Justo el domingo, un día después de mis vacaciones en el D.F. les estaba pagando con dibujos un mandado que me hicieron (barrieron el píso de mi cuarto y parte de la cocina) y me dijeron que hacía dos días por la colonia habían escuchado balazos durante la noche, y que les dijeron que no salieran a jugar y se quedaran encerradas viendo la tele (la buena niñera sin cable, hija bastarda de televisateveazteca) y fue cuando me hicieron esa pregunta.
Ahora sí que no supe y todavía no sé como responderles. Ciertamente me era más fácil salir a jugar al parque, podía llegar hasta las once de la noche a mi casa porque conocía a mis vecinitas en la misma cuadra (ya fuera en Ciudad Victoria o Reynosa) y si acaso el único miedo que existía en ese entonces era que te fuesen a robar y que no hablaras con extraños (aún recuerdo el “mucho ojo, tú vales mucho y mereces respeto” dicho por la Chilindrina y Chabelo) pero ¿balazos? Ni en mis sueños, si acaso parecían un recuerdo compartido por mis abuelos paternos y mi abuela materna, las balas eran ficticias, esas solo las usaba Rambo o rasguñaban a Bruce Willis, o sabías que una había matado a Sam (un Patrick Swayze muy guapetón) en “Ghost: la sombra del amor” ¿balaceras?¿balazos en la vida real? Pues no que yo recuerde, pero entonces pensé “¿que tanto te había platicado tu padre cuando niña?¿él estuvo en la facu de ingeniería y le había tocado el movimiento del '68? ¡pero si yo ni nacía! Y aún así hubo muchos desaparecidos y muertos, todo por un ejército represor... ¿no es casi lo mismo?” mi primera respuesta fue decirles que no, que no me tocaban así. Recuerdo una Ciudad Victoria donde podía decir que estaba orgullosa de que fuese una Ciudada Amable (todavía lo estoy, pero el narco dice todo lo contrario). Y además mucho se ha sabido de mi odio constante a Reynosa, donde si bien te va, términas en una maquiladora o de sicario, eso sin agregar las ventajas culturales de tener una visa laser que te permita escapar un poco a McAllen, al otro encierro que es el del aire acondicionado y los centros comerciales, los tan famosos mall.
Balazos, pues sinceramente no me tocaron, ni quiero que me toquen. A todo el mundo le digo que yo sigo vírgen de los oídos, hace un par de años empezaron estas cosas llamadas balaceras en Reynosa, aunque siempre ha habido una tradición enfermiza y retrógrada de soltar balazos en Año Nuevo ¡Ahí sí que me han tocado! Pero estoy adentro pues no quiero ser el blanco una bala perdida ¿que diferencia hay entre eso y lo que ocurre en Reynosa? Que lo tenemos que sufrir.
Leí un chiste en twitter que decía:
-¿Cómo logras dormir con las balaceras?
-Pues duermo como un bebé.
-¿Cómo?
-Levantándome a cada rato y todo cagado.
Ciertamente somos Irak en la frontera mexicana, tan es así que conocí a Romi, una chava alemana que huyó de Monterrey cuando tuvo oportunidad, y ya ni se digan las alertas y lo que mucho se calla. Una vez más, ayer 3 de agosto hubo balacera, twitter informó todo, se subieron fotografías y nadie de forma oficial hizo o dijo nada, mismo discurso “daño colateral” “es necesario” “para que la droga no llegue a tus hijos te los estamos matando” “¿Cómo se grita en Juarez? Uno, dos, tres, al suelo”
¿Por qué Reynosa no habla más alto?¿miedo a morir? Da lo mismo, periodistas han desaparecido, han muerto familias, y ahora los rumores dicen que ya reclutan a chavos de 15 o 16 años ¿y todo para qué? Falta de educación, de oportunidades ¿cuando se romperá el dique? ¿estamos preparados para eso?
Sí, quizá de niña no me tocaron los balazos, quizá si tuve acceso a una inocencia verdadera y noventera, quizá no asumí los movimientos armados zapatistas, quizá olvidé que una vez disparé una pistola y se me taparon los oídos, quizá sigo en la negación, o sólo quiera sobrevivir.
¿Balazos y niños? Tal vez queramos estar más atentos a las próximas generaciones si tenemos algún chance de sobrevivir.


