más alta de la mansión, y estaba abierto a los cuatro vientos, aunque protegido de la intemperie por campos estáticos polarizados, lógicamente invisibles, que producían un singular acercamiento de los astros.
–A este pez –Hauptman-Everetsky había pasado del asombrado temor a la condescendencia, al contestar a las preguntas de alguien– no pude echarlo al agua, como hubiera hecho con una trucha demasiado pequeña –gesticuló–, y ya va siendo hora de que nos divirtamos un poco. Empezamos a aburrirnos los unos a los otros.
Greta percibió el envaramiento de Gunnar y se cogió a su brazo con más fuerza. Este se inclinó hacia ella y dijo:
–No tema, no caeré. Hacía largo tiempo que no caminaba. Debo acostumbrarme a prescindir del amistoso apoyo del agua.
Greta notó el énfasis que puso en la palabra «amistoso», y recordaba que una de las pocas cosas que sabía de los habitantes de las profundidades marinas era que habían vuelto a adoptar el duelo. En los infinitos ámbitos marinos resultaba difícil mantener la observancia de las leyes; los encuentros con las orcas y los tiburones eran comunes, y duras las lecciones que estas experiencias enseñaban.
Su compañero sonrió a Everetsky y a sus acompañantes, al tiempo que estrechaba sus manos con fuerza y cumplimentaba a las mujeres.
–Al menos no me aburriré –dijo, dirigiendo su mirada al pintado pecho de su hermana Margreta.
Greta, aliviada, tomó de nuevo su brazo, y se sintió contenta de haber elegido aquel vestido azul que únicamente le dejaba al descubierto las manos y la cara.
–¿Nos sentamos ya, Carl? –preguntó a Everetsky, que se apartó dejando expedito el camino a la mesa.
Este colocó a Gunnar a su derecha y a Greta a su izquierda.
Al principio, la cena se desarrolló con bastante placidez, centrándose la conversación en los presupuestos gubernamentales y en la futilidad de invertir dinero en las minas lunares. Todos los que procedían de las ricas estepas y regiones montañosas de Rusia expusieron lo que, a su juicio, estaba haciendo falta en sus latitudes: «padrinos» que proporcionaran recomendaciones, intermediarios por medio dé los cuales poder presentar quejas y falsas denuncias por corrupción...
Mientras Rolf daba fin a un relato acerca de un funcionario sobornado que rehuyó cumplir con sus deberes, reparó en la esférica cabeza de Gunnar, que se destacaba del grupo de morenos invitados de prominentes barbillas.
–...era un tipo despreciable como hay pocos –concluyó–. Pero, mi querido hombre-pez, ¿comprende algo de todo esto?
–Yo –rió Bjornstrom-Cousteau– no comprendo estos problemas, pero, aunque de otro tipo, también nosotros tenemos con nuestro gobierno –parecía apreciar a Rolf, pero se dirigía a su anfitrión–. Sin embargo, resultan difíciles de explicar.
–Supongo que así es –repuso Abuwolowo–, pero, de todos modos, le ruego que nos los cuente.
Gunnar se encogió de hombros, haciendo temblar la maciza mesa al montar una pierna sobre la otra.
–Quieren que se cultive más y se cace menos.
–¿Por qué no? –desafió Abuwolowo–. En el pasado, también mi pueblo tuvo que amoldarse a los cambios. Aprendieron a cultivar la tierra y a trabajar en fábricas.
–Sí –permaneció en silencio unos segundos–. Imagino que tendremos que hacerlo algún día, pero como cantó el poeta Hagar...
–¡Poetas! –Abuwolowo abandonó la mesa–. Estábamos hablando de gobiernos.
–Hagar dijo –Gunnar continuó imperturbable, como las mareas, citando complacido unos versos–:
El mar se altera con nuestro padecer;
no puede conseguir que los hombres
piensen libremente en la superficie.
–recitaba cuadrando los hombros, mostrando aún más su pálida carne–
Porque nosotros escogimos las profundidades,
no su cómodo y alejado otero.
–y se interrumpió para contemplar la obscura noche con la mirada sin fondo de sus grandes y dilatadas pupilas.
Rolf, siempre jovial, se frotó las manos olfateando el próximo plato.
–¡Ah! ¡Venado doméstico! –exclamó cambiando de tema, evitando de este modo el seguro ex abrupto de Abuwolowo, que volvía a ocupar en aquel momento su lugar a la mesa–. Sin embargo, nuestro nuevo invitado no parece estar disfrutando mucho de la cena, aunque el cocinero de nuestro anfitrión es excelente.
–Los alimentos están cocidos –repuso Gunnar, como si con esta aseveración quedase todo explicado.
Y así debió de ser, porque, cuando vio la expresión de Hauptman-Everetsky, se levantó de la mesa excusándose.
–No me he recuperado aún de mis heridas. Les ruego que me disculpen.
Lo último fue una afirmación, no un ruego; acto seguido se retiró, con un cansado y lento renqueo. Su fuerte cuerpo parecía abatido por el empuje de la gravedad.
Llegó el nuevo día y lo primero que hizo Greta fue correr en busca de Gunnar. La noche anterior abandonó la mesa muy temprano, dirigiéndose a su habitación; pero Abuwolowo, que reparó en su maniobra, la alcanzó y marchó con ella. Ahora Greta buscaba por los jardines, cruzando las distintas zonas climáticas. Le halló en el sector subtropical, erguido ante una planta de caucho rojo de grandes dimensiones, casi un árbol. Estaba observando una de sus hojas, que sostenía con las yemas de sus dedos, con los labios ligeramente entreabiertos.
–Parece carne. Carne de ballena –dijo sonriendo ante la imagen de Greta, que se acercaba por el sendero alfombrado con agujas de cedro, entre muros de verdor–. Está usted muy bonita esta mañana.
–Y usted parece un chiquillo, con esta hoja entre los dedos y la boca abierta, como si estuviera a punto de comerla.
–Parece realmente comestible –afirmó apretando una vez más la hoja, de la que manaron unas gotas de jugo que Gunnar se apresuró a lamer.
Una mueca se dibujó en su cara y Greta rió divertida al ver las suaves arrugas que invadían su rostro.
–Bueno, es muy amargo –se defendió, y cogiéndola por los costados la alzó hasta las primeras ramas–. Muerda y verá.
Greta hincó repetidas veces los dientes en las hojas, aparentando un cómico agrado. Satisfecho, la depositó en el suelo, mientras ella se frotaba las costillas. Le contempló, admirada por su corpulencia, y luego adoptó un tono de seriedad.
–Esta mañana he estado leyendo algunas cosas sobre usted –declaró, mirándole de arriba abajo con intensidad.
–Así que me he vuelto famoso.
–Oh, no –repuso ella–, en la enciclopedia. Dice que es usted un Homo aquati...
–Homo aquaticus, una de las viejas palabras –tocó uno de sus desnudos hombros–, y una de las mejores.
–Eso es –asintió, ensayando la pronunciación–, Homo aquaticus. Hace largo tiempo, un hombre llamado Cousteau afirmó que ustedes existirían algún día.
–Cousteau...
–Sí –afirmó Greta, alterando la pronunciación–, Cousteau. ¿Un pariente?
–Murió, y mi apellido se pronuncia del modo en que lo hizo la primera vez.
–No importa. Ahora le mostraré los jardines –dijo tomándole el brazo.
Empezó charlando de los distintos arbustos que salían a su paso, pero pronto se dio cuenta de lo poco que dominaba la materia. Él era parco en palabras por naturaleza, de modo que calló y dejó vagar sus pensamientos. Estos se centraron en lo que había leído en la enciclopedia. Por lo visto, las primeras colonias de hombres-pez se habían establecido en el Mediterráneo. Las aguas templadas eran ideales para ellos, y los repentinos temporales que se originaban en el noroeste no se dejaban sentir a veinte metros de profundidad. Las colonias submarinas se dedicaban a la cría de mariscos, cultivaban algas y frutos y cazaban ballenas pequeñas con armas sencillas.
Había leído muy de prisa, pasando velozmente sus ojos sobre las páginas, en sus prisas por correr al encuentro de Gunnar; pero, mujer al fin, recordaba perfectamente algunos detalles acerca de cómo tenían lugar los nacimientos en el fondo del mar. Los niños nacían bajo la presión en la que siempre habrían de vivir, equipados con branquias que les permitían tomar el oxígeno del agua, y sujetos a quimioterapias que les preparaban para la vida adulta.
–Pero ¿por qué viven en los fríos mares del Norte? –inquirió de pronto la joven.
La pregunta era fiel reflejo y consecuencia de sus pensamientos; no obstante, Gunnar pareció comprender su sentido al segundo.
–Porque en los mares templados viven demasiados sujetos de nuestra especie –contestó–. Mi bisabuelo intuyó que las profundidades se estaban poblando demasiado, que la vida se volvería difícil. Por eso nos marchamos.
Orientó su cabeza en dirección al mar, aspirando la brisa, de modo que ofrecía a Greta la visión de su cuello formando pliegues como los de las focas, y añadió:
–En la actualidad, ya no podríamos vivir aquí. Nuestros cuerpos se han modificado y hemos aprendido a amar la caza.
–Pero ha venido a las aguas de esta isla –repuso ella.
–Vine sólo por un corto período de caza. Pronto regresaré.
La conversación fue interrumpida por la curiosa actitud de los jardineros, que, con los ojos como platos, sorteaban los arbustos para evitar su encuentro. Se hacían señas entre sí. Eran conocedores de los conflictos existentes entre los habitantes de las profundidades y ellos, los pobladores de la superficie. Del mismo modo que los servidores prestaban atención a las conversaciones políticas de los amos, las jóvenes de buena familia no se interesaban lo más mínimo por ellas.
Los jardineros habían recogido rumores del personal de la mansión de los que se desprendía que el Gobierno mundial, con sede en Nueva Kiev, en el Báltico, exigía a los estados subacuáticos independientes el pago de impuestos más elevados, en la forma de algas, de las que se extraían proteínas, uno de los alimentos básicos de la humanidad. Los parientes de algunos de los criados habían servido en flotas de pequeños botes provistos de aparejos aptos para la extracción de algas y mariscos del fondo marino. Dichas flotillas eran enviadas en misiones de castigo y su labor entrañaba serios peligros. Los hombres acuáticos se valían de las aguas para propinar violentos embates a las embarcaciones y volcarlas; cortaban los cables de los aparejos y ataban a sus extremos mensajes en los que hacían objeto de burla a los atacantes.
El escaso fruto que lograban obtener de las profundidades estaba en malas condiciones o en período de crecimiento.
Los criados no sentían odio por los pobladores del lecho marino, sino que más bien les temían, del mismo modo que temían a las tormentas y furias de la Naturaleza. Ellos no les respetaban como sus amos. Los hombres-pez eran accidentes de la Naturaleza con los que no había que tratar, salvo en las ocasiones en que tenían lugar sesiones de magia, prácticas que de nuevo habían proliferado a los pocos años de finalizada la Guerra de los Dos Meses.
Gunnar sospechaba lo que aquellas gentes pensaban, pero ese aspecto del problema no le afectaba. Después de todo, su estado no producía lo bastante como para verse implicado en disputas de índole económica. Miró a Greta, sorprendida aún por la rápida y ostensible desaparición de los jardineros.
–Ha pasado mucho tiempo desde que adoptamos nuevamente el mar como medio en el que vivir –explicó, volviendo a tocar su hombro, pues sabía que estos contactos físicos la tranquilizaban–, y ya no nos recordáis. Somos extraños para vosotros.
Inmediatamente después de sentir en su hombro la mano de Gunnar, Greta apoyó su cuerpo en el de él, al tiempo que efectuaba una serie de movimientos ondulantes con caderas y tronco. Gunnar no concedió importancia alguna a aquella insinuación.
Greta se sumió en el silencio, apartándose de él. No había hecho más que poner en práctica las enseñanzas recibidas de sus preceptoras en el gimnasio. La habían instruido, cuando muy joven, para las placenteras obligaciones de la vida adulta. Se sabía experta y le molestó la completa indiferencia de Gunnar. Abrigaba la idea de que las mujeres-pez eran más expertas; pero ante aquella reacción abandonó este pensamiento como falso y carente de base. Sus maestros, así como Abuwolowo, le habían asegurado que estaba perfectamente adiestrada para el arte amatorio.
Hadji Abuwolowo Smyth les contemplaba desde una terraza suspendida que se proyectaba, como un dedo, sobre los jardines.
«La chica está coqueteando con el pez –se dijo–. No es más que la novedad.»
Abuwolowo recordó las largas horas de danza que habían constituido parte de su entrenamiento, las grandes fábricas que sus padres dirigían, y los deseos del cuñado de Greta de encontrar nuevos mercados para su maquinaria pesada. Llegó a la conclusión de que no tenía por qué preocuparse, y entró en la casa para someterse al masaje que le prepararía para la lucha de antes del almuerzo.
Cada día, todos los jóvenes, excepto Rolf, luchaban para distracción de los invitados. Su lucha era una combinación de estilos; jiu-jitsu asociado a las menos peligrosas llaves de grecorromana. Todos ellos rebosaban energía, tenían poco que hacer y dejaban transcurrir el tiempo en espera del día en que asumirían cargos directivos en las fábricas automáticas controladas por sus padres.
Gunnar y Greta reaparecieron por la senda arbolada poco antes de que dieran comienzo las luchas. Gunnar parpadeó y volvió su cabeza al sentir el calor del Sol sobre su piel quemada. Se detuvo. Greta notó aceite bajo su mano. Los poros de la piel de Gunnar se abrieron y una fina capa de transparente aceite cubrió su cuerpo. Efectuó una serie de curiosas inspiraciones peristálticas, a cada una de las cuales fluía nuevo aceite protector de su piel.
–Ahora podemos continuar, pero antes cuéntame qué están haciendo allí –dijo.
–Están luchando –respondió ella con sequedad, un tanto molesta por su anterior frialdad y distraída por la lucha.
Llegaron a tiempo de presenciar el final de la primera pelea, que se resolvió con la fácil victoria de Hadji Abuwolowo. Derribó a su oponente con un golpe de cadera y, saltando sobre él, lo inmovilizó. Saludó a Greta con la sonrisa del triunfo en el rostro.
–Y tú, pez, ¿no luchas? –inquirió, burlón.
–No contigo –contestó cortésmente Gunnar, queriendo dar a entender que no pretendía enfrentarse con alguien tan diestro, teniendo en cuenta su poco entrenamiento en aquel tipo de lucha.
–No soy un oponente lo bastante digno para ti, por lo visto –Abuwolowo optó por dar una torcida interpretación a las palabras de Gunnar–. ¿O es que tienes miedo?
Gunnar sintió la pequeña mano de Greta en la espalda. Avanzó hacia el espacio enarenado, dirigiéndose, amenazador, a Abuwolowo.
El nigeriano sintió un amago de arrepentimiento por la impetuosidad con que había lanzado el desafío, pero sólo duró un segundo. Dio un salto con el que pretendió alcanzar con sus manos la cabeza de Gunnar. El salto fue perfecto, pero su intento de agarrar la cabeza del hombre-pez no tuvo el mismo éxito: no había donde agarrarse, ya que las orejas de Gunnar eran en extremo pequeñas y se hallaban profundamente insertadas en el cráneo. Tenía sólo vestigios de pabellón, y los canales auditivos estaban cubiertos por membranas. Por otra parte, su piel era resbaladiza debido al aceite.
Al fallar el intento, Abuwolowo cayó de espaldas sobre la arena, donde permaneció, desmadejado, por espacio de breves segundos, sintiendo sobre sí el peso del ridículo fracaso. Furioso, se incorporó y saltó de nuevo hacia Gunnar, cruzando el aire con las piernas dobladas. En el preciso instante en que, a través de las súbitamente distendidas piernas, se disponía a descargar todo el peso de su cuerpo sobre su adversario, Gunnar dobló el cuerpo con la flexibilidad de una anguila. Abuwolowo aterrizó en el suelo, deslizándose un buen trecho por encima de la arena, debido al impulso que llevaba, y despellejándose las manos. Alzó los ojos y su mirada tropezó con la espalda del hombre-pez, quien ni siquiera había movido los pies. Era demasiado para él, pero sus ansias de matar superaban a su prudencia. Se levantó de nuevo, corrió con cortos pasos de cazador, sigilosamente, hacia la espalda de Gunnar, y describió un rápido movimiento circular con los brazos, aplicando toda la fuerza de sus poderosos músculos. El canto de su mano rebotó tras golpear con fuerza la nuca de Gunnar, pero, satisfecho, vio que éste se tambaleaba.
–Has olvidado la ética del luchador, Hadji –dijo Gunnar amenazadoramente, como no lo había hecho antes.
Abuwolowo avanzó, con cautela, medio paso, pero fue violentamente lanzado hacia atrás por un manotazo que no tuvo tiempo de evitar. Cuando se recuperó, vio que Gunnar seguía en pie, inmóvil como una roca, expectante. Era demasiado tarde para volverse atrás y, aun sin esperanzas, cargó contra él.
Los largos y flexibles brazos de Gunnar, tan gruesos en las muñecas como en los hombros, se extendieron para estrecharle en un abrazo que no pudo eludir, a pesar de que no parecían moverse con rapidez. Por un momento, el hombre-pez le mantuvo sujeto contra sí, con expresión extrañamente compasiva, tras lo cual le lanzó de súbito al aire. Abuwolowo se elevó, sintió que flotaba por un largo momento y cayó. Luego se hizo de noche en su mente.
Hauptman-Everetsky corrió hacia Abuwolowo, pero Gunnar estaba ya arrodillado a su lado, retorciéndole entre sus brazos.
–¡Guardias! –gritó Everetsky, al tiempo que se arrojaba con furia sobre el hombre-pez.
–¡Quieto! –la voz de Gunnar sonó como una orden, debido quizá a lo profundo del tono, o a la seguridad que le confería su destreza–. Se pondrá bien; se lastimó la espalda, pero se la he arreglado.
Estas últimas palabras fueron las que dieron al traste con el código de hospitalidad de Everetsky. Le sonaron igual que las proferidas por cualquier técnico al reparar un juguete mecánico.
Murmuró algo entre dientes, entornando los rasgados ojos, con lo que acentuó más su ascendencia mongólica. A pesar de todo, Gunnar consiguió que se dominara. Su primer pensamiento fue hacer retroceder a los guardianes.
–¡Atrás! ¡Quietos!
La voz de Everetsky estaba alterada, pero su tono fue el apropiado para hacer obedecer a los mastines. Los perros, con los collares metálicos brillando al Sol, retrocedieron y se sentaron al pie del muro, semejando estatuas de nuevo.
–Señor –le dijo a Gunnar, recuperado ya el control–, ha herido usted a uno de mis invitados. Podría pasarlo por alto, pero estoy seguro de que se repetiría. Existe verdadero antagonismo entre los dos –hizo una pausa y prosiguió–: Debo ser sincero: tampoco yo simpatizo con los de su especie. Le ruego que se marche; si se siente insultado, le ofrezco la oportunidad de desagraviarse.
–Es usted valiente –contestó Gunnar, abriendo la boca y mostrando súbitamente los dientes– y con los huesos bien cubiertos de carne también; bastarían sus despojos para justificar la lucha, pero nuestro proceder es distinto. No puedo pedirle que mida sus fuerzas con las mías.
Mostró de nuevo sus dientes a Everetsky, separando los labios de tal forma que dejó al descubierto la verdadera magnitud de su boca. Las comisuras estaban, de hecho, situadas junto a la nuca, y dejaban colgando la mandíbula.
–Debería preguntárselo dentro del agua, y entonces –inquirió con frío humor, que sólo a él podía divertir–, ¿qué probabilidades tendría usted?
–Gracias –contestó Evereísky sin disimular su desdén–. No quisiera tener que preguntarle de nuevo cuándo piensa abandonar esta casa.
–Confío en que se me conceda la gracia de poder aguardar hasta la noche; cuando la marea suba, partiré.
Everetsky asintió, y el hombre-pez, dándole la espalda, emprendió el camino de la playa, con tanta seguridad como si lo hubiera recorrido muchas veces en otro tiempo.
Ya junto a la orilla, Gunnar estudió las aguas, en espera de ver los signos que anuncian la pleamar: algas que dentro de poco serían arrojadas a la arena, desechos marinos esparcidos a lo largo de la costa; burbujas, mariscos y peces muertos serían pronto empujados por las olas, cada vez más grandes, señalando los límites entre sus dominios y los de Everetsky.
–Bobo –dijo–, no comprende nada.
Calló y, aplicando la palma de una mano sobre la arena, percibió las vibraciones de unos pasos que se aproximaban.
Aparecieron dos criados cargados con su traje de buceo. Tras ellos venían dos más y una de las ayudantes de cocina. Depositaron el traje a sus pies, a una distancia que, creyeron, estaba fuera del radio de acción de sus brazos. Luego retrocedieron y, parados, esperaron a los demás para regresar a la casa. Permanecieron en guardia, mirándole, hasta que la mujer y sus compañeros llegaron a su altura.
–Te saludo –dijo Gunnar a la mujer, que se había detenido ante él separando las piernas para mantener en equilibrio el peso de un cuerpo engrosado por años de acarrear grandes jarras de agua, montaña arriba, por empinados escalones tallados en la roca.
–Saludos –respondió ella en un dialecto griego, tan adulterado como las inscripciones que aparecían en las viejas monedas de la antigua Escitia. Tan sólo ella le miró con ecuanimidad.
–Habla –apremió Gunnar, al tiempo que sus ojos, moviéndose independientemente, abarcaban un panorama semicircular de la playa y sus alrededores. Sabía lo que sucedería a continuación, pues era la tercera vez que intervenía en aquel rito.
La mujer se aproximó a él, con el brazo izquierdo extendido y señalando su cara con el dedo índice. Cuando éste tocó la cerrada boca de Gunnar, su gruesa y pesada figura se transformó y el temor del Ática la ayudó a seguir hasta el fin.
Gunnar, obediente, abrió la boca, y de una dentellada seccionó el extremo del dedo. El nauseabundo sabor de la sangre caliente y de la sucia uña llenó su boca; no obstante, se lo tragó inmediatamente y dijo:
–He aceptado. Habla.
La mujer no pudo resistir la tentación de volverse y mirar, con aire de triunfo, a su alrededor. Gunnar pensó: «Pobres diablos; ahora es una bruja con todos los atributos, deforme, y a la que tendrán que obedecer en todo. Deberá imponer su autoridad a los demás. Dar órdenes será su modo de hablar habitual de ahora en adelante. Con un simple gesto de su mutilada mano podrá conseguir que un hombre se acueste con ella, o que una doncella lo haga con aquél. Pero lo más interesante es que unirá a todos los servidores, formando un sólido bloque. Será un importante grupo que responderá a los requerimientos de los pobladores del lecho marino en el momento propicio.»
Sabía muy bien que los herederos y propietarios de la tierra comprendían perfectamente su mundo a través de los planos, pero no eran capaces de hallar las palancas, válvulas y sencillos mecanismos con que poder manejarlo.
–¿Fuiste sincero al prometer que comerías a nuestro amo, Gran Pez?
Gunnar dio la respuesta obligada en aquel caso:
–Recibimos vuestras plegarias.
–Demonio de Poseidón, nuestra gente será salvada –repuso la mujer.
También ella estaba familiarizada con el ritual.
–No soy demonio, sino sólo un servidor –se alzó y, tras un nuevo amago de dentellada, como el que intimidara a Everetsky, dijo–: Poseidón necesita más siervos amantes del mar.
–Aceptaremos serlo –contestó la mujer.
Gunnar arrancó de una dentellada un bocado de grasa de su antebrazo y lo escupió en el hueco de las ávidas manos de la mujer, que lo besó en seguida, como parte del ritual, y luego lo guardó entre los sucios pliegues de su ropa.
–Cuando me lo ordenéis, volveré –aseguró la mujer, emprendiendo el regreso.
Gunnar sentía vergüenza de sí mismo, pero no por las amenazas dirigidas a su anfitrión y sus consecuencias. Había planeado y previsto toda aquella serie de acontecimientos. No era la primera vez que interpretaba aquel papel; lo había hecho muchas veces con anterioridad. Su gente no podía pensar en hacer la guerra contra los pobladores de la superficie si tenía que resolverse a base de cifras y equipo. Las ciudades submarinas eran muy vulnerables; el más simple de los torpedos teledirigidos podía destruir multitud de edificios, y las sanciones económicas desbaratarían muy pronto las vidas de los granjeros que cultivaban el lecho marino, así como las de los ciudadanos.
No se avergonzaba de la táctica empleada, sino de la repugnante cobardía con la que le sorprendió. Se le revolvía el estómago de pensar en el sabor de la especie humana. Ciertamente, su alimentación era pesada, con abundancia de almidón y obscuras carnes cocidas. Semejante dieta daba a su propia carne un sabor desagradable, extraño, no muy distinto, sin embargo, al que tenía la de los enemigos que mató en los días de lucha de su territorio.
Detuvo el curso de sus pensamientos y estudió el mar con creciente interés. Se preguntaba si aquellas preocupaciones no iban a perjudicarle. Le convenía relajarse, pero persistía aquella extraña sensación de desorden en su mente. Respiraba tragando aire a grandes bocanadas y reteniéndolo hasta que su pecho y diafragma lo expulsaban con un fuerte soplido. Lentamente dejó escapar el aire por la nariz; un atento observador habría notado su cambio de postura: todo su cuerpo estaba laxo, las piernas abiertas sobre la arena, su cabeza caída; sólo los ojos parecían tener vida, girando en las órbitas y escudriñando la superficie de las aguas.
Era una mirada que había sido objeto de investigación a mediados del siglo XX, cuando se estudió el sistema nervioso de la rana. Existían unos circuitos interconectados a los nervios ópticos que discurrían a través del cerebro y conducían los estímulos luminosos ya ordenados a los músculos oculares. Tan sólo los movimientos significativos de la superficie del mar tenían entrada en su cerebro.
Tras dedicar unos segundos a esta actividad, sus piernas se encogieron con brusquedad, se le cerraron los párpados y sus ojos parecieron hundirse en el cráneo. Alzó las rodillas y, así sentado, como un chiquillo, dejó que una amplia sonrisa se adueñara de su rostro.
«Hauptman-Everetsky fue un loco», pensó, mientras se levantaba para dirigirse hacia las olas. Sus últimos pensamientos antes de sumergirse en el agua estuvieron dedicados al hambre que sentía y al propósito de volver más tarde a la playa, para comprobar si lo que pensaba acerca de Greta era cierto. Se dejó arrastrar más allá de los escollos hasta encontrar una corriente que le llevó por entre las rocas. Para aminorar su velocidad hundía los talones en el fondo arenoso, tocando aquí y allá, como haría un jugador de polo al guiar a su caballo.
Cuando divisó la batisfera descansando en el fondo, entre las negras aguas, comprendió que era obra de Everetsky. Lamentó no haberse calzado los pies de pato, pero no dejó que aquello le preocupara demasiado. De todos modos, pensó que no podía contener más de tres hombres, y nadó hacia la escotilla.
Los tres guardias le vieron en el preciso instante en que entró en el área iluminada por la batisfera. Tan pronto salió el primero de los hombres por la escotilla, Gunnar se abalanzó sobre él agarrándole por la nuca. Los ocupantes de la batisfera ya habían previsto la posibilidad de utilizar a uno de ellos como cebo, para distraer así la atención del hombre-pez y poder los restantes apresarle con más facilidad. Sin embargo, no habían contado con la simplicidad de la táctica de Gunnar. Cogió al hombre como si de un gato se tratara y le arrancó el tubo conductor de oxígeno de la mascarilla; apuntó su cuerpo hacia el fondo, y de un manotazo en las nalgas lo mandó a las profundidades, mientras el infeliz agitaba las piernas inútilmente.
El segundo hombre intentó acabar con Gunnar disparando su fusil. El hombre-pez, furioso al ver su torpeza, nadó para interceptar el arpón. Justo cuando pasaba por encima de su hombro, lo atrapó y, acto seguido, lo arrojó contra el tirador. El arpón se hundió profundamente en el plexo solar del hombre, cuyo cuerpo quedó a merced de la corriente. Gunnar lo desvió de su trayectoria dando un violento tirón a su brazo, sin pararse a contemplar sus agonizantes contorsiones.
El último miembro de la partida de asesinos mandada por Everetsky rehuyó el combate. Gunnar le mostró su sonriente cara al pasar junto a una portañola iluminada, mientras se dirigía a la parte superior de la esfera. Tomó la argolla del cable en sus manos, al tiempo que, con las piernas, daba un violento empujón a la esfera, haciéndola volcar sobre el lado en que se encontraba la escotilla. Con otro empujón, se aseguró de que la abertura había quedado obstruida por el fondo arenoso del mar.
Gunnar contempló su trabajo por unos momentos, antes de nadar hacia el último superviviente, que se retorcía en el fondo, con las piernas dobladas sobre el estómago. Era inútil que luchara, pensó al sentirse arrastrado. Una cara redonda, suspendida escasos centímetros por encima de su mascarilla, estudiaba, paciente, sus últimas reacciones.
La playa estaba desierta cuando Greta pudo escapar, por fin, de la casa e ir en busca del hombre-pez. Exasperada, levantó una pequeña nube de arena de un puntapié. Habría marchado de no haber visto un movimiento en la superficie del agua, más allá del rompeolas. Segundos después vio a Gunnar vadeando hacia la playa. Este se encorvó para coger un puñado de arena con el que frotó su boca. A medida que se aproximaba, Greta observó que limpiaba, con el extremo de la lengua, los intersticios dentales.
–Hola –saludó, sin encontrar más que decir por el momento; se arrebujó dentro de la larga capa.
–Hola –respondió Gunnar, percibiendo su temblor–. Ven, no estás acostumbrada al aire de la noche –observó, conduciéndola al abrigo del farallón–. ¿Qué estás haciendo aquí?
Greta no lo sabía, excepto que se sentía atraída hacia él. Era el primer hombre, que ella recordara, capaz de sentir cualquier sentimiento, excepto amor.
–Bien –dijo–, abatiste a Abuwolowo con tanta facilidad...
–En las justas del amor... –contestó en velada declaración; pensó que era mejor dejar la frase en suspenso.
Greta, sorprendida, le ofreció su mejor sonrisa.
–Pude haber convencido a mi cuñado para que dejara que siguieras con nosotros. Me debe algún favor.
Gunnar le habría referido el asunto que acababa de despachar en el mar, pero aquella extraña repugnancia le sorprendió de nuevo.
–En realidad, no hubiese aceptado mi presencia por más tiempo –dijo, pero incluso él, no estando acostumbrado a esta clase de sentimientos, notó el vacilante tono de su propia voz.
–Pero si lo único que de veras le preocupa es la diversión de sus invitados –explicó Greta, riendo maliciosamente, como si recordara algún chiste–. Y empiezan a aburrirse. Mucho –aseveró con seguridad.
–También yo acabaría resultando aburrido muy pronto, mi pequeña Greta –alborotó sus cabellos con aquellas fuertes manos.
Greta se acercó más a él.
–No podrías aburrirme nunca. Nunca –dijo alzando su rostro hacia él.
El hombre-pez vio la suave curva de su garganta, delgada, pero con la redondez de la adolescencia. Las rígidas normas por las que se regía su mente le ordenaban destruir a aquella mujer, incipiente creadora de nuevos seres.
«No; puedo hacer algo mejor», explicó a los ancianos de su pueblo, allá en las profundidades, en mudo diálogo telepático.
Greta se cansaba de esperar un abrazo que no llegaba. Cambió de postura, irritada.
–¿Y bien?
–Debo volver con los míos –repuso Gunnar–. He estado demasiado tiempo ausente.
–¿Debes reunirte con tu mujer?
–Soy demasiado joven para nadar en las mareas del amor.
El significado de la metáfora escapó a Greta, quien la tomó como un cumplido. Creía haber obtenido una pequeña victoria.
–¿Volverás cuando estés preparado?
Gunnar descubrió entonces el origen de su debilidad. De algún modo ella le había enseñado a encontrar el significado, tras simples palabras. Sonrió.
–Desde luego. ¿Dónde podría ir si no?
Greta olvidó toda su laboriosa preparación: la sofisticación que le habían enseñado sus preceptoras. Radiante, rodeó con sus brazos la cintura de Gunnar, apoyando la cabeza en su pecho.
–Gracias –exclamó, aceptando el cumplido con coquetería.
–No debes darme las gracias –contestó, conteniendo la risa–. Pero puedes hacerme un favor.
Antes de continuar, estudió las aguas. Decidió que debía irse ahora.
–Es muy sencillo. No olvides decir esto a tu cuñado: La guerra se librará en lugares en los que ni siquiera ha pensado.
–¿Sí? –exclamó Greta, azorada.
–Eso es todo.
Gunnar acarició con delicadeza sus cabellos y se sentó. Se ajustó el traje de buceo y se calzó los pies de pato. Cuando tuvo puesta la cubierta de caucho que protegía su cabeza, se levantó y avanzó hacia las rompientes, hasta desaparecer en el mar.
Más tarde, aquella misma noche, el hombre-pez habló con las marsopas, cazó un grupo de peces plateados a la luz de la Luna, y luego se dejó arrastrar por la vertiginosa corriente de un torbellino, que le llevaría a su territorio.
Greta transmitió a Hauptman-Everetsky el críptico mensaje. No hizo mucho caso de él, olvidando más y más a Gunnar, con el paso de los años. Cuando lo recordó, era ya demasiado tarde. Los seres que surgieron de las olas recibieron el saludo y la bienvenida de todos los servidores.
Con ellos revolucionados, la isla quedó sin defensas, y la nostalgia era un débil escudo.
La guerra se había librado. Ni Greta ni su cuñado se dieron cuenta de ello. En los túneles subterráneos, los rotos cabos de los cables de alta tensión emitían impotentes chispazos; el agua escapaba a raudales por las rotas conducciones. Timbres y voces con tono autoritario no conseguían apartar a los criados de sus himnos de bienvenida.
Únicamente los muebles, siempre fieles, miraban con obscuros y ciegos ojos la llegada del pez, que acudía, fiel a su promesa, a tomar parte en el juego de Greta.
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Edward Jesby
sábado, 12 de marzo de 2011
Yo ya estoy hasta la madre....
Comienzo este post por la omisión de otros post que están en el borrador, y es que queriendo ser objetiva me pongo un engaño, y me cae que yo no soy yo y digo "¿a quien chingados quiero engañar si ni líder de opinión soy?" soy una renegada, en todos lados, y como tal represento a una minoría, incluso en los lados donde se supone que me encuentro bien. La universidad me ha ido decepcionando y siento que dentro de mí se muere la escritora que alguna vez existió para ser una mamona que les dice a los demás que leer o que no leer y presumir que sé mucho. Recuerdo que ese era mi objetivo y siempre lo repetí mucho "yo quiero escribir, aquí solo vine a especializarme" y que la puta madre, lo estoy haciendo, matando mi lado creador ¿mi objetivo era escribir? ¿era?...NOOOOOOO NOOOOO Y NOOOOOO ¡Mi objetivo sigue seguir escribiendo! Que no lo haga literariamente es otra cosa, pero ahí sigo luchando, creando cositas, descansando de mi parte literaria, pero precisamente es esa la que extraño, a veces siento que la he perdido.
Hace poco chatee por facebook con Federico Schaffler, y son varias personas a las que les he platicado sobre mi admiración por él, es tamaulipeco, vive en Nuevo Laredo y escribe ciencia ficción, o fantasía, en la misma onda en que yo también hago las cosas. Y claro, chatee con él para decirle toda mi admiración, pero a sabiendas de que también es una persona, y aún así el modo en que dentro de mi cerebro me lleva a otros mundos que no puedo explicar es lo que me agrada en él, supongo que eso sería parte de un análisis literario concienzudo, pero la verdad no quiero hacerlo, quiero sentirlo. Y eso es lo que me ha pasado últimamente también, ya no disfruto la lectura como solía disfrutarla, se ha quedado en el nivel de un deber o una obligación ¿y que chingados me pasa, si de veras es mi obligación? Ah, pendejita, pero querías letras ¿no? Bien ya podrías estar trabajando de maestrita y conformarte con eso para que así tengas tiempo para escribir... y FUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU con la escritura. A veces pienso tantas cosas que no pienso y luego lo que escribo es una guasa, tengo la oportunidad de sacar un libro, ya es algo tangible, ahora solo ahorro para conseguirlo, y sólo es un tiraje de 65 libros, pero algo es algo ¿no?
Estoy hasta la madre de mis fallas que también son fallas en la universidad, estoy hasta la madre de soñar con la malcogida de Martha Ileana Butchart, si cabrona, me refiero a ti como la mala entrenadora que eres, con la que nunca me pude comunicar bien por sus pinches huevitos ovarios podriditos, estoy hasta la madre de saber que en la escuela se comenten injusticias como recortes al pago del personal, el privilegio a otras personas y la política de pagar por algo que ya es un derecho. Estoy hasta la madre de estar aquí y hasta la madre de vivir en una casa a la que cada que le cae agua le salen gusanos porque al pendejo de mi rentero se le ocurrió construir encima de tierra de jardín sin poner cimientos. Y ademas estoy hasta la madre de sentirme hasta la madre mientras los demás parecen vivir una normalidad apendejante. Quiero tirar la toalla, o por lo menos salirme un semestre, pero la gran puta madre, estoy en sexto y no sé que hacer, me siento perdida, atorada, atrapada.
Y luego, para chingarla de acabar ocurre un terremoto y un tsunami que llega a México con olas de hasta medio metro (uy, si, hago pinche escándalo ¿y qué?) y después de esto se muere Rita Guerrero ¿que más puede pasar? Es el fin del mundo, veo como van talando árboles que consideran secos y la gente no hace nada por revivirlos. Ya ni hablemos del narcotráfico, y es que de veras ¿les gusta que eso siga?¿tanto han aguantado? Me cae que en Egipto les colmaron la paciencia desde antes, y me da lástima que nadie quiera hacer nada. Pero la gran puta madre que aquí estoy quejándome de pendejadas que nadie va a pelar.
Quise estructurar mi pensamiento y decir por qué deportes en la universidad está mal, luego quise hablar de la menstruación, después quise hablar de la directora, después del por qué me falla estructurar, y luego pensé que este blog es demasiado irreverente pero nunca es serio, por que la seriedad lo mata todo, mira que hacer sugerencias tan pendejas como poner tareas en un blog pero que contratemos editores para ello, como si de certificar se tratase, jaaa jaaaa.
En fin, he atacado con las tripas, y el post anterior fue solo para purgar todo lo que tenía guardado dentro, ya fuera por que no lo soporto, o por un intento de no suicidarme en este mundo tan absurdo.
De momento hago unas lentejas con fideos, hoy tuve antojo de lentejas y las compré, no es por presumir, pero la verdad me quedaron sabrosas. Permiso, seguiré viviendo el mundo allá afuera.
Hace poco chatee por facebook con Federico Schaffler, y son varias personas a las que les he platicado sobre mi admiración por él, es tamaulipeco, vive en Nuevo Laredo y escribe ciencia ficción, o fantasía, en la misma onda en que yo también hago las cosas. Y claro, chatee con él para decirle toda mi admiración, pero a sabiendas de que también es una persona, y aún así el modo en que dentro de mi cerebro me lleva a otros mundos que no puedo explicar es lo que me agrada en él, supongo que eso sería parte de un análisis literario concienzudo, pero la verdad no quiero hacerlo, quiero sentirlo. Y eso es lo que me ha pasado últimamente también, ya no disfruto la lectura como solía disfrutarla, se ha quedado en el nivel de un deber o una obligación ¿y que chingados me pasa, si de veras es mi obligación? Ah, pendejita, pero querías letras ¿no? Bien ya podrías estar trabajando de maestrita y conformarte con eso para que así tengas tiempo para escribir... y FUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU con la escritura. A veces pienso tantas cosas que no pienso y luego lo que escribo es una guasa, tengo la oportunidad de sacar un libro, ya es algo tangible, ahora solo ahorro para conseguirlo, y sólo es un tiraje de 65 libros, pero algo es algo ¿no?
Estoy hasta la madre de mis fallas que también son fallas en la universidad, estoy hasta la madre de soñar con la malcogida de Martha Ileana Butchart, si cabrona, me refiero a ti como la mala entrenadora que eres, con la que nunca me pude comunicar bien por sus pinches huevitos ovarios podriditos, estoy hasta la madre de saber que en la escuela se comenten injusticias como recortes al pago del personal, el privilegio a otras personas y la política de pagar por algo que ya es un derecho. Estoy hasta la madre de estar aquí y hasta la madre de vivir en una casa a la que cada que le cae agua le salen gusanos porque al pendejo de mi rentero se le ocurrió construir encima de tierra de jardín sin poner cimientos. Y ademas estoy hasta la madre de sentirme hasta la madre mientras los demás parecen vivir una normalidad apendejante. Quiero tirar la toalla, o por lo menos salirme un semestre, pero la gran puta madre, estoy en sexto y no sé que hacer, me siento perdida, atorada, atrapada.
Y luego, para chingarla de acabar ocurre un terremoto y un tsunami que llega a México con olas de hasta medio metro (uy, si, hago pinche escándalo ¿y qué?) y después de esto se muere Rita Guerrero ¿que más puede pasar? Es el fin del mundo, veo como van talando árboles que consideran secos y la gente no hace nada por revivirlos. Ya ni hablemos del narcotráfico, y es que de veras ¿les gusta que eso siga?¿tanto han aguantado? Me cae que en Egipto les colmaron la paciencia desde antes, y me da lástima que nadie quiera hacer nada. Pero la gran puta madre que aquí estoy quejándome de pendejadas que nadie va a pelar.
Quise estructurar mi pensamiento y decir por qué deportes en la universidad está mal, luego quise hablar de la menstruación, después quise hablar de la directora, después del por qué me falla estructurar, y luego pensé que este blog es demasiado irreverente pero nunca es serio, por que la seriedad lo mata todo, mira que hacer sugerencias tan pendejas como poner tareas en un blog pero que contratemos editores para ello, como si de certificar se tratase, jaaa jaaaa.
En fin, he atacado con las tripas, y el post anterior fue solo para purgar todo lo que tenía guardado dentro, ya fuera por que no lo soporto, o por un intento de no suicidarme en este mundo tan absurdo.
De momento hago unas lentejas con fideos, hoy tuve antojo de lentejas y las compré, no es por presumir, pero la verdad me quedaron sabrosas. Permiso, seguiré viviendo el mundo allá afuera.
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